En marzo de 2017 se realizó en El Bolsón y en Lago Puelo (Patagonia Argentina) un hermoso curso sobre los Espíritus de la Naturaleza. Al mismo asistieron muchas personas, la mayoría aprendices avanzados de chamanismo, y otros no tan avanzados. Entre varias de las experiencias del curso una noche realizamos una potente experiencia con el Espíritu del Fuego. El objetivo era contactar a esta energía para pedirle que su fuerza entrara en nosotros y encendiera el fuego interno, ese fuego que quema impurezas, que calcina oscuridades. Que nos diera luz sobre algún asunto oscuro. La idea era que nos ayudara.
Reunidos en un fogón hermoso que armó Belén en su hermosa chacra de Puelo, cuando ya el sol del otoño patagónico se había escondido, encendí mi encendedor y acerqué la llama a las ramas y el papel que estaban debajo de grandes pedazos de madera. En se momento Belén me miró y me dijo con mucha seguridad: “no toques nada, sólo encendé, está todo bien armado”. Así lo hice, y en el transcurso de unos minutos el fuego se hizo enorme, perfecto; las llamas llegaban a casi de dos metros de alto. Obviamente Belén había preparado todos los elementos necesarios por alguna emergencia con el fuego: agua cercana, palas, etcétera.
Los días previos al curso yo tenía miedo de que el mal tiempo, especialmente el viento fuerte, no nos dejara compartir una fogata tranquila. Pero los espíritus ayudaron, y ese día y esa noche, no había una sola ráfaga de viento sobre la Comarca Andina. Realmente era algo inusual en esa época del año.
Los días previos había llovido mucho y había habido mucho viento; yo me iba enterando de esto por la gente de Bolsón. Pero algo dentro mío me decía en esos momentos de que todo iba a estar bien, de que el curso iba a ser hermoso. Y así fue. Esa noche de otoño en Puelo, casi 30 aprendices de chamán de todo el país se sentaron frente a la hermosa fogata a pedirle al Espíritu del Fuego que los ayudara, que transmutara sus oscuridades, que les diera energía para encarar sus desafíos espirituales.
Para iniciar la ceremonia les comenté a todos que estábamos ahí para algo serio, que no era cuestión de estar frente al fuego como divertimento como puede hacerse en un campamento. Estábamos ahí para conectarnos espiritualmente con la energía del fuego y su espíritu. Luego de esa charla previa, tomé mi kultrum y comencé a tocarlo alrededor de la fogata. Les pedí a todos los demás que también lo hicieran; que tocaran sus kultrunes o maracas para llamar al espíritu del fuego, para que los contactara. Les dije que tocaran un rato largo, hasta que sintieran algo dentro de cada uno de que debía dejar de tocar y escuchar o ver qué les tenía que decir el Espíritu del fuego.
Así comenzó esta hermosa ceremonia. Durante casi una hora todos los participantes estuvieron conectados al espíritu del fuego, haciendo sus perrogativas, sintiendo como esa energía penetraba en sus cuerpos energéticos y los comenzaba a transformar, a transmutar.
Todos recibieron mensajes; algunos pudieron entender qué les decía el Espíritu del fuego sobre ellos mismos; otros aún lo están digiriendo.
En mi caso particular, luego de un rato largo de pedirle al espíritu del fuego que me enseñara algo, sentí en mi cuerpo un fuerte calor e inmediatamente apareció delante de mí una imagen de una pelea con uno de mis hermanos cuando era adolescente. Me impactó la aparición de ese recuerdo porque realmente no estaba pensando en nada de mi pasado. Fue tan claro el recuerdo que me emocioné. Pero reaccioné y le pregunté al Espíritu del fuego qué significaba eso, por qué aparecía eso en esos momentos. Y algo escuché, algo así como que mi alma había peleado por mucho tiempo, que era hora de la paz, de terminar una guerra que había empezado hacía mucho tiempo. Me emocionó darme cuenta de que el Espíritu del Fuego tenía razón: había estado en guerra por mucho tiempo, en muchas vidas pasadas, que era el momento de la paz. Era la primera vez que podía sintetizar muchas cosas de mi vida en un estado espiritual tan claro como la guerra o la paz.
Cuando reaccioné de la emoción de sorpresa, el Espíritu del Fuego me mostró una bandera blanca, como si fuera una bandera de la paz. Luego de eso comprendí con cuánta gente había estado en guerra en esta vida, y ahí decidí dejar de pelear. La tarea no era fácil porque tenía que darme cuenta de todas las situaciones de mi vida cotidiana en la cual ese estado espiritual de guerra se manifestaba y tenía que ir desterrándolo de a poco, o como pudiera hacerlo. Desde el momento en el cual el Espíritu del Fuego me ha demostrado eso he venido trabajando eso, trabajando conscientemente por la paz. Me quedé muy agradecido con la ayuda que me dió el Espíritu del Fuego.
Todos los participantes del curso tuvieron un mensaje muy claro sobre algún tema profundo. Uno de los participantes, que en un momento lo miré para saber qué le había sucedido con el fuego, me dijo: “son muy crueles conmigo”. Y me salió decirle: “mejor, por lo menos te dicen la verdad”.
Al terminar la ceremonia todos quedamos con una sensación muy hermoso en nuestro interior, más allá de los desafíos espirituales que el Espíritu del Fuego nos marcó a cada uno.
Los Espíritus de la Naturaleza son muy generosos con el ser humano, más allá de que la humanidad los ha maltratado mucho en los últimos tiempos. Quizás ha llegado una nueva época en la cual el ser humano deba amigarse otra vez con la naturaleza y también con sus Espíritus.
En el libro “Los espíritus de la Naturaleza. Esencias de la Madre Tierra” pueden encontrar muchas otras experiencias sobre el contacto con estas fuerzas de la Tierra y ojalá puedan ponerlas en práctica.
Desde Puente Mágico Chamanismo Tradicional se fomenta un chamanismo en una conexión concreta con las fuerzas espirituales del Universo. Y se propone que esta forma sea una buena forma de cuidar nuestro ambiente, de comprometernos con su cuidado.
Bendiciones!
Martín Armando
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