La cuarentena del coronavirus que estamos atravesando le partió el alma a muchas personas. Este es un hecho que he comprobado en las cientos de sesiones de sanación que he realizado desde abril de este extraño 2020.

La situación de estar encerrados en casa y con un enemigo invisible afuera de nuestras puertas puso de manifiesto en nosotros feas sensaciones en muchos momentos, e indefectiblemente ha generado que nuestra alma se fracture en uno o varias partes.

Muchas personas han sentido la sensación real de falta de libertad y eso ha generado fracturas del alma. Al mismo tiempo, otros han sufrido el impacto económico de la cuarentena y han tenido que dejar de lado planes o proyectos que se tenían o han perdido su trabajo; estas situaciones también han generado fracturas del alma. Muchos otros, lamentablemente, han perdido a seres queridos por el coronavirus. En estos casos, además de la pérdida, el hecho de no poder ir al funeral o de no haberse podido despedir de la persona querida ha provocado muchas fracturas del alma.

Desde el comienzo de la cuarentena en Europa a fines de febrero y en América a fines de marzo he tenido la posibilidad de hacer sesiones de sanación de las fracturas del alma con ciento de personas de varios países; estas sesiones se hicieron a distancia, siguiendo un protocolo de trabajo bien concreto. Muchas de esas sesiones estaban relacionadas con personas que se habían contagiado de coronavirus pero muchas otras sesiones tenían que ver con la situación en la cual la cuarentena las había colocado. Por ejemplo, María Inés de Madrid se contactó conmigo para trabajar una sensación física de ahogo que desde marzo le había agarrado de un día para otro. Con ella realizamos 3 sesiones a distancia, recuperamos unas 14 fracturas del alma y esa sensación desapareció.

Franco, un joven de Miami pidió hacer una sesión porque estaba contagiado de coronavirus pero sin síntomas. Él sufría por haber contagiado, sin darse cuenta, a su madre, que sí tenía síntomas y estaba mal desde hacía una semana. Con Franco hicimos 2 sesiones a distancia y él pudo liberarse de la sensación de culpa que le había provocado contagiar a su madre. Después de las sesiones el joven volvió a estar más tranquilo y pudo volver a hablar con su madre por teléfono, ya que con la culpa que sentía no se animaba a hacerlo. La recuperación de sus partes del alma le permitió a Franco volver un poco a la normalidad emocional.

Por otro lado a Andrea, una mujer de Buenos Aires, la cuarentena profundizó un proceso de depresión que ya tenía desde hacía un año, producto de la muerte de su padre. Con Andrea realizamos 5 sesiones seguidas. Lo primero que busqué en este caso fueron las fracturas del alma relacionadas con el estado espiritual de ella en la cuarentena. Una de las fracturas del alma más intensas que encontré en el Mundo Superior me dijo que ya no quería vivir, que quería irse con su papá porque no tenía vida. Al comunicarme con esa parte del alma le expliqué que ella quería estar bien, que debía regresar y que las cosas se iba a acomodar pronto. Me costó mucho convencerla de volver. El alma de Andrea estaba sufriendo no sólo la pérdida de su padre sino también la pérdida de libertad producto del encierro; era un cóctel muy peligroso ese estado emocional.

En otra sesión con Andrea encontré una parte de su alma caminando en la isla de la soledad del Mundo Inferior, sintiéndose muy sola, como si su mundo se hubiera derrumbado por completo. Al intentar convencerla de regresar esa parte del alma me dijo: “para qué voy a volver, todos los hombre me dejan”. Al final de esa sesión le comenté a la mujer lo que su alma me había dicho al intentar traerla, y ella me contestó: “Si, es verdad, todos los hombres que quise me han dejado, hasta mi papá”. En ese momento comprendí un poco la profundidad de la depresión de Andrea y entonces comenzamos a sanar ese vacío que ella sentía. Realizamos varias sesiones trayendo partes del alma que se habían partido antes y durante la cuarentena, y todas relacionadas con el abandono y la sensación de soledad.

Al final de todas las sesiones que hicimos, Andrea se sintió mucho más entera, más presente en su cuerpo y más estable emocionalmente y con ganas de iniciar una etapa de su vida, aun estando encerrada en su casa.

Viendo el lado positivo de esta situación mundial que nos toca vivir como seres humanos, el sufrimiento por la pandemia de coronavirus les ha traído a algunas personas oportunidades que nunca se habían imaginado. Voy a relatar el caso de un hombre que me sorprendió mucho. Pablo, un empresario de Barcelona, se contactó conmigo para hacer una sesión porque estaba muy angustiado desde hacía varias semanas. Su hermana, que se había atendido conmigo un tiempo antes, le había recomendado las sesiones de chamanismo a distancia. Cuando nos comunicamos la primera vez por whatsapp le pregunté sobre su angustia y me contó que estaba teniendo muchos problemas financieros porque su empresa estaba casi paralizada producto de la cuarentena . Él no sabía qué hacer con sus deudas y sus 80 empleados, si despedirlos, si esperar a que las cosas se acomoden, entre otras opciones que manejaba. Nunca se había imaginado una situación como la que estaba viviendo. Pablo había heredado la empresa de su padre, que la había construido con mucho esfuerzo y amor durante años. Pero se encontraba en una situación muy complicada y necesitaba una solución pronto.

Cuando comencé a hacer la sanación lo primero que busqué fue algún o varios hechos concretos que hubieran generado esa angustia (cuando la angustia se instala más de dos o tres días es evidencia clara de que hay fracturas del alma). Encontré a Pablo en el Mundo Inferior escondido detrás de una puerta, con un papel en la mana; le pregunté la edad y qué le pasaba, por qué estaba ahí. Esa parte del alma me contestó: “me quiero ir al fondo del mar y que nadie me pida nada más”. Lo convencí a que volviera, que las cosas ya habían cambiado (de hecho ya la situación financiera había mejorado desde hacía una semana), lo tomé de las manos y lo saqué de ese lugar.

En las primeras dos sesiones que realizamos con Pablo pude recuperar varias partes del alma de él relacionadas con el sufrimiento que le generaba la situación de su empresa. En la tercera sesión el hombre manifestó sentirse mucho mejor y que la angustia se había ido, que se sentía mucho más liviano y tranquilo. Pero me comentó en esa sesión: “Desde la primera sesión que hicimos no puedo dejar de pensar en mi padre, hasta sueño con él varias veces a la semana.” Le dije que me iba a fijar por qué sucedía eso.

La técnica de sanación a distancia consiste, primero, en ir hasta donde está físicamente la persona y realizar una limpieza de su cuerpo energético para quitar se encima cualquier energía que esté generando problemas, y luego en buscar las fracturas del alma para devolvérselas en el corazón. Es un proceso bien concreto. Cuando más se limpia a la persona y cuantas más partes del alma se recuperan la energía vuelve a su lugar y muchos de las cuestiones comienzan a resolverse. En el caso de Pablo, en ninguna de las dos sesiones anteriores había detectado nada de su padre (y suelo mirar bien todo cuando limpio), entonces me parecía extraño que hubiera comenzado a manifestarse en él la energía de su padre, que estaba fallecido hacía 5 años atrás. Entonces, en esa sesión fui tomando en cuenta ese tema. Y al llegar a la habitación a donde Pablo estaba acostado para la sesión veo a su padre parado al lado de él. Me sorprendí mucho al verlo ahí parado mirando a su hijo, como queriendo decirle algo. Me acerco a esa alma y le pregunto qué hacía ahí. El alma me dice “que no venda”, y al instante desaparece. Yo me quedé helado por lo fugaz de la situación. Pero seguí haciendo mi trabajo; limpié el cuerpo energético de Pablo, fui a buscar fracturas del alma (y en esta sesión me dediqué a traer fracturas del alma relacionadas con la muerte de su padre) y se las devolví. Al finalizar el viaje, tomé mi celular y lo llamé a Pablo. Le conté todo lo sucedido, y él me dijo: “Hace dos semanas comencé a pensar seriamente en vender la empresa y sacarme de encima todo el problema”. Yo no sabía nada de eso, pero le dije: “piensa bien la información que me pasó tu padre, por algo dijo algo así”. Pablo estaba muy dudoso y preocupado por la situación de la empresa. Me preguntó si lo había visto bien a su padre y le dije que no sabía, que fue todo muy fugaz.

Unas semanas después volvimos a hacer una sesión con Pablo, y lo primero que me dice al comenzar la sesión es: “¿te acuerdas lo que me dijiste que dijo mi padre?; sí claro le contesté. “Bien, esa información que me pasaste despertó algo, no sé bien qué pero comencé a moverme en una dirección diferente a la que me estaba moviendo. Revisé detenidamente mis contactos y encontré el de una persona en Hong Kong que había conocido hacía unos años, le escribí un correo y le propuse algo. Cuando conocí a esa persona en una feria aquí hace unos años en Barcelona no le presté atención, no me pareció interesante lo que ofrecía. Bien, esa persona me respondió muy rápido y me dijo que le interesaba, que conversáramos. Bien, ahora estamos concretando un negocio mucho más grande de lo que yo me hubiera imaginado antes del coronavirus…”. Al finalizar la sesión la cara de Pablo se veía muy diferente a la que había visto la primera vez. Realmente me puso muy contento que Pablo pudo resolver la situación, que no tuvo que despedir a nadie en su empresa y que se hubiera recuperado de la angustia que tenía. Evidentemente las cosas pasan por algo en la vida.

Las fracturas del alma que tenemos nos condicionan la forma de ver y sentir la vida y el mundo. Cuando sufrimos por tener el alma partida el mundo se achica, pero cuando el alma regresa vuelve la energía, las ganas de hacer nuevas cosas y el mundo se abre y nos conectamos más con todo.

Esperemos que esta pandemia termine pronto, que podamos volver a ser libres y a abrazar y besar a las personas que queremos. Más allá de eso, podemos seguir sanando nuestra alma, no importa si hay pandemia o no, podemos sanar igual si se quiere.

Bendiciones!!!

Martín Armando

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