Comparto este ejercicio de transmutación profunda a través de la energía del fuego violeta del universo que me llegó hace un tiempo. El ejercicio genera una verdadera transmutación de las energías estancadas en varios niveles de nuestro ser. La energía violeta transmutadora es una herramienta de transformación utilizada desde hace mileños en las prácticas espirituales en muchas sociedades, y fue utilizada para remover las energía estancadas y permitir el flujo de una energía más limpia. Este es un ejercicio potente y si se practica con seriedad puede generar importantes cambios en nosotros.
El ejercicio se hace acostados o sentados. Hay que relajarse bien. Una vez que estamos relajados, hay que empezar a imaginarse que hay en nuestro corazón una llama de color violeta brillante. Es un fuego violeta brillante. Una vez que podemos imaginar esa llama violeta, mantenemos esa imagen en nuestra mente. Esta llama violeta comienza a brillar cada vez más fuerte con el latido de nuestro corazón, y poco a poco comienza a expandirse por el cuerpo a través de la sangre que sale del corazón. La llama violeta se expande por la sangre y llega a todos los lugares de nuestro cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. En un momento nos vamos a dar cuenta que todo nuestro cuerpo está lleno de un fuego violeta brillante, que ardemos armoniosamente en un fuego violeta. Ese fuego violeta trae paz y tranquilidad. Este fuego va transmutando la energía densa y estancada de nuestro cuerpo. Podemos observar cómo la energía densa (por ejemplo la enfermedad de un órgano) se va convirtiendo en una flor de colores y va desapareciendo). También podemos imaginar que el dolor en una parte del cuerpo se va convirtiendo en agua que se evapora. Todo nuestro cuerpo debe ser transmutado por el fuego violeta brillante.
El ejercicio dura entre 15 y 20 minutos. En ese tiempo se puede transmutar la energía densa. Se puede hacer este ejercicio una vez por semana durante 2 meses. No hay que hacerlo demasiado seguido porque es muy movilizador.
Seguro les será de utilidad!
Abrazos, Martín Armando.
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