El vínculo con el pueblo Mbya Guaraní comenzó el 24 de enero de 2021 en una visita que realicé a Puerto Iguazú y a las Cataratas del Iguazú con dos alumnos de chamanismo. No estaba en mis planes, de ninguna manera, realizar ese viaje a Iguazú en enero. De hecho, el 26 de enero yo tenía un pasaje para ir a Madrid a dictar un curso de chamanismo y a atender a mucha gente que estaba agendada desde hacía un año. Pero los Espíritus, como siempre hacen, me llevaron a donde debía estar de la noche a la mañana. 

El 22 de enero de 2021 por la mañana estando en el consultorio chamánico de Buenos Aires recibo un mensaje de Pilar, la persona que gestiona toda la actividad chamánica de España, en el cual me dijo que no me iba a ser posible salir de su casa de Madrid por las restricciones que el gobierno había impuesto por un rebrote de covid en esos días. Me advirtió que no fuera a Madrid porque no iba a poder hacer nada de lo que estaba planificado. Yo me quedé helado porque estaba muy ilusionado de regresar a España luego de un año de no haber podido ir por la pandemia. Le respondí a Pilar que iba a cambiar mi pasaje para más adelante, terminé de atender a las personas que tenía agendadas ese día y me fui para mi casa. Recuerdo que caminé desde el consultorio hasta mi casa pensando “¿qué voy a hacer los próximos 20 días?”. Nada se me venía a la mente. Al final del día me voy a duchar y mientras lo hacía con los ojos cerrados veo una imagen tan potente de las Cataratas del Iguazú frente a mí que me quedé estupefacto. Inmediatamente pensé: “ir a las cataratas en enero es de una locura total, hace más de 40 grados y te morís del calor”. Sin embargo, la imagen se me presentaba cada dos o tres segundos; era como un mensaje muy insistente. Y debe haber hecho efecto en mí porque a los minutos que terminé de ducharme decidí planear un viaje relámpago a Iguazú para los dos días posterior. Y así fue que el 24 de enero de 2021 partimos rumbo a Iguazú Santiago, Emiliano y yo. Pero la intención del viaje era relajarnos en las Cataratas, pasarlo bien y disfrutar.   

Hasta ese momento mi vínculo con el pueblo Guaraní era inexistente. Sabía de ellos pero nunca me había conectado.

Ya en Iguazú, uno de esos días, estábamos esperando tomar un bote para pasear por el río Iguazú en el puerto y una mujer nos acerca un folleto en el cual mostraban, entre muchas otras actividades de la zona, una visita a una comunidad guaraní. Me llamó la atención y decidimos comunicarnos con ellos. El contacto del folleto era de Santiago, de la comunidad Jasy Porã. Así como por arte de magia, al otro día a las 11 de la mañana estábamos en la entrada de la comunidad y un nuevo mundo se abrió para nosotros.

Esa mañana conocimos a Santiago, un ser muy especial. Él, con su gran tranquilidad, nos explicó los problemas de escases de agua que tenía la comunidad y la escuela que está en la misma. A la escuela asistían más de 200 niños de varias comunidades pero casi no tenían agua y la municipalidad de Puerto Iguazú los asistía con un camión cisterna con agua cada tanto. Además, más de diez casas de la comunidad no contaban con agua. La situación nos pareció tremenda y decidimos hacer algo para ayudar a solucionar el problema. En vista de eso fue que avanzamos realizar una colecta de dinero y juntar el dinero necesario para realizar una perforación, encontrar agua de la napa y colocar una bomba. Coordinamos también con la municipalidad de Puerto Iguazú que ellos se ocuparían de armar una estructura para colocar dos tanques de agua y las conexiones a la escuela y a las casas. Nosotros logramos juntar el dinero para la perforación y la bomba y hacer que saliera el agua en menos de un mes; la municipalidad tardó un año en colocar los tanques y las conexiones a la escuela y las casas. Más allá de eso, se logró el objetivo de que la comunidad Jasy Porã tuviera más agua disponible para vivir más dignamente. 

Realizamos tres viajes desde Buenos Aires a Puerto Iguazú en menos de un mes, desde fin de enero de 2021 hasta fin de febrero de 2021. En el tercer viaje tuvimos la oportunidad de participar en una ceremonia en el Opy (estructura ceremonial de los Guaraníes) junto a veinte miembros de esa comunidad, incluido el Cacique Roberto y el Karaí (chamán) de la comunidad. La ceremonia fue hermosa y pudimos conocer como los guaraníes se conectan con los espíritus dentro de Opy.

Luego de lograr que ellos tuvieran un nuevo pozo de agua y de participar en esa ceremonia espiritual, el vínculo se hizo más fluido y se generó una sensación de confianza entre ellos y nosotros, especialmente con el Cacique Roberto. Esta confianza que se logró permitió planificar un curso de Espíritus de la Naturaleza allí para la primavera de 2021. Cada año Puente Mágico Chamanismo realiza un curso en la naturaleza para los aprendices de chamán. Esa vez iba a ser un curso diferente porque iban a participar los guaraníes en las actividades.

El curso salió perfecto. Participaron casi 45 aprendices de chamán de Puente Mágico y unos 150 guaraníes, entre mujeres, niños y hombres. Durante tres días compartimos con ellos momentos únicos y muy emotivos, además de lograr conexiones muy intensas con la selva, el río Iguazú, el río Paraná y la cascada y el río Mbocaí.

También, al final del curso conocimos la Comunidad Fortín Mbororé y a su Cacique Silvino. Gracias a él y su generosidad pudimos recorrer toda la zona y participar en una ceremonia dentro del Opy de la comunidad. La energía de sanación que se generó en esa ceremonia es difícil de olvidarla porque fue muy intensa. En ese momento muchos de nosotros nos dimos cuenta de la conexión espiritual que tienen los guaraníes y sus ceremonias.

Al final del curso acordamos con el Cacique Roberto de Jasy Porã que lo ayudaríamos a construir un nuevo Opy para la comunidad, cosa que logramos unos 4 meses después. Pero también acordamos con el Cacique Silvino ayudarlos a ellos en la construcción de otros Opys en diferentes comunidades en la provincia de Misiones, proyecto que sigue su curso.      

Hasta el momento en el cual realizamos el curso de Espíritus de la Naturaleza en lo personal no había percibido ninguna alma dando vueltas por la zona de las comunidades. Sin embargo el movimiento energético del curso con más de 40 personas haciendo sonar sus tambores chamánicos en la selva y en el borde de los ríos parece haber despertado algo. En una de las actividades del curso varios de los asistentes al mismo me dijeron que vieron a varias almas de los guaraníes observándonos. Presté atención a esas informaciones y las guardé en mi mente.

Luego del curso de los Espíritus de la Naturaleza en Iguazú tuvimos algunas actividades con los guaraníes de Iguazú pero a la distancia; los ayudamos con algunas actividades que requerían apoyo financiero y les compramos maracas para usarlas en chamanismo. Sin embargo yo no tenía planes de regresar a la zona. Pero los planes estaban escritos por los Espíritus y yo no lo sabía hasta el fin del invierno de 2022.

En agosto de 2022 a uno de mis alumnos le llega un mensaje del Espíritu de la Tierra sobre la existencia de almas de guaraníes atrapadas en el río Iguazú y que debíamos actuar al respecto. Me llamó la atención del mensaje porque yo también había sentido algo al respecto unos meses antes pero no le había dado mucha importancia. Además, lo extraño del caso era que él no había participado de ningún viaje a Iguazú y tampoco había ido al curso de Espíritus; esa situación hacía más verosímil la información porque él no estaba influenciado por ningún recuerdo. Dejé en suspenso eso que me dijo. Pero a principios de septiembre de 2022 algo muy fuerte me sucedió: en un viaje chamánico que realizo para ver al Espíritu de la Tierra por un tema de un paciente, apenas verla se me acerca y me dice: “tenés que ir a Iguazú a hacer un psicopompo con los Guaraníes del río y tenés que hacerlo antes de ir a Uruguay”. Yo me quedé helado ante la intensidad del mensaje. Tenía pensado ir a Uruguay a fines de octubre y este mensaje generaba todo un cambio en mi agenda de ese momento. Pero en general soy muy obediente a las instrucciones de seres como el Espíritu de la Tierra y entonces decidí comenzar a investigar bien de qué se trataba. A los pocos días de haber recibido esa información realicé otro viaje al Espíritu de la Tierra y le pregunté en concreto qué había que hacer y dónde. La información que me dio el Espíritu de la Tierra en ese viaje fue que había muchas almas de los guaraníes en el fondo del río Iguazú, entre las cataratas del Iguazú y el río Paraná, que estaban atrapados y que había que elevarlos. También me dijo que el trabajo había que hacerlo en la costa del río Iguazú en tierras de la comunidad Jasy Porã, donde se había realizado parte del curso de los Espíritus de la Naturaleza. Identifiqué bien el lugar porque ya lo conocía. En esa averiguación el Espíritu de la Tierra me mostró a las personas que debíamos estar: Ana, Diego, Emiliano y yo. Por otro lado, el Espíritu de la Tierra en ese momento no me dijo absolutamente nada de la presencia física de los guaraníes de la comunidad durante la ceremonia de psicopompo. 

Cuando finalicé la averiguación le envié un mensaje a las tres personas que me había mostrado el Espíritu de la Tierra que debían participar, y como por arte de magia los tres dijeron que podían y querían participar.  

También les pedí a varios de los aprendices que averiguaran al respecto. Casi todos coincidieron en lo mismo. Había que ir a Iguazú, al borde del río Iguazú y allí hacer el psicopompo al atardecer, y que debíamos estar muy protegidos porque la energía era muy densa e iba a ser peligroso el trabajo.

Lo extraño de este trabajo de psicopompo con los guaraníes era que nunca habíamos trabajado con un pueblo originario que aún existe, iba a ser la primera vez que íbamos a hacer algo así. En base a esa situación fue que pensé en la posibilidad de la participación de alguno de ellos durante la ceremonia de psicopompo en el río. Pero mi pensamiento fue realmente un error. Los Guaraníes a los que les preguntamos para participar no quisieron involucrarse, creo que más por desconocimiento que por otra cuestión. El único que nos acompañó durante el psicopompo fue Roberto, el Cacique de Jasy Porã, pero se quedó sentado mirando el río sin hacer nada. En esos momentos entendimos que los Guaraníes no conocen la técnica del psicopompo. 

Planeamos el psicopompo del río Iguazú para el sábado 1 de octubre a las 18 horas. El viernes 30 de septiembre viajamos desde Buenos Aires hasta Puerto Iguazú y nos hospedamos en una cabaña bien cerca de la comunidad Jasy Porã. Sin embargo, un día antes de salir sucedió algo que no me lo esperaba. Uno de mis alumnos de chamanismo más experimentados, que no viajaba con nosotros, me pregunta si él podía participar del psicopompo a distancia. Lo pensé unos segundos y ahí me vino una idea mucho mejor que esa: que todos lo que hubieran tenido experiencia en psicopompos en forma presencial tuvieran la oportunidad de aprender a hacer un psicopompo masivo a distancia, y de paso ayudarnos a nosotros cuatro a hacer el trabajo en el río Iguazú. En base a eso me comuniqué con el grupo de alumnos de chamanismo y en pocas horas se logró juntar a 20 personas que trabajaran a distancia el sábado 1 de octubre a las 18 horas. El mismo día les expliqué la técnica a utilizar para hacer este trabajo y nos pusimos de acuerdo en comenzar a hacer el psicopompo todos juntos a las 18 horas, nosotros cuatro en forma presencial en la orilla del río y los demás a distancia desde sus casas.   

El objetivo del psicopompo era elevar a las almas de los guaraníes que estaban en el río; todos nos enfocamos en eso. Sin embargo, unas cuantas sorpresas nos llevamos al intentar hacer eso.

Nosotros cuatro (Diego, Ana, Emiliano y yo) nos sentamos frente al río Iguazú; del otro lado, en la otra margen estaba Brasil: el río Iguazú limita en esa zona Argentina de Brasil. La distancia entre la costa argentina y la brasileña era de unos veinte metros y el río corría bastante rápido. Desde Buenos Aires llevamos un frasco transparente donde colocamos la vela encendida como forma de representar la luz del mundo de los muertos de arriba y que se conectara con ella. Yo estaba al frente y los demás detrás de mí.

Unos minutos antes de que comenzáramos a realizar el trabajo comenzaron a pasar motos de agua provenientes de la zona de las Cataratas del Iguazú. En lo personal comencé a pedir que a la hora pautada para comenzar el trabajo dejaran de hacerlo porque no había forma de avisarle a los que hacían el trabajo a distancia porque casi no había señal de celular ahí. Pero mi preocupación se disipó cuando vi el reloj y era las 18 horas y habían dejado de pasar las motos de agua. Allí comenzamos a realizar el trabajo de psicopompo.

Los cuatro comenzamos a hacer sonar los tambores, que por la humedad del lugar no sonaban muy bien pero igual lo hicimos. Ana hizo sonar su maraca porque su tambor casi no sonaba. Los demás, los que estaban a distancia comenzaran a viajar hacia donde estábamos nosotros.

Yo me puse mi pañuelo en los ojos y comencé con mi canto a invocar al Espíritu del río, al Espíritu de la Tierra y a Anubis. Luego de que los vi comencé a conectar la luz del mundo de los muertos de arriba con la vela encendida delante de nosotros. Pero los guaraníes no aparecían, no se los veía, no se acercaban. Evidentemente tenía que ir a buscarlos al fondo del río, y hacia allí fui. Rápidamente me sumergí en el río con mi tambor y le pedí al Espíritu del río Iguazú, que apareció como una gran serpiente, que me ayudara a remover lo que había.

La noche anterior, Roberto, el cacique de Jasy Porã, tuvo un sueño. Me lo contó unos minutos antes de comenzar el psicopompo. En el sueño veía el río y en el fondo del mismo unos troncos muy viejos que tapaban algo que estaba debajo; me dijo que se dio cuenta de que había Espíritus atrapados ahí. Cuando me lo contó a eso también me dijo que fue con nosotros por ese sueño, que sino no iba. Además me aclaró algo: en el sueño algo le decía que el trabajo debía hacerlo yo. Mi cara de sorpresa debe haber sido grande en ese momento porque él se rio de mí.  

Ya debajo del agua le pedí también ayuda a Anubis; le pedí que él me mostrara dónde estaban los guaraníes atrapados. Vi a Anubis muy grande, acercándose al fondo del río y mostrando una gran oscuridad; debajo de eso comencé a ver a muchos guaraníes hombres. Me acerqué y acerqué la luz del mundo de los muertos hacia la zona. Me impresionó que la luz se hizo muy grande, como abarcando todo el río y hacía subir a las almas que estaban como dormidas. Pero algo en esos momentos me llamó la atención, y venía de arriba, de la zona de Brasil, de la selva que llegaba al río. Ahí vi muchos guaraníes acercándose y subiendo a la luz. Me impresionó eso.

Detrás de nosotros estaba la selva también, la que conecta con la comunidad Jasy Porã. De ahí también comencé a ver que se acercaban algunos, no tantos como desde Brasil pero iban hasta la luz y subían. Yo seguía dentro del agua, en el medio del río. Seguí sacando todo lo que podía del fondo del río hasta que no ví nada más. Fui hacia la zona de las Cataratas por el río, a unos kilómetros de allí y no pude ver a ninguno más. Regresé y fui hasta la zona donde se cruza el río Iguazú y el Paraná (la triple frontera) y tampoco vi mucho. Me llamaba la atención lo fácil que estaba siendo el trabajo. Pero ahí me di cuenta de que no estábamos nosotros cuatro solos, que había dieciocho personas más haciendo el trabajo a distancia y que seguro eso me había permitido barrer toda la zona con facilidad.

Terminamos de hacer sonar los tambores; habían pasado unos veinticinco minutos por reloj pero la verdad parecía que habían sido muchas horas. Cuando dejamos de hacer sonar nuestros tambores pasó una moto de agua por el río.

Ana, una de las personas que estaba presente, relató lo siguiente al terminar el psicopompo: “Al principio pareció que costaba. Al primero que vi fue a Anubis parado como arriba del río, al espíritu del río, unos animales de poder, mi Maestra y al Espíritu de la Tierra. El Espíritu la Tierra hizo como un camino al costado mío, a la derecha, y algunos que venían desde la derecha iban como acercándose por ahí pero vi pocos, como que no se animaban a dar el paso, no se animaban avanzar en ese lugar; yo veía que venían más que nada mujeres con niños encima, pequeños, muy pequeños. Después vi que empezaron acercarse desde el lado de Brasil. Yo lo fui percibiendo como en olas, como que de golpe todo se quedaba muy quieto y parecía que no pasaba nada, veía muy pocas almas que iban entrando. Después, en un momento, Anubis me agarró y me dijo que tenía que ir para el fondo del río, entonces me llevó mucho más adelante de donde estábamos y me hizo ir al fondo y cortar con la espada el barro de ahí abajo y empezar como a abrir. Y ahí vi que había unas personas, sobre todo hombres, que estaban con las manos atadas a palos, y también mujeres con hijos pequeños que lo llevaban en brazos o de la mano. Cuando hice eso me pareció que empezaron a salir un poco más, como una ola, y empezaron a avanzar un poco más hacia la luz, pero después de golpe también se cortaba. Después me pareció que tenía que seguir avanzando más hacia abajo del río. Y me pareció que, a lo lejos, lo que me mostraba Anubis era que ahí había uno o dos barcos, no sé, algo así, y todavía gente en el fondo. Me quedó como esa sensación, como que ahí faltaba ese trabajo pero ahí ya estábamos terminando. Al final me quedó una sensación de paz y de alegría aunque me da la impresión de que todavía vi que había cosas ahí, como que no es un trabajo que esté terminado.”

Otro de los que estaban ahí, Emiliano, relató lo siguiente: “Empezamos a tocar y le pedí al río Iguazú que nos ayudara, y sentí como bajaba con fuerza desde las Cataratas hasta la triple frontera, hasta donde se junta con el Paraná; despegando, levantando y removiendo las capas de troncos y de barro y demás que estaban tapando a los muertos. Empecé a sentir que, de a poco, empezaban a subir a la superficie del río. Ahí pedí a mi animal de poder del sur -que es una ballena- que me ayude, y me ayudó a levantarlos. También me iba metiendo yo a tratar de ayudar a levantarlos. Y veía que venían también de atrás, desde la selva, y de enfrente, desde Brasil. Se iban acercando poco a poco, con desconfianza. Al principio eran bastante pocos y hacia el final empezaron a venir más cantidad. Me costó hacer que se acerquen porque sentían desconfianza pero de a poco empezaron a tener confianza y a subir. El espíritu de la Tierra ayudó un montón, el espíritu del río Iguazú ayudó un montón y, poco a poco, empezaron a subir. Hacia el final de la experiencia sentí que ya tenían más confianza, cuando habían subido algunos ya empezaron a subir más. Vi familias, vi muchos muertos y vi bastantes mutilados. La sensación final fue que habían subido pero que faltaban que suban más. Supongo que el trabajo está bien hecho pero la sensación que me quedó es que había que hacer más adelante algunos otros psicopompos o algún otro psicopompo. Esa es mi experiencia y la sensación final cuando nos fuimos y volvimos caminando por la selva fue de mucha paz y mucha gratitud, la tarde era perfecta después de varias semanas de lluvia.”

Finalmente Diego, otro que estaba presente en el psicopompo relató al finalizar: “Al visitar la comunidad el día anterior y el día previo a realizar el psicopompo, sentí muy densa a la Comunidad, con mucha energía triste, como que estaba pesada. También sentí en varias ocasiones como si de la selva me estuvieran observando. Cuando fuimos al río, ya por comenzar el psicopompo, cuando empecé a llamar al Espíritu de la Tierra, al Espíritu del río y a mis maestros para que nos ayuden, empecé a ver que de la selva estaban observando todavía, y empecé a ver niños y niñas atrás mío. Cuando empezamos a tocar los tambores, esa sensación y verlos se volvió cada vez más nítido e intenso, y se empezaron a acercar cada vez más para la costa del río. Eran bastantes niños y niñas, veía que se me acercaban y me miraban, como que no entendían mucho, estaban desconfiados. Se acercaban para la zona de la vela con el tubo de luz pero se quedaban ahí, no subían. A mí no me mandaron para el río, sino que me mandaron hacia atrás, para la selva, a traer a estos niños y niñas. No podía hacerlos subir y le pedí a mi Maestra que me ayude, armó un camino de luz y ella los empezó a ayudar a subir. Empecé a notar que subían pero con mucha desconfianza, como que no terminaban de subir todos. Ahí empezó a aparecer de la selva un grupo de mujeres, eran mujeres grandes y también algunas jóvenes, como bastante desnudas estaban, empezaron a subir por el tubo y una se quedó y ayudaba a los niños a subir, como si eso les diera confianza. En un momento seguían sin mandarme hacia el río, sino hacia la selva, me hacen meterme y encontraba grupos de niños y niñas como escondidos y con miedo. Y ahí fue el primer lugar donde vi algunos hombres, porque no había visto, estaban en la selva, como defendiéndola, y estaban enojados. Me dio la sensación de que estaban incluso enojados con esa zona, con la hotelería y todo lo que había. Algunos los pude traer pero otros no terminaban de darme atención. Al volver tuve la sensación de ver algún que otro blanco que se acercaba y también fue subido a la luz, pero fueron muy pocos. Y recién ahí, tocando el tambor muy fuerte, me dijeron que ponga la atención en el río y vi como si la luz de la vela se ensanchara un montón, como casi todo el río, y como si hubiera un chupón, como que de arriba chupaban la energía y subieron un montón de cuerpos de adentro del río y de la costa de enfrente, y un poco también de la costa donde estábamos. Tuve la sensación de que salió todo bien, en realidad, me lo transmitió el Espíritu del río y que era recién el comienzo.”

Cuando finalizamos el psicopompo, a eso de las 18,25 horas, comencé con pensamientos de dudas en la cabeza, de si no se había hecho bien el trabajo; me pareció mucho más fácil que otros psicopompos y eso me hacía dudar. Pasaron unos minutos y en un momento los demás se fueron y nos quedamos con Roberto solos unos minutos frente al río. Él estaba muy callado y yo pensativo y dudando. Pero en un momento algo muy intenso desde el río me llama la atención y siento la presencia del Espíritu del río que se acerca a la costa y me dice con mucha claridad: “el trabajo se hizo bien, anda tranquilo”. Fue tan fuerte la sensación que me transmitió en ese momento ese Espíritu que me agarró una sensación de alegría intensa. Inmediatamente salimos del lugar y comenzamos el regreso hacia la Comunidad a través de la selva. En el camino y muchas veces recibía sensaciones de agradecimiento, que venían desde adentro de la selva; no pude identificar desde donde pero eran claros mensajes de agradecimiento.

Los que realizaron el trabajo de psicopompo a distancia eran dieciocho personas, todos aprendices de chamán y con experiencia en otros psicopompos y en sanación a distancia. Muchos de ellos nunca habían realizado un psicopompo masivo a distancia y esta era una muy buena oportunidad para aprender a hacerlo. Por suerte todos pudieron tener la experiencia y ayudaron a que las almas de los guaraníes atrapados en la zona subieran a la luz.

De lo que me relataron todos ellos de su experiencia en este psicopompo, la mayoría coincidió en que eran muchas las almas atrapadas en el río, en la selva del lado de Brasil y también del lado de Argentina. Además, casi todos coincidieron en la ayuda de Anubis y del Espíritu del río en el trabajo. También muchos coincidieron en que había que realizar más trabajos de psicopompo en la zona. Todas las experiencias de los que participaron son importantes aunque por una cuestión de espacio elijo unas cuatro como ejemplo de lo realizado, que resumen bien lo sucedido.

Santiago, el que tuvo la idea de ayudar a distancia y que luego habilitó la posibilidad de que muchos participaran, trabajó desde La Plata, provincia de Buenos Aires, y relató: “Antes de llegar al lugar entré al río Paraná, fui por abajo, llegué al río Iguazú y fui por debajo hasta cerca de donde estaban ustedes y ahí empecé a ver almas abajo del río. Le pedí ayuda a Anubis, empecé como a empujar para donde estaban ustedes. Vi muchas almas de jóvenes, de chicos, de señoras, algunos viejos también; entonces empecé a empujar, empujar, empujar… En un momento sentí que se puso más fuerte la cantidad de muertos que había, entonces le pedí ayuda a Anubis y me dijo que me refugiara atrás de él  -yo seguía abajo del río todavía-, entonces espere un poco a que pasara esa intensidad. De ahí me fui hasta las cataratas y empecé a empujar desde ahí. Sentía que subían a la luz, como que se acercaban, salían del agua, subían a la playa y subían a la luz. Entonces empujaba, empujaba, empujaba… También sentía que, de la selva de enfrente, desde Brasil, cruzaban. Se metían en el río y cruzaban a la playa donde estaban ustedes, y subían. En un momento salí para mirar y los veo a ustedes, veo como esa luz violeta y veo muchos guaraníes del lado de Argentina mirando desde arriba, dentro de la selva, como esperando, me decían que no era su momento ahora. Entonces sentí que quedaron varios ahí esperando. Yo sentí que iban a ser tres ceremonias de psicopompo, esta era la primera. Pero en un momento sentí que eran miles los que subieron. Después, cuando ya estaba terminando sentí que salió del agua una serpiente enorme que sentía que era el Espíritu del río, los empezó a rodear a ustedes y sentí una energía de agradecimiento, como que el espíritu agradecía limpiar ese dolor y ese sufrimiento, que ayudaba al equilibrio del ambiente. Sentí algo así, los rodeaba a ustedes y agradecía.”

María, trabajó desde Ushuaia y expresó lo siguiente: “Desde que abrí la foto y el video previo que enviaste para que nos guiáramos geográficamente para hacer el trabajo, enseguida me mostraron que yo no bajaría al río ni trabajaría desde ahí, pero me indicaron ir enfrente, a Brasil, a esa parte de tierra y árboles, me dijeron: están atados. Cuando comenzó el psicopompo hice el viaje hasta ahí y me dijeron lo mismo; vi mucha luz dorada y el cono de luz hacia el mundo de los muertos no era cenital sino oblicuo hacia la derecha y arriba, una mezcla de humo con luz dorada, como un tornado. Así que crucé y enseguida empecé a desarmarlos a los guaraníes; estaban atados en los árboles, había un chamán o alguien importante que no quería irse y mi Maestro Yogananda ayudó a hacerlo; todo el tiempo estuvo. Más cerca del río había como cruces donde estaban los guaraníes también; los desatamos y enseguida todos subían. Se sentía su desesperación y miedo pero salían disparados, salvo ese hombre grandote. Nos cruzamos donde estaban ustedes y Yogananda dijo ‘vení, acá hay más’; hacia la derecha abrió como una jaula de cañas y salieron niños, sólo niños, les tuvimos que repetir muchas veces que ahora estaban libres y podían subir. Y me dijo que me vaya que él se quedaría ahí. Asique me vine hasta la manta.”

Valle, que trabajó desde Buenos Aires, comentó: “Llegué hasta ahí, invoqué a mis maestros, invoqué al Espíritu del río, que lo vi como flotando cerca de la otra orilla. Vi el tubo de luz que ya estaba ahí armado. Fui al fondo, empecé a levantar almas hasta ese tubo, sentí algunos con mucha desesperación, otros como zombies; vi gente atada, mujeres, chicos que estaban como dormidos. En un momento se me apareció un indio que parecía que tenía cierta autoridad y me dijo que no iba a subir hasta que subieran todos, y me marcaba lugares donde tenía que ir a buscar almas. Generalmente estaban en grupos. Iba a esos lugares y los llevaba hacia el tubo de luz. A medida que iba iluminando, iba encontrando más y más, eran cientos. Por último, cuando sentí que ya no había nadie más, fui a buscarlo, él siempre estaba por ahí, cerca del tubo de luz, dando vueltas, y me hizo un gesto y subió. La verdad que muy fuerte.”

Lucía, que trabajó desde Montevideo, Uruguay, relató: “Llegué y los vi a ustedes parados de frente al río tocando el tambor, veía la vela pero el tubo de luz estaba en el agua. Primero fui de frente al río, hacia la derecha, ahí empecé a ver algunos hombres y mujeres que subían, algunas mujeres sin ropa. Fui hacia la costa de enfrente y en un momento vi a un hombre que dejaba los restos como de una barca, como de madera vieja, y subía. Después empecé a ir hacia la izquierda y encontré un lugar muy profundo, un foso muy rocoso, y abajo de esa parte rocosa había un montón de almas que estaban en un lugar como más profundo y mucho más oscuro, y me daba la sensación de que no llegaban a ver esa luz. En ese momento, le pedí asistencia a Anubis, lo vi como una energía muy grande y muy poderosa en ese lugar, y empecé a ver cómo  los empezaba a sacar del agua y empezaban a subir. Después continué un poco hacia la izquierda, veía que seguían subiendo. Vi una pareja que se despidió, primero subió ella, después subió él. En un momento vi un montón de almas atrás de ustedes, como en la playa, que también subían. Y después volví a ir hacia el lado derecho y empecé a ver algunos que desde la costa se tiraban al agua para ir hacia la luz. Había un señor que estaba como confundido y le mostré el camino, vi que me siguió y subió. En un momento sentí como que ya estaba y me volví.”

Entre todos los que trabajamos en este primer psicopompo con los guaraníes del río Iguazú podría decir que cientos de almas atrapadas subieron a la luz, ya sea desde el fondo del río y de la selva de Argentina y Brasil. La clara información del origen de esto fue que el Espíritu del río pidió este trabajo y fue manifestada previamente y varias veces por el Espíritu de la Tierra a varios de nosotros. Por suerte al final, la comunicación del Espíritu del río de que se había hecho bien el trabajo me dejó tranquilo y alegre. Varios de los que participaron tuvieron la misma sensación. Sin embargo, el trabajo recién comienza y no depende sólo de nosotros esta limpieza, los Espíritus hacen su trabajo y lo demuestran. Por ejemplo, a uno de los participantes del psicopompo, Ignacio, al terminar de limpiar, el Espíritu del río le dijo que en los días posteriores al psicopompo iba a haber una crecida del río que iba a terminar de limpiar todo el fondo. Y así fue, el 12 de octubre comenzó una crecida tremenda del río Iguazú, que hizo que se cerraran al público las Cataratas del Iguazú por la magnitud de la crecida. Roberto, el Cacique de Jasy Porã, me dijo que el río tapó toda la zona donde nosotros trabajamos y que el agua tenía mucha fuerza. Este hecho para mí y para muchos de nosotros confirma la necesidad que tenía el río de limpiarse de las almas de los guaraníes que estaban atrapadas en el fondo del agua.

Sin embargo, hay más trabajo para hacer. Varios de los que participamos en este psicopompo recibimos la información de que hay muchas más almas atrapadas en la zona, especialmente en la selva y que hay que ir a hacer otro trabajo de psicopompo. La tarea ya está planeada para el próximo verano.

Además, también muchos recibimos la información de que más al norte, en Brasil y siguiendo el cauce del río Paraná, hay miles de guaraníes atrapados, aproximadamente a unos 250 kilómetros al norte de Iguazú, cerca del límite entre Paraguay y Brasil donde comienza el Estado de Mato Groso. La información que recibí en lo personal fue que hay que hacer dos trabajos de psicopompo en esa zona y antes del inicio del Carnaval de 2023. Seguramente allí estaremos cumpliendo nuestra humilde tarea de ayudar a que las almas atrapadas se acerquen a la luz y sigan su camino hacia donde deban ir.

Muchas gracias a todos los que participaron y ayudaron con este primer psicopompo con el pueblo Guaraní; ha sido un trabajo con mucho amor.

Bendiciones, Martín Armando.  

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