El trabajo con el pueblo originario Celta de Irlanda comenzó en 2023 cuando realizamos varios psicopompos en Dublín, Malahide y Howth. Pueden leer esas intensas experiencias en una nota anterior en esta web. Luego de ese trabajo, todos sabíamos que los psicopompos en este lugar no habían terminado y que se necesitaba más esfuerzo para poder ayudar a esas almas a encontrar su camino a la luz, luego de estar cientos de años atrapados.
Casi un año después de los primeros psicopompos regresé a Irlanda para intentar finalizar el trabajo con los Celtas. El 12 de abril de 2024 llegué a Dublín desde Madrid. Maxi, que vive en Londres, llegó también ese día. Marina, que vive en Dublín, nos esperaba allí.
El objetivo del viaje era claro: terminar de elevar a las almas del pueblo aborigen Celta que aún estaban en las cercanías de Dublín. En base a eso se planificaron dos psicopompos; nosotros tres en forma presencial y los demás trabajarían a distancia. El primer lugar elegido, luego de varias averiguaciones chamánicas, fue la playa de Portmamock, al norte de Dublín.
Fuimos en bus desde el centro de Dublín, Marina, Maxi y yo. Tardamos aproximadamente una hora en llegar hasta el lugar en el cual nos ubicaríamos para iniciar el trabajo de psicopompo. El día estaba nublado y había mucho viento desde el sur, pero pudimos encontrar un sitio, alrededor de unos médanos, que nos cubrían del viento. En algunos momentos cayó una pequeña lluvia pero fue algo menor. El problema más importante fue encender la vela y mantenerla encendida dentro de un frasco de vidrio por el viento fuerte que había, pero lo logramos luego de colocar el mismo en un hueco en la arena.

El psicopompo comenzó a las 14 horas, hora de Irlanda, el 13 de abril. En Argentina y Uruguay eran las 10 de la mañana, y en España las 13 horas. El grupo que trabajaría a distancia estaba avisado de todo a través del grupo de whatsapp que compartimos. Dimos comienzo al mismo tapándonos los ojos con nuestros pañuelos y tocando los tambores chamánicos. Marina estaba a mi izquierda y Maxi a mi derecha; entre los tres formábamos un semicírculo apuntando en dirección al mar.
Apenas comenzamos a tocar nuestros tambores, invocamos a Anubis, al Espíritu del Mar y al Espíritu de la Tierra. Luego empezamos a pedir que se formara el tubo de luz entre la vela encendida y el Mundo de los Muertos de Arriba. Eso sucedió bastante rápido, y también la aparición de almas celtas desde el mar y de una entidad femenina muy importante para los Celtas: Dana; este ser ya había aparecido en el psicopompo del año anterior para ayudar a que esas almas subieran a la luz.
Luego de la aparición de esas energías, en mi caso vi muchas almas que vinieron desde la playa, como si hubieran bajado de barcos, y comenzaron a subir por el tubo de luz. Vi muchos hombres y con cascos con dos cuernos, típicos de los Celtas. Vi a esas almas vestidas con ropa típica de batalla de los celtas, como si fueran guerreros. Luego de que subieron esas almas que provenían del mar comencé a ver a muchos más que venían del sur, desde adentro de la isla. Estos estaban muy enojados y alterados. Muchos de ellos no querían subir y tampoco lo hicieron en esa oportunidad; ellos decían que debían quedarse ahí, que no los obliguemos a irse. Fue muy intenso este momento porque la resistencia era mucha. Mi sensación era que venían de la ciudad de Dublín, que ellos estaban ahí. No intenté persuadirlos mucho porque me di cuenta de la agresividad que podían generar si había insistencia. De alguna manera esta situación como que cortó el trabajo que se estaba haciendo. En mi caso me di cuenta de que había que dejar de tocar los tambores y lo hice. Al sacarme el pañuelo y comenzar a conversar con Marina y Maxi entendí lo que había sucedido.
Marina, que estaba a mi izquierda, comentó al final del psicopompo: “Apenas empezamos a tocar los tambores, empezaron a acercarse. Yo no pude enfocarme mucho en el contexto de lo que estaba ocurriendo por el mar, veía que detrás de Maxi y de Martín venía una fila de hombres, sólo sentí presencias masculinas, muy grandotes de cuerpo, altos y de pelos muy largos, vi a alguien con trenzas. Pero me costó mucho porque veía que lo observaban a Maxi de una manera muy particular, como si lo reconocieran o como si lo hubiesen estado esperando, a mí me daba la sensación que lo miraban como si lo hubieran reconocido. Sentí una energía jodida, como de enojo, en general pero un poco direccionada a esos seres que yo veía, estos hombres que tenía Maxi alrededor. En un momento, cuando Martín empezó a cantar fuerte la canción de poder, vi que este hombre de trenzas se acercaba, le empujó algo adentro de la cabeza y, en la boca, le metió algo redondo, oscuro; inmediatamente, Martín tosió e hizo un ruido, eso me dio mucho miedo y me encogí, me hice lo más chiquitita que pude, dejé de cantar mi canción de poder y hasta bajé el volumen de mi tambor, me daba miedo que nos estuvieran atacando. Terminamos el psicopompo”.
Maxi, que estaba mi derecha, contó al finalizar: “Empezamos, se empezó a formar el tubo y, a medida que se iba formando, ya se veían sobre la costa un par de barcos y un montón de hombres. Estaban todos sobre la costa esperando y, en el momento que se empezó a formar el tubo de luz, se dispararon como si estuvieran peleando o se fueran a enfrentar a un ejército, corrieron desaforados, se fueron acercando al tubo y subieron. Después empezaron a venir unos de atrás mío en fila, se acercó otro barco por atrás, un poco más grande, con tres velas. Venían, seguían subiendo. Pero, en un momento, me agarró un hombre y me dijo ‘vos tenés que venir conmigo’ y había otros tres atrás también agarrándome, me peleé, traté de sacármelos de encima. No pude y les pedí ayuda a Anubis y al Espíritu de la Tierra, me los sacaron de encima y subieron. Después seguían montones de tipos subiendo y en un momento se empezó a tranquilizar, a haber menos, hasta que ya no se vio nada más y se sentía todo mucho más tranquilo”.
Cuando Marina contó lo que experimentó me sonaron las alarmas sobre Maxi. Le pregunté y me dijo que a él uno de los Celtas lo había escupido. Lo miré y le dije que fuera en forma urgente a chequear si no le habían robado el alma y lo hubieran llevado al Mundo de los Muertos. Evidentemente él tenía una deuda con esos Celtas y en ese momento se destapó algo. Maxi se alejó unos metros de nosotros, puso su manta en la arena y fue a chequear. Al regresar comentó que fue a ver a su Maestra para ver si estaba entero o tenía algo pegado, y ella le dijo que tenía dos fracturas en el Mundo de los Muertos de Arriba, que lo habían llevado. Así que fue a buscar esas fracturas y luego a ver al Espíritu del Mar para que lo limpiara; luego de eso volvió con otra cara.
Más allá de la situación de Maxi, la energía se había puesto rara en el lugar. Le dije a Marina que también fuera a chequearse si no le había quedado algo pegado porque sentía rara su energía. Ella también puso su manta en la arena y realizó el viaje. Al regresar comentó que sus maestros le sacaron de encima a un alma que parecía un monje y a una mujer.
Cuando Marina terminó su viaje agarramos nuestras cosas y nos fuimos caminando por la playa para tomar el bus con destino a Dublín. Al subir al bus Marina se sienta al lado de mí y la sentía rara. Al rato ella dice que se sentía rara, como que estaba ausente, como que se iba lejos. Evidentemente tenía un muerto pegado. Le dije que se quedara quieta (el bus seguía en dirección a Dublín), le puse la mano en el pecho y le saqué el alma de una mujer que se la entregué a Anubis, con un movimiento como si arrojara algo por la ventana. Fue muy extraña la situación porque había personas en el bus que observaban lo que hacíamos, y cuando le saqué a ese muerto produje un ruido con mi boca muy parecido a un eructo. Marina luego de eso volvió a sentirse bien. Llegamos a la ciudad de Dublín cansados pero en buen estado.
Además de nosotros tres, participaron a distancia varias personas. Entre todos ellos, Manuel, desde Tandil, Argentina, relató al final: “Cuando llegué al lugar vi que ya estaba formado el tubo de luz, los vi a ustedes, al tubo lo vi como un fuego, estaba Anubis, lo vi muy grande al lado del tubo, y también había algunas almas que ya se acercaban en hilera desde el mar. Me hicieron meterme al mar, hacia una isla chiquita que está hacia el sur, y ahí vi una embarcación muy antigua y aparecieron unas almas que eran de unos hombres grandotes, como si fuesen vikingos (no sé si anduvieron por ahí, tampoco sé si los celtas eran tan grandotes), que estaban atrapados abajo del mar, así que los fui sacando y llevando hacia la luz, me ayudó bastante el Espíritu del Mar. En un momento, me hicieron ir cerca de la costa a sacar algunas almas que estaban enterradas en la arena. Después fui más al norte y vi unos caballeros con armaduras, se me venía la idea de que eran del siglo XVII, y los empujé hacia la luz. Después me quedé cerca del tubo viendo que subían bastantes almas y vi que se levantó el Espíritu del Mar y otra figura femenina, muy grandes, no sé si también estaba participando el Espíritu del viento, hicieron fuerza y, con la misma fuerza del agua del mar, empujaron un montón de almas hacia el tubo de luz”.
El segundo psicopompo con los Celtas estaba programado para el domingo 14 de abril. No teníamos claro el lugar donde se haría, pero a la noche del 13 de abril con Maxi hicimos un viaje chamánico en el hotel donde nos hospedábamos para averiguar. A los dos nos mostraron una playa, en la zona este de la ciudad, cerca del puerto. Con esa información indagamos y concluimos que el mejor lugar era una reserva natural llamada Irishtown Natural Park, en la parte sur de la desembocadura del río Liffey, el curso de agua que corta la ciudad en dos, y desemboca en el mar. Allí nos dirigimos los tres el domingo 14 de abril por la mañana.
Cuando llegamos a lugar notamos que el mar estaba en baja y se podía ver una extensión de unos dos o tres kilómetros de arena hasta el mar. Nos ubicamos en un pequeño acantilado rodeado de vegetación y al final de un sendero. Soplaba viento del sur pero mucho menos que el día anterior, por lo cual no tuvimos ningún problema en encender la vela. Cuando estaba haciendo esto levanto mi mirada hacia la playa y veo un montón de almas debajo de la arena, eran como soldados que murieron en ese lugar producto de alguna batalla. Varias veces se me presentó esa imagen. De todas maneras, tenía claro que el objetivo era sacar a los Celtas que quedaban.

En la noche anterior, cuando realizamos la averiguación chamánica sobre el lugar dónde hacer el trabajo también consulté a los Maestros sobre estos Celtas que no querían irse. Varios de ellos se habían mostrado muy parecidos a los Druidas, una cultura espiritual muy antigua manifestada por sacerdotes hombres y mujeres Celtas. Mis Maestros, ante la consulta de si había que insistir de que se fueran o no me respondieron: “nosotros los vamos a convencer y vamos a bajar durante el psicopompo para elevarlos”; me quedé tranquilo cuando me dieron esa información. Estas almas tenían una energía espiritual muy fuerte y se les notaba que estaban muy arraigados al lugar, y que no querían irse.
En el lugar en que estábamos era un pequeño acantilado en el cual finalizaba un sendero peatonal. Marina al ver eso, muy astuta, dijo: “yo me quedo cuidando que nadie se acerque, ustedes dos hagan el trabajo”. Y fue bueno que ella se quedara cuidando porque cuando empezamos a tocar los tambores el sonido llegaba muy lejos y atrajo a varios. Marina, durante el psicopompo tuve que frenar a varias personas que querían acercarse y decirles que no se podía pasar porque estábamos “filmando una película”.
Comenzamos el psicopompo a las 12 horas del mediodía de Dublín; en el Río de la Plata (Argentina y Uruguay) eran las 8 horas de la mañana. Maxi y yo nos sentamos frente a la vela mirando hacia el mar, nos tapamos los ojos con nuestros pañuelos y comenzamos a hacer sonar los tambores. En lo personal muy rápidamente comencé a ver almas que subían desde la playa hacia el tubo de luz que se había formado; los vi mutilados y en muy mal estado. No parecían ser Celtas sino soldados del ejército irlandés o británico; dejé que subieran pero mi interés era llamar a los Celtas. Puse esa intención y a los minutos los vi llegar desde atrás de mí. Los vi con sus vestimentas típicas, con ropa de cuero y cascos con cuernos. Vi mujeres también con algunos niños que subieron. Conté como unos 20 o 25 almas de Celtas que subieron en ese momento. Justo ahí me acordé lo que me habían dicho los Maestros, que ellos iban a ayudar con esas almas que parecían Druidas; en base a eso invoqué fuertemente a los Maestros Psicopompos del Mundo Superior y comenzaron a bajar unas luces hermosas desde arriba. En ese momento veo al lado de mí a un ser, que claramente era un sacerdote Druida, que me deja algo en el cuello, como si me colgara un collar. Yo me lo saco y le digo que no necesito nada, que debe subir a la luz. Estaba muy reacio a hacerlo. Él era como la representación de todo un pueblo, como una energía muy especial. Algo sucedió, no sé qué pero lo vi como que comenzó a subir por la luz, muy despacio pero iba subiendo; en un momento lo veo arriba, como mirando hacia abajo, como sorprendido. Lo pierdo de vista y vuelvo a prestar atención a las almas que se acercaban al tubo de luz. Vi muchas almas de Celtas que venían desde el centro de Dublín y subieron. Los veía contentos de irse.
El psicopompo duró unos veinte minutos aproximadamente; como siempre sucede, yo perdí la noción del tiempo y espacio mientras hacía el trabajo; al sacarme el pañuelo y ver donde estaba me sorprendí por cómo había perdida esa noción del lugar físico.
Maxi, que estaba conmigo en el lugar, al final del trabajo comentó: “Al tocar el tambor, vi que se formaba el tubo de luz y, enseguida, toda la gente que estaba abajo en la playa y gente que venía del otro lado, más de la ciudad, se empezaron a acercar y empezaron a subir, eran montones. Había vikingos. Los que venían de la ciudad me escupían, me gritaban, otros me agradecían, pero iban subiendo. En un momento, uno me quiso tironear, también tenía tres pegados atrás, pero le pedí ayuda a Anubis y me los sacó. Seguían subiendo, eran montones. Después, en la playa, a lo lejos, se veían cuatro seres de luz que aparecieron y empezaron a elevar a algunos de los que estaban ahí, pero no los mandaban por el tubo de luz, sino que los mandaban para arriba en su propio tubo de luz, una cosa medio rara. Vi un par de familias, con algunos niños y algunas mujeres, que venían de la ciudad, pero la gran mayoría eran hombres. Después de eso, empecé a ver un color dorado y verde alrededor de toda la playa, se empezó a tranquilizar todo, había algunos pocos que seguían subiendo y, después de un rato, apareció el Espíritu de la Tierra como agradecimiento y a indicar que ya había terminado”.
Leandro, desde La Plata, Argentina, manifestó al final: “Llegué unos 5 minutos más tarde y ya estaba Anubis, al tubo lo vi medio violeta y vi otro espíritu ayudando a elevar. Fui un poco para adentro y vi un contingente de varios celtas, bastantes a comparación de la otra vez, entre 300, 400 celtas. Los empecé a llamar, les decía ‘a la luz, a la luz’, empecé a hacer fuerza para que suban y de a poco subieron. Después fui más para adentro y vi otro grupo, un poco más chico, unas 200 personas más o menos. Fui buscando y llamando. Cuando los vi, se paralizaron antes de subir pero les volví a marcar la luz y, no sé si esa entidad que acompañaba a Anubis también les dio confianza, empezaron a subir. Seguí buscando y no vi más pero, en un momento, me di cuenta de que tenía uno pegado. Le pregunté si había más, me dijo que no y, cuando lo estaba subiendo, me dio las gracias en nombre de los celtas por el trabajo que habíamos hecho, estaba re agradecido en nombre de su pueblo”. Varios más participaron a distancia desde Argentina y desde España. Casi todos expresaron la enorme cantidad de almas que subieron en este segundo psicopompo.
Minutos después que terminamos el trabajo me alejé unos metros de Marina y Maxi y me conecté a la energía del viento que venía del sur. Muy rápidamente apareció una sensación fuerte de agradecimiento. No entendía desde dónde venía esa energía pero era muy clara: los Celtas y los Espíritus del lugar estaban muy agradecidos por el trabajo que se había realizado. Pero me quedaba saber sobre esas almas que parecían Druidas, si realmente se habían ido. Estuve un rato en silencio y comencé a mirar hacia arriba, como buscando la luz del Mundo de los Muertos de Arriba, a ver si los veía a esos seres. Y de repente veo a uno, parado entre este mundo y el Mundo de los Muertos, mirando hacia el otro lado y hacia acá. Recuerdo que me miró con una profundidad muy rara y me expresó con su mirada que estaban agradecidos, que ahora entendían y que se iban a un nuevo mundo, que habían encontrado otra vez su camino. La sensación que me transmitió fue tan hermosa que no la puedo expresar aquí con palabras. Yo en ese momento realmente me emocioné y sentí que el trabajo se hacía hecho bien y que había valido el esfuerzo del viaje. Me di cuenta de que lo que habíamos hecho lo habíamos concretado de corazón, sin ninguna condición y con la ayuda muy fuerte de los espíritus psicopompos.
Bendiciones!!! Martín Armando
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