Comparto un ejercicio de transformación personal. Es un ejercicio chamánico muy antiguo y realmente eficaz. Hay que hacerlo durante una semana todos los días a la misma hora, cuando el sol aún está (no importa que esté nublado (no se hace de noche ni con lluvia).
Hay que buscar un lugar donde haya vegetación (los que no tienen acceso a ello pueden usar la imaginación). Este lugar no se debebuscar con el intelecto, sino con el cuerpo; éste sitio, si prestas atención,te llamará y sentirás el llamado. Cuando hayas encontrado el lugar, arrodíllate en el pasto ( con el cuerpo físico o con la imaginación) y siéntate despacio en los talones, mientrasrespiras suavemente, sin prisa y sin pausa. Esta respiración irá relajando tucuerpo e inclínalo suavemente hasta que la cabeza toque las rodillas. Extiendelos brazos hacia atrás hasta que quedes en posición fetal.
Empieza suavemente aescuchar el ruido de la tierra, un ruido sordo, ronco y atrapante; escucha conatención y así, poco a poco, el ruido te irá convirtiendo en una semilla. Imagina que eres una semilla.
Estásen la tierra, dentro de la dulce madre tierra, adonde todo está oscuro,relajante, amoroso. Así, mientras descansas entras en un sueño agradable, delcual no quieres salir porque descansas y olvidas todas tus tensiones; siguesrespirando con calma mientras te adormeces más y más, en lo profundo de latierra, donde todo es cálido como el vientre materno.
Pero de repente, algo semueve; es evidentemente una parte tuya que quiere despertarse y que te dice “tengoque salir de aquí” porque hay cosas allí arriba. Sé que tienes ganas dequedarte en ese oasis de agua y paz, pero tenemos que salir. Y es así quecomienzas a mover una parte de los dedos, de tus manos, que no son ni dedos nimanos, sino un pequeño brote de la semilla que lucha por vencer la fuerza de la tierra, ysalir en dirección de ese algo que está más arriba. Lo que pasa es que el broteno quiere ser mas semilla, quiere nacer y saber qué es lo de arriba.
Con muchadificultad comienzas a levantar la cabeza y luego el tronco comienza aenderezarse, pero eres vencido por la quietud amorosa y cálida de la tierra, ytodo queda como antes, hasta que la fuerza que te empujaba hacia abajo cesa derepente.
Ya rompisteis la inercia de la tierra y estás rodeado de ese algo deallá arriba. Durante todo este tiempo eras semilla, y ahora te transformaste enbrote, rompiendo poco a poco la tierra, y viendo que ese algo allá arriba eraalgo nuevo, que la semilla en función de semilla nunca hubiera conocido, porqueya como brote ves el campo que lo roza moviéndolo, o sea, siente que ese algo de arriba es la vida, unanueva vida que comienza con la fluidez del brote.
Empieza a levantartelentamente, colocando un pie en el suelo, después el otro, luchando contra eldesequilibrio, como un brote lucha por encontrar su espacio; lucha, lucha, luchahasta que quedes en pie. Imagina el campo a tu alrededor, siempre con los ojoscerrados, el sol, el aire, la vida. Eres un brote que comienza a nacer, hastaque quedes en pie, aunque en cada momento tengas la sensación de perder elequilibrio y volver a la tierra; pero sin embargo sigues creciendo. Ahora yaeres un brote que comienza a crecer. Levanta muy despacio los brazos al cielo,y luego tu cuerpo se levantará. Así, estás renaciendo y queriendo ser bañadopor dentro y por fuera por aquel sol inmenso que brilla y que te pide quecrezcas más, que te estires para abrazarlo; estira los brazos cada vez más,cada vez más, como si quisieras agarrar el enorme sol que brilla sobre tucabeza y te da fuerzas y te atrae. Tu cuerpo comienza a quedar más rígido, tusmúsculos se tensan mientras creces y creces y te vuelves inmenso. La tensiónaumenta tanto que se hace dolorosa; pero aquel enorme sol te pide que teestires más para abrazarlo con todas tus ramas; estira más tu cuerpo mientrascreces, creces. El cuerpo puede doler mientras llegas a mil metros de altura, yel cuerpo se expande, se vuelve inmenso. La tensión aumenta tanto que se vuelvedolorosa, a veces insoportable, hasta que no aguantas más. Ahora es el momento desacar todo el dolor de tu mundo en un grito mientras abres los ojos.
El crecimiento mucha veces duele, pero es nuestra obligacióncomo seres humanos dejar de ser semillas, para ser brotes, y después de él,todo es posible, porque aprendimos el ejercicio de la semilla; y cuando miremosal cielo y veamos la vía láctea sobre nosotros, recordemos que si bien fuimosuna semilla y disfrutamos del bienestar de la tierra que nos envolvía siendosemilla, la vida es mucho más bella allá arriba. Todos podemos nacer siempredespués de alguna prueba fuerte, hasta que nuestros brazos sean losuficientemente largos como para poder abrazar nuestro hermoso planeta.
Tratade hacer esta meditación 7 días seguidos a la misma hora, y verás que los grandes problemas que enfrentas se harán cada vez más pequeños, porque dejaste de ser semilla.
Nelly de Almenara
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