En enero de 2023, a uno de los alumnos de Puente Mágico Chamanismo se le presentó en su consultorio de La Plata, Argentina, el alma de un aborigen con muchas plumas. Santiago, que estaba atendiendo a un paciente en ese momento, se quedó helado. El aborigen le dijo que era un Sioux y que querían irse de donde estaban. Cuando Santiago me comentó la situación mucho no creí que «un Sioux de América del Norte hubiera ido hasta la ciudad de La Plata en Argentina» para pasar ese mensaje. El tema quedó ahí y pasó el tiempo.
En septiembre de 2023, a otro de los alumnos de Puente Mágico de La Plata, Leandro, también se le presentó un cacique del norte de Estados Unidos con plumas pidiendo ayuda. A los dos días de eso, mientras él estaba por dormirse, se le aparece otro aborigen con trenzas largas, y que le dijo que era un Sioux, y que su pueblo estaba sufriendo mucho y que necesitan ayuda. Leandro le dijo que iba a pasar el mensaje. Luego de decirle eso el alma se fue. Leandro al otro día me envía un mensaje sobre lo sucedido.
Comento la situación con varios de los practicantes de chamanismo y entonces Santiago me dice: “acordate que en enero a mí se me presentó uno”; ahí recordé la situación que había tenido Santiago. En base a eso inicié una serie de averiguaciones para saber si la situación era real. Entonces, a los pocos días realizo un viaje para contactar al Espíritu de la Tierra y preguntarle si lo sucedido era real y ella me dice que sí, que estaban atrapados y que eran muchos. Inmediatamente me muestra una imagen de un mapa de Estados Unidos y aparece la palabra Dakota del Sur. Me sorprendió mucho la nitidez y la fuerza que tenía esa imagen. Yo hasta ese momento no tenía casi nada de información sobre los Sioux y mucho menos de qué parte de Estados Unidos eran. Hasta creía que ese pueblo había estaba cerca de California; mi ignorancia sobre ellos era grande.
Salí del viaje chamánico y busqué en google sobre los Sioux, y para mi sorpresa, vi la misma imagen en el celular que el Espíritu de la Tierra me había marcado: el estado de Dakota del Sur, en la zona sur de ese estado. Yo no salía de mi asombro al respecto. Pero la pregunta era cómo íbamos a hacer para ir hasta allá y cuándo. Yo tenía planificado un viaje a Miami para diciembre de 2023 y luego otro a España para fines de enero de 2024, pero no veía posible ir hasta Dakota del Sur en esas oportunidades. Lo dejé a ahí al tema hasta que se aclarara.
Pasaron unas semanas, y entre muchas actividades chamánicas, el tema de los Sioux se presentaba muy recurrentemente en mi cabeza. Pero no le veía la salida de cuándo ir y con quiénes. Un viaje hasta Dakota del Sur requiere mucha organización y dinero, además de tener visa de Estados Unidos. Además, había que definir el lugar donde hacer el psicopompo; el estado de Dakota del Sur es enorme, y si bien me habían mostrado la zona sur de ese lugar, la zona era muy amplia. Eran muchas cuestiones sin definir como para avanzar. El tema estaba quedando otra vez sin poder concretarse.
Pero a principios de noviembre de 2023 todo se aclaró en un viaje chamánico. Yendo a ver al Espíritu de la Tierra y preguntarle sobre el tema de los Sioux me dice que había que ir a hacer ese trabajo y me muestra a una alumna de Argentina y a otro de España. Además me dice algo sobre unas montañas en Dakota del Sur. En ese momento no entendí a qué se refirió pero inmediatamente me puse a buscar sobre la geografía de la zona, y me quedé impactado al ver que las Black Hills están ahí y que eran un centro ceremonial de los Lakota, y la zona era muy parecida a la imagen que el Espíritu de la Tierra me mostró. En base a eso decidí avanzar. Contacté a las personas que me dijeron y les propuse ir a hacer ese psicopompo. Más allá de lo que me respondieran yo decidí cambiar de fecha mi pasaje que tenía en enero para volver a Buenos Aires desde Madrid y sacar otro pasaje de Madrid a Miami, y de ahí a Denver. Pero como el esfuerzo de tanto viaje requería algún premio, organicé luego de ese psicopompo en Dakota del Sur una esquiada en Keystone, cerca de Denver, Colorado (lo cual más allá de lo hermoso de lo que resultó también se manifestó la situación más bizarra que he vivido en mucho tiempo).
En síntesis, el 9 de febrero de 2024 nos encontramos en el aeropuerto de Denver, Colorado, Ana, Matías y yo. Ana viajó desde Buenos Aires vía Chicago; Matías y yo fuimos desde Miami. Matías tenía la intención de grabar todo lo que hiciéramos con un dron que había comprado en Miami. Alquilamos una camioneta en el aeropuerto de Denver y nos dirigimos hacia las Black Hills en Dakota del Sur. El viaje de unos 600 kilómetros fue hermoso, aunque había alerta por tormentas de nieve en la zona en la que íbamos a estar. Llegamos a la zona de las Black Hills a la tarde y nos hospedamos en una cabaña en un pueblito pequeño llamado Hill City. Realmente hacía mucho frío. Por suerte la cabaña estaba muy calefaccionada y pudimos descansar luego del largo viaje. Más allá de eso, en lo personal yo no tenía claro dónde se haría el psicopompo al día siguiente; no había tenido información previa del lugar exacto y esto me inquietaba, además porque en la cabaña esa misma noche los tres sentimos muchísimas presencias de aborígenes alrededor, como si supieran que habíamos llegado. Sin embargo, antes de dormir Ana y yo realizamos una averiguación chamánica sobre el lugar que teníamos que ir al día siguiente, y a ambos nos mostraban una montaña. Lo extraño era que el monumento a los padres fundadores de Estados Unidos (esa montaña con la cara de 5 personas tan famosa) estaba muy cerca del lugar donde estábamos nosotros. Yo no sabía previamente que eso quedaba en Black Hills.
A la mañana siguiente nos levantamos temprano; afuera hacía como 10 grados bajo cero. Nos subimos al auto y puse en el gps de la camioneta que nos llevara hasta el monumento de los padres fundadores; ahí veríamos qué hacer.
Luego de conducir una media hora llegamos a la entrada del Monte Rushmore, donde están las caras labradas sobre la ladera de la montaña y vimos que había unas garitas para pagar la entrada e ingresar al complejo. En ese momento nos dimos cuenta que ése no era el lugar para hacerlo; entonces dimos media vuelta y encaramos por un camino hacia nuestra derecha. Luego de recorrer unos tres kilómetros observo un lugar detrás del Monte Rushmore. Nos detenemos ahí y realmente sentía que el lugar me llamaba. Decidimos bajar de la camioneta y explorar el lugar caminando. El lugar era realmente bellísimo: un caminito nevado entre árboles y rocas de todas las formas imaginables. Muy rápido nos dimos cuenta de que ese era el lugar para hacer el psicopompo. Pero lo más extraño además era el hecho de que el lugar era la otra cara del Monte Rushmore, donde estaban las cinco caras labradas; o sea el psicopompo se haría en la misma montaña de los padres fundadores de Estados Unidos. Muy fuerte, jamás lo hubiera imaginado y no fue para nada planeado; nos llevaron hasta ahí claramente.


Ana y yo elegimos unas rocas como para subirnos, acomodar nuestras cosas chamánicas, encender la vela y comenzar el psicopompo. En ese momento le envié a todos los que iban a participar a distancia la ubicación del lugar y fotos y videos. En esos momentos comenzó a nevar.

Matías intentaba hacer funcionar un dron que había llevado para grabar desde arriba pero fue imposible porque es una zona restrictiva por el monumento. Entonces solo ubicó una cámara fija para filmar todo.
En el momento en que comenzamos a hacer sonar los tambores me di cuenta de que el lugar tenía una significancia enorme para los aborígenes de ahí y para los blancos que los conquistaron. El monumento era como un arco del triunfo de los blancos sobre los Sioux, como que marcaba quién había ganado la guerra. Y la sensación que había era de tristeza e injusticia. Esa sensación claramente la estaban emanando esas almas ahí atrapadas. Yo en lo personal suelo no tomar partido emocional por nadie con respecto a los hechos históricos cuando estoy por hacer un psicopompo; trato de entender el contexto en el que se produjeron los hechos y las razones de ambas partes. Y en este caso sabía que no sólo iban a subir Sioux sino también blancos que habían muerto en esas guerras terribles por ese territorio. Pero la sensación fuerte que había en el lugar era de mucha injusticia.
A las 11 horas del 10 de febrero de 2024 comenzó el psicopompo. Yo empecé a tocar el tambor, Ana con su maraca. A mí me habían dicho que había que tocar muy fuerte el tambor, porque lo que había que hacer era mostrarles el camino a los aborígenes que estaban ahí. Entonces empecé a tocar fuerte, empecé a cantar mi canción de poder y, al principio, no aparecía ninguno. Los llamábamos y los llamábamos. Los espíritus de las montañas de alrededor empezaron a ayudar y, de a poquito, empezaron a aparecer. Primero vi un grupo de mujeres y niños que se acercaron y subieron, estaban muy cansados. Después apareció uno con muchas plumas que se puso al costado mío y subió, después apareció otro que me dijo que era un cheyenne, tenía un hacha en la mano y la cabeza medio rapada, estaba muy enojado y subió. En un momento (muy extraño) empezaron a aparecer algunos hombres con tambores, y se pusieron alrededor de la roca en la que estaba yo sentado y también alrededor de Ana, y empezaron a tocar el tambor ellos también, danzando alrededor y tocando el tambor para llamar a los demás. Eso fue un hecho increíble. Con eso empezaron a venir muchos más, vi un grupo muy grande que vino del norte, que subió. Y después vi por atrás de la montaña que subían también y empezaban a venir de muy lejos. Igualmente, la intención era marcarles el camino. En un momento se me vino que tenía que repetir la palabra Wakan Tanka, que es el nombre con el que ellos llamaban al Gran Espíritu, como si esa energía les diera confianza para que se acercaran, y ahí se fueron acercando algunos más. Algunos vinieron a caballo, arrastrando gente enferma, vi también que subían. Y, en un momento, se hizo en el cielo esa cruz Wakan Tanka que usaban ellos y ahí dije “ya está marcado el camino” y dejé de tocar el tambor. Subieron unos cuantos, no tantos, pero se marcó el camino y había que seguir.
Ana, el día anterior hizo una averiguación de lo que tenía que hacer ella en el psicopompo, y le dijeron lo siguiente: “Cuando pregunté qué trabajo tenía que hacer en el psicopompo, me mostraron que tenía que invocar a los espíritus del lugar, que iban a estar muy presentes, porque iba a haber algunas almas que desconfiarían y no se iban a querer ir y otras muy violentas que todavía estaban en actitud de defensa de su territorio y de guerra. Y después me mostraron que, con Anubis, lo primero que tenía que hacer era ir hacia el Mundo Superior y pedir mucha ayuda y que, cuando empezara a bajar la luz del Mundo Superior con seres de ese mundo, yo tenía que ir con Anubis por fuera de donde estábamos, hacia los costados, por detrás de las montañas, y empezar a traer almas.
Al final del trabajo expresó: “Cuando estábamos ahí me pareció que, ni bien subí, empezó a bajar una energía verde, como si se hiciera verde el túnel de luz. De pronto sentí una energía femenina, para mí muy grande, que se paró en la roca que estaba delante nuestro, estaba como flotando en el aire pero ahí adelante y tenía una energía muy luminosa, muy blanca, que de alguna manera ayudaba en el psicopompo. Después vi dos o tres espíritus del lugar muy fuertes, los espíritus incluso de algunas de las montañas de ahí. Enseguida empecé a sentir que tenían agradecimiento, tenían una energía de necesidad de que se vayan las almas de ese lugar. Al principio no pasaba nada, tardaron en venir, pero pronto empezaron a venir. Entonces, en ese momento, me empecé a ir por detrás de las rocas y, primero, fui hacia un lugar -tuve que hacer como un camino-, hacia el este, me acompañó Anubis, y de ahí empecé a traer mujeres y niños sobre todo, algún que otro anciano, pero sobre todo mujeres y niños que venían arrastrando los pies, como si vinieran agotados, como si estuvieran caminando desde hace mil años. Después, hacia adelante nuestro, me hacían meter entre los árboles y empecé a ver que salía gente de abajo de la tierra, como si hubieran quedado desmayados ahí. Y, a medida que yo llevaba una luz verde que me hacía llevar Anubis, haciendo una ola de luz verde para que se levanten de ese lugar, parecía que se despertaban, se levantaban y empezaban a caminar hacia la luz. Me hizo hacer un túnel de luz verde que fuera en diagonal hacia la luz para que vaya por arriba y no pegue contra nosotros. En ese lugar me pareció que, además de mujeres y niños, también había blancos y había gente muerta alrededor de carretas, como si hubiera sido en una especie de camino o cuando se estaban trasladando hacia algún lado que murieron ahí en enfrentamientos, pero era bastante gente. Después tuve que ir hacia el lado del norte y desde ahí también empezar a traer gente. En un momento, cuando hacía estos caminos para que vengan de distintos lugares, vi que arriba de las rocas altas, en donde estábamos, había caciques arriba de caballos y ellos frenaban gente que estaba atrás, como si hubiera una depresión, un pozo, y ellos evitaban que la gente avance, estaban esperando que ellos dieran la orden para ver si podían avanzar o no. Entonces me acerqué a uno de ellos que estaba ahí adelante y le dije “el momento de irse es ahora, se tienen que ir, tienen que ir hacia la luz, esta es toda la ayuda que va a venir, tienen que subir” y ahí se corrió del camino pero estaba enojado. Después vi un par de indios, tipo caciques, enojados, muy amenazadores, mirando qué hacíamos y a mí me venían como a torear. Después vi niños que estaban debajo de la piedra donde Martín estaba e intentaban subir. Y después empecé a ver que, alrededor nuestro, empezaron a venir unos aborígenes, eran como chamanes con tambores, y empezaron a rodear las piedras y bailar, como un baile ceremonial me pareció, alrededor nuestro. Enseguida se me pegó uno y, yo no sabía si estaba percibiendo eso porque tenía un muerto pegado, pero enseguida se me puso al lado y me dijo “nosotros tenemos que ayudar, si no ayudamos no van a terminar de venir”. Entonces vi que empezaban a bailar varios, alrededor tuyo, a mi alrededor y alrededor de la piedra y empecé a ver cómo ayudaban para que se vayan, y ellos se fueron también, cuando se fue la mayor parte de la gente, al final vi que también ellos se iban”.
Realmente hubo mucha ayuda de esas almas que se acercaron a tocar sus tambores. Nunca había sucedido algo así en un psicopompo, y el hecho que Ana y yo hayamos visto y experimentado lo mismo lo confirma. Y el hecho de que estaba nevando en ese momento ayudó a que por la zona cercana a la que estábamos no pasara nadie, que casi nadie fuera hacia el monumento de los padres fundadores de Estados Unidos que estaba a menos de 5 kilómetros de donde estábamos nosotros.
A distancia fueron muchos los que participaron, pero Leandro de La Plata, Argentina, fue el que inició la cuestión de los Sioux unos cuantos meses antes. Su relato de este psicopompo fue: “Cuando llegué donde estabas estaba Martín y Ana; vi el tubo de luz bien resplandeciente, como si se hubiese encendido de una, como si el lugar lo estuviese esperando. Empecé a invocar a mi Maestro, a mis animales de poder y a Anubis, ya me había puesto la protección, el escudo y la capa, y empiezo a cantar mi canción y empezar a llamar al pueblo sioux. Ya me había avisado mi Maestro que iban a estar medio desconfiados y tenía que decirles que veníamos de parte del Gran Espíritu, que estamos trabajando con el Gran Espíritu, que vayan tranquilos. Uno que se me acercó fue a avisarle al resto, estaban ahí atentos y cada vez venían asomándose más por todas las direcciones. Y empezaron a venir de una sola dirección y yo empecé a decirles que veníamos con esa intención, miré para arriba y vi que estaba sobrevolando un ave grande, vi que era un águila de cabeza blanca pero era muy grande, le pregunté quién era y me respondió que era uno de los espíritus del lugar, le dije si nos podía ayudar y que veníamos a elevar al pueblo, que habíamos recibido mensajes. Asintió e hizo unos chillidos para arriba, y ahí vi que todos estaban escuchándolo, agachó la cabeza y estiró el ala hacia donde estaba el tubo de luz, ahí empezaron a ir. Ya estaban yendo pero empezaron a ir de a montones. A medida que pasaba el tiempo, lo veía a Anubis también llevando y elevando, empezaron a venir de muchas direcciones. Me mantuve ahí cerca tuyo, creo que nos estaban observando no sólo los sioux, sino también otras tribus. Le pregunté al espíritu del lugar cómo veía al pueblo y me decía que estaban con mucho sufrimiento, como si los hubiesen dejado sin voz ni voto, que esa era la causa principal de su sufrimiento, no poder volver a su casa espiritual. Que les habían arrebatado sus tierras o los habían expulsado de sus tierras y de su conexión con la Madre Tierra, que ellos sentían eso y yo lo veía en las caras de los que subían. Subían familias, veía mujeres, niños y muchos hombres también. Ahí me quedé y, cuando mi Maestro me dijo “listo”, me volví”.
Maxi, que estaba en Londres, Inglaterra en ese momento comentó al final: “Cuando estaba llegando ya vi formado de luz y, cuando me estaba acercando, vi que ya estaban subiendo un montón de nativos por todo alrededor del tubo. Venían subiendo y subiendo, eran un montón los que vi. Empecé a buscar a ver qué más había alrededor, subí y, arriba de todo, en unas rocas, había un cacique mirando muy serio y tenía un montón de gente atrás, y enfrentado, en otra roca, había otro. Me acerqué para decirles que vayan, me sacaron enseguida, me dijeron que estaban viendo qué pasaba. Me fui de ahí y me quedé ayudando. En un momento vi que aparecieron unas carrozas y aparecieron unos tipos que, supongo, serían yankis, con trajes de soldado que no se querían mezclar e incluso querían seguir queriendo lastimar, medio agresivos. Insistí empujando para que subieran y subieron. Después apareció una cosa rara, no sé si era un inorga o qué, eran como dos brujas que estaban dando vueltas, que no querían que se hiciera eso, estaban enojadas, me atacaron. Pude sacármelas de encima. En un momento los caciques que estaban ahí arriba de las dos rocas mirando, después un rato largo miraron para atrás, dieron la señal y bajaron por las rocas y se fueron por el tubo de luz, los acompañaron un montón de gente. Después de eso siguieron subiendo, seguí mirando alrededor. Había muchos de los nativos de ahí que estaban muy agradecidos, como que ya sabían y estaban esperando. Después empecé a ver una luz medio amarilla, dorada, sentí un poco de paz, tranquilidad y todo se calmó, ahí me volví”.
Muchas más personas participaron de este primer psicopompo con la nación Sioux y muchos de éstos aborígenes subieron a la luz o encontraron el camino nuevamente. Sin embargo, la sensación era que había muchos más, por ahí cerca o por otros lugares de Dakota del Sur. Ese mediodía, cuando volvimos a la cabaña en la que nos quedábamos nos dimos cuenta de que había que realizar otro psicopompo en el lugar porque había muchas almas alrededor esperando subir. En base a eso organizamos otro psicopompo para las 16 horas de ese mismo día en la cabaña de Hill City. No había mucho tiempo para perder y nos estábamos dejando guiar por los espíritus para este trabajo ahí.

Nos ubicamos en el living de la cabaña Ana y yo (a Matías lo mandamos lejos de ahí para mantenerlo seguro ante lo que iba a suceder), encendimos la vela y le avisamos a los demás que estaban a distancia y podían participar de que el segundo psicopompo se ponía en marcha.
El tubo de luz se hizo muy rápido, Anubis vino muy rápido y enseguida empezaron a entrar un montón de almas de diferentes pueblos sioux, lakotas, navajos, me llamó mucho la atención eso, que venían en grupos y subían. En un momento se formó de vuelta un círculo de hombres jóvenes que tocaban el tambor alrededor nuestro llamando a los demás. Después apareció un hombre con un collar rojo muy importante y subió, después apareció uno con cabeza de alce, con los cuernos, como si tuviera el cuero y la cabeza del alce en su cabeza, después otro con una cabeza de oso; también iban subiendo. Después vino uno que me trajo un tambor lakota y me lo regaló como símbolo de agradecimiento, y subió, en un momento le dije que no, pero lo sentí como un regalo espiritual muy lindo, entonces lo tomé. Muy lindo. Después, un grupo de mujeres, ancianos y hombres con una pena muy grande, una tristeza muy grande, en muy mal estado, y subieron. Después vino desde el norte un grupo muy grande del pueblo navajo y empezaron a subir, se tiraban hacia el tubo de luz que era como de fuego, en un momento se agrandaba, abarcaba toda la cabaña y se achicaba, muy impresionante. Subieron un montón, eran un montón de almas las que subieron. Y luego terminó”.
Ana, vio cosas muy parecidas a mi, que muchas almas de varios pueblos subieron en este segundo psicopompo.
A distancia participaron varios. Leandro desde Argentina al final comentó: “Cuando llegué al lugar, vi a Martín y a Ana. Esta vez, el tubo no estaba tan grueso y luminoso como en el primer psicopompo, pero sí lo vi a Anubis grandote y vi al águila que también había visto en el primero sobrevolando en el lugar. Antes de ingresar a la cabaña, vi alrededor muchos sioux y se estaban yendo. Y me mandaron a cantar una canción, no mi canción de poder, sino una canción que yo había conectado con los navajos y que, a raíz de eso, aparecieron a pedir la ayuda. Esa canción se llama “Águila, ven y reza por nosotros”, yo no me había dado cuenta del águila. Así que me mandaron a cantar esa canción y decir que veníamos de parte del Gran Espíritu para que vengan. Estaban viniendo y ahí es cuando se empezó a hacer grueso y luminoso el tubo, lo vi amarillo. Anubis golpeaba el bastón que tiene, llamando, y al águila también lo vi llamando. Y yo ahí alrededor invitando a la gente a subir cantando esa canción. En un momento empezaron a subir de a muchos y ahí se hizo bien grueso el tubo. En una oportunidad me manifestaron que les habían arrebatado sus tierras sagradas y yo les decía que ya era momento de volver a su casa espiritual, que ya no hacía falta que estuvieran ahí y que veníamos de parte del Gran Espíritu. Así que se lamentaban por eso y seguían. Algunos pedían una limpieza, levanté la mano y me llegaron unas plumas gigantes, me arece que eran del águila que estaba volando, y los fui limpiando. Los limpiaba y seguían. En un momento, Anubis me marca hacia el norte y fui, bien al norte. Ahí vi un contingente de muchas almas sostenido por un jefe o cacique, y le mencionaba lo mismo, que veníamos de parte del Gran Espíritu, que veníamos del sur y estábamos haciendo esta elevación para que regresen a su casa espiritual, y que si no subían hoy, mañana íbamos a hacer lo mismo, que aprovecharan porque no sabíamos cuándo se repetiría. No subieron pero se quedaron mirando con buena intención. Después me mandaron a lo que parecía una fosa común bien grande y que tenía algo arriba. Alguien me ayudó, creo que alguno de los chicos, no sé quién, pero me ayudaron a sacar algo que la fosa tenía encima y las almas fueron caminando hacia el tubo. Antes de irme vi una fila de los jefes, de los caciques, eran cinco o seis que no querían subir, estaban ahí viendo la situación. Cuando les pregunté por qué no subían, me dijeron “hasta que no suba el último de los nuestros, no nos vamos a ir”, estaban esperando a que suban todos los de su tribu. Me quedé un rato hasta que vi que no venían más. Empezaron a salir, incluso, algunos de abajo de la tierra. Fue perdiendo fuerza al tubo, vi que no venía nadie más y ahí me volví”.
Ana y yo quedamos exhaustos del trabajo de ese día. Pero nos quedaba definir el día siguiente para intentar terminar lo que habíamos ido a hacer. Antes de ir a cenar decidimos hacer un viaje chamánico para preguntar y a los dos nos dijeron que había que ir más al sur. También hubo personas que participaron a distancia en los psicopompos que les habían dicho que había que ir más al sur. Y más al sur era un lugar amplio, tipo estepa, que podía ser un lugar donde había habido una matanza importante de lakotas el 29 de diciembre de 1890: Wounded Knee. Dicidimos ir ahí al día siguiente. El lugar quedaba a unos 100 kilómetros desde donde estábamos.
Nos levantamos temprano al día siguiente y tomamos la carretera hacia el lugar. El frío que hacía había generado una escarcha impresionante pero por suerte la camioneta que teníamos era 4×4, por lo cual fuimos tranquilos.
Al irnos acercando al lugar notamos que en los costados de la ruta había casas muy precarias y con muchos autos estacionados, pero autos viejos, como de compra y venta. Parecía esa imagen de los barrios de gitanos que hay en algunas partes del mundo. Pero como había mucho frío no veíamos personas en los lugares. A medida que nos acercábamos a un pueblo llamado Pine Rigde esa cuestión se hacía más importante. Al llegar a Pine Rigde nos dimos cuenta que esas casas eran de personas descendientes de lakotas, porque todo el pueblo era una gran reserva lakota. Nos impresionó el estado de precariedad en la que esas personas vivían; vimos muchas personas muy pobres en el centro del pueblo y en gasolinería que frenamos al llegar. Pero además del estado paupérrimo en el que esas personas se encontraban la energía del pueblo era muy densa; todo vibraba muy bajo y en la mirada de las personas se notaba una tristeza y un enojo enorme.
Luego de cargar combustible nos dirigimos hacia Wounded Knee, a unos 15 kilómetros de Pine Rigde. Llegamos a un lugar descampado al costado de la ruta, con solo un cartel que recordaba la matanza de lakotas en 1890. Vimos ahí un pequeño quincho donde se vendían artesanías pero que estaba vacío y nos ubicamos ahí para ver bien dónde hacer el psicopompo. El cementerio donde habían enterrado a estas personas asesinadas estaba a unos 50 metros del otro lado de la ruta, pero decidimos quedarnos ahí donde estábamos.

Ya habíamos decidido la hora de comienzo del psicopompo para que los que lo hacían a distancia supieran. Al mediodía del 11 de febrero de 2024 comenzamos el trabajo. Mientras tanto Matías intentó filmar la situación con el dron que había llevado, pero nuevamente por x razones no lo pudo hacer, como si los espíritus no quisieran que hubiera algo volando encima de nuestras cabezas mientras las almas subían.
Nos pusimos con Ana en el medio de un lugarcito descampado que había, en un círculo de troncos muy extraño; en ese lugar no había señal de celular pero a 5 metros sí. Pusimos la vela en el medio, en un círculo bastante grande, más o menos una distancia de 5 metros uno del otro. Empezamos a hacer sonar el tambor, a hacer el tubo de luz que se hizo enseguida; lo vi a Anubis muy rápidamente, como si viniera a protegernos, y se puso ahí. Empezamos con el tambor, Ana con su maraca, empezamos a pedir que se acercaran y, muy rápidamente, se acercó uno detrás mío que no era un aborigen, era un blanco con un arma que me amenazó con dispararme, pedí protección y subió a la luz inmediatamente. Y empezaron a aparecer de los costados un montón de grupos de mujeres, niños, ancianos, muy apenados, con mucha tristeza se los vio. También apareció un cacique bastante grandote que era el líder de la zona y subió y subieron otros también, muy parecidos, eran lakotas. Apareció, después, otro con un hacha (también había pasado en el psicopompo anterior) que subió. Se sentía mucha tristeza en el lugar. A mí Anubis me dijo que me quedara en el medio, en el tubo de luz que, de vuelta, se hizo como un fuego y bajó una luz muy fuerte. Se acercó una mujer también que parecía una chamana, medio bruja, y subió; después apareció un grupo de niños que subieron. En un momento, claramente, una voz me dijo que había que volver, no al lugar, sino a toda la zona a sacar a todos, ese era el pedido, que fuéramos a hacer más psicopompos por toda la zona, a la mayor cantidad de tribus que habían quedado dando vueltas luego de las masacres que tuvieron. Cuando terminó el psicopompo fue una sensación de mucho agradecimiento, realmente. Se sentía mucho agradecimiento porque habían encontrado el camino para subir, y ahí cerramos”.

Ana al final comentó: “Ni bien empezamos, empecé a percibir que había una energía muy densa en el lugar pero también ganas de irse, no tanto recelo, sino ganas de irse. Lo primero que vi fue que estaban Anubis y el Espíritu de la Tierra, volví a ver una energía femenina que venía del Mundo Superior. Anubis me hizo ir de vuelta al Mundo Superior a pedir ayuda a la energía de la luz del Mundo Superior. Enseguida empecé a ver que se acercaban algunos lento y otros rápido, en distintas direcciones. Anubis me hizo ir hacia el margen del río que teníamos un poco más lejos y, cuando pasaba por ahí, tenía que barrer una energía del lugar, y se iban levantando y saliendo de escondites, como si tuvieran miedo de aparecer, pero ni bien los empujamos un poco, empezaron a ir corriendo hacia la luz. Volví a ver mujeres con niños y personas mayores con mucho cansancio y tristeza, creo que la palabra sería descorazonados. Alguno me transmitía que pensaban que realmente iban a llegar a otro lugar, que no imaginaban esa emboscada, o lo que sintieron como una emboscada. Después, al lado mío, se puso una mujer anciana que se puso a cantar y tocaba algo, no era un tambor pero algo tocaba. Al principio pensé que era algo que se estaba viniendo encima de mí pero me dijo que ella iba a ayudar, le dije que fuera hacia la luz y me dijo que no era su momento todavía, pero que nosotros íbamos a volver a ese lugar. Después apareció uno que me pareció un Sioux, rapado y con un pelo largo atado arriba de la cabeza, como una especie de trenza, y se puso a hacer una danza y a hacer sonar una especie de maraca o algo que tenía en la mano que hacía ruido. Entendí que también estaba ayudando a atraer a todas las almas que estaban ahí. Vi que también había algunos blancos que estaban alrededor de unas carretas y querían subir. Y una o dos energías enojadas pero lo que más vi fue esa tristeza y esa desolación. Después, a la noche, soñé, o no sé si estaba despierta o dormida, porque tampoco sabía si era algo que estaba dentro mío o afuera al principio, pero después vi que era un aborigen con un tocado de plumas blancas muy largo y me dijo “tienen que venir adonde estamos nosotros”, le pregunté dónde era eso y quién era, y me dijo que ellos eran navajos y, entendí, que había que ir hacia el oeste.
Diego, que estaba en Buenos Aires comentó luego del trabajo: “Yo participé desde arriba, me hicieron estar muy arriba, casi en la entrada del Mundo Superior. Fui con Kwan Yin. Me hicieron invocar otra vez a un espíritu femenino que baja desde el Mundo Superior, me dieron también un cuerno para soplar, no sé si ellos lo hacían. Primero, con Kwan Yin, me hicieron mandar mucha luz, emanar mucha luz y me dieron un elemento que enviaba mucha luz porque al lugar lo veía en un torbellino de una arenilla o un polvo gris oscuro que no me dejaba ver. Y la luz del Mundo Superior empezó a bajar con mucha luz y, junto a todo esto y el movimiento que estábamos haciendo, se empezó a disipar esa neblina triste y densa. Y empecé a ver que subían mujeres con niños y ancianas, subían asustados, incluso algunos trataban de agarrarme. En un momento me hicieron alejar y, después de que subieran algunas almas, vi que del Mundo Superior el tubo se empezó a volver medio violeta y bajó una energía muy fuerte que, para mí, chupó o mató a una energía densa que agarraba esos cuerpos, y empezaron a subir más almas, de mujeres y de niños sobre todo, vi algunos hombres pero veía, sobre todo, mujeres. Apareció otra vez uno, como si fuera un líder espiritual de ellos, y me dijo que él y algunos no se iban a ir, clamaban por justicia, estaban muy enojados. Terminó de pasar esta secuencia, esta alma se quedó ahí y me volví. El Espíritu de la Tierra, cuando volví, me dijo que se iba a tener que seguir levantando muertos de esa zona, no entendí si a distancia o si en algún momento se va a volver, supongo que a distancia, pero que se va a tener que seguir”.
Maxi desde Londres comentó al final: “Cuando llegué estaba medio formado el tubo de luz. Lo primero que vi es que estaban todos los sioux a medio enterrar, o sea, la mitad del cuerpo estaba para afuera de la tierra y las piernas estaban enterradas, había un campo lleno y estaban todos igual. Entonces pedí algo para poder liberarlos, ayudarlos, me dieron una espada dorada, No tenía claro qué tenía que hacer y me mostraron que había unas cadenas y tenía que cortarlas una por una. Así que estuve la mayor parte del tiempo yendo por todos lados y cortando esas cadenas. A medida que iba cortando, se iban parando. Algunos tenían un poquito más de resistencia, tristeza, confusión, un montón de cosas; pero, en general, empezaban a acercarse al tubo y subían. Estuve un rato largo con eso. Seguí empujando, ayudando. Vi que empezaron a venir de un lugar un poco más lejos también. Y, en un momento, apareció lo que sentí como el espíritu del lugar, era como un oso pardo gigante y lo que estaba haciendo era empujarlos a todos, porque estaban medio quedados, no se movían, y los empujaba para que vayan hacia el tubo de luz. Fue un rato hasta que más o menos se calmó todo. Me volví, vi al Espíritu de la Tierra para que me ayude a limpiarme y me dijo que estaba bien pero que había más alrededor, que había un montón de trabajo pero que había quedado bastante bien el lugar”.
Cuando terminamos el trabajo nos fuimos rápido del lugar; esa había sido la información que tanto Ana como yo habíamos recibido antes del trabajo. Nos dirigimos hacia la ciudad de Denver, donde Ana retomaría la vuelta hacia Buenos Aires y Matías y yo nos iríamos hacia Keystone a esquiar unos días.
En Keystone me sucedió una de las cosas más bizarras que hubiera podido imaginarme en la vida. Mientras estaba esquiando el primer día comencé a notar que me faltaba el aire cuando agarraba velocidad esquiando. Me parecía muy extraño porque suelo tener muy buen estado físico y esquío bastante bien. Sin embargo, algo muy extraño sucedía con eso. Cuanto más rápido esquiaba más me agitaba y el corazón me latía súper fuerte. En un momento tuve que frenar en el medio de la pista porque no podía seguir, y cuando lo hice vi algo re loco dentro de mí: un Sioux se me había quedado pegado y me decía que tenía miedo. Yo no lo podía creer. Evidentemente le daba miedo la velocidad mientras yo esquiaba y me alteraba el cuerpo. Esa misma tarde cuando regresamos al departamento que habíamos alquilado realicé un desmembramiento y me lo saqué. Al llevarlo hasta la luz del Mundo de los Muertos me dijo que se había quedado conmigo recordarme que debía volver a sacar a otros de su pueblo. Lo despedí.
Finalmente luego de todas esas experiencias Matías regreso a Europa, y Ana y yo a Buenos Aires con la sensación de que se había hecho un muy buen trabajo aunque era evidente de que era el comienzo de algo que va a durar mucho tiempo en completarse.

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