El 20 de junio de 2021 llegué a Miami, Estados Unidos, con el objetivo de realizar sesiones de sanación de las fracturas del alma y de difundir el chamanismo allí. Viajé junto a Santiago, uno de mis alumnos de chamanismo. Gracias a una persona muy generosa, Rosalía ,que justo estaba de viaje por Barcelona, pudimos hospedarnos en Brickell, uno de las zonas más lindas de Miami, en la casa de ella en South Miami Avenue y la SW 13th St,. Gracias a su gran corazón por hospedarnos el lunes 21 de junio comenzamos a realizar las sesiones de sanación de las fracturas del alma que ya estaban agendadas desde hacía varios días. Mi agenda de turnos las manejaba otro ser muy lindo, Lilly Wang, que gracias a ella los turnos se comenzaron a llenar muy rápidamente.
Quizás muchos crean que Miami sea sólo es una ciudad con lindas playas, buenas tiendas para comprar y muy superficial en términos espirituales. Yo también creía eso antes de conocerla. Y como muchas veces me pasa, lo que creo no es lo que es. Para mi sorpresa, experimenté un Miami con personas muy conectadas y con una búsqueda espiritual enorme.
Más allá de esta introducción, el presente texto es para describir un hecho increíble que nos sucedió en Miami a Santiago y a mí. Espero poder describir esto de la mejor manera posible porque sucedieron cosas impresionantes que aún a mí me tienen desconcertado. Pero estoy muy seguro de que todo ya estaba organizado por el Gran Espíritu antes de que nosotros llegáramos a Miami. Todo lo que pasó estaba demasiado coordinado como para creer otra cosa. Les pido presten atención a todos los detalles porque es de una exactitud armónica de no creer. Todo empieza así:
El martes 22 de junio realicé una sesión con una joven estadounidense que había ido junto a su madre desde Boston hasta Miami exclusivamente para atenderse conmigo allí. Con ella ya habíamos hecho dos sesiones a distancia durante este año. La sesión comenzó como cualquier otra. Le traje varias fracturas del alma y se las soplé en el corazón y la cabeza. Pero, en un momento, comienzo a ver dentro de ella unas almas de personas de color negro. Me quedo muy sorprendido por lo que estaba viendo; también veía cadenas alrededor de ellos. Entonces decidí muy rápido sacarlos de ahí, elevarlos hacia la luz; en términos chamánicos es hacer un psicopompo. Y así empecé a sacarlos del cuerpo de la joven. Eran cuatro personas; dos hombres, una mujer y un niño. Los cuatro eran negros esclavos y estaban encadenados unos a otros. Los saqué y los vi subir hacia la luz. Se fueron, se liberaron.
Al terminar la sesión le comenté a la joven lo que había sucedido. Ella, sin inmutarse, me dice: “ya me habías hablado de esclavos en mi pasado y que estaban en mí en la primera sesión que hicimos”; yo en ese momento me quedé helado; realmente no me acordaba de eso. Lo que noté inmediatamente es que la cara de la joven cambió luego de sacarle a esas almas de encima. La energía de esas almas era muy pesada y ella tenía sentimientos muy densos desde hacía mucho tiempo. Al final de la sesión la joven se fue contenta. Yo me quedé impresionado en ese momento pero luego seguí con otros tres pacientes ese día y me desconecté de su caso.
Pero esa noche, al acostarme a dormir, aparece junto a mi cama una mujer negra con un tocado blanco en la cabeza. Inmediatamente me acordé de lo sucedido con la joven y pensé que era una sugestión mía. Pero en la sesión con ella no había visto a una mujer de esas características. La mujer se acercó a mí. Le pregunté qué quería. Ella me respondió muy rápido: “que ayudes a mis hermanos”. Yo me emocioné inmediatamente, algo que no me sucede con frecuencia. Le pregunté a qué hermanos y dónde estaban. Ella me mostró la imagen de la bahía de Brickell, al sur del puerto de Miami desde donde salen los cruceros. Luego de esa imagen me dijo que había barcos hundidos allí y que sus “hermanos” estaban hundidos y atrapados allí. Imagen ustedes mi cara en ese momento, de sorpresa enorme. Le dije que iba a ir a ver qué había en la bahía. Ella en ese momento se alejó de mí y yo me pude dormir.
Al otro día, en un descanso que tuve entre pacientes, realicé un viaje chamánico hasta la bahía de Brickell; la distancia entre el departamento de Rosalía y la bahía era de unos 300 metros de distancia. Inicié el viaje chamánico y cuando llego hasta la orilla del mar sentí algo muy raro, una energía densa. Me acerco un poco más y me meto dentro del agua. Ahí pude ver un barco hundido; me acerqué más y me metí dentro de un barco de madera podrida, y vi mucha gente adentro. Mi impresión fue fuerte porque sentí en carne propia el sufrimiento de esas almas atrapadas ahí. Los vi atados con cadenas; había hombres, mujeres y niños. En ese momento comencé a hacer un psicopompo. Pedí que la luz del Mundo de los Muertos de Arriba se acercara a ellos y pudieran ver por dónde ir. También comencé a romper algunas cadenas para liberarlos. No sé lo que pude lograr en esa oportunidad ya que me quedé con la sensación de que había mucho más por hacer. Salí del barco y me volví hasta el departamento, a mi cuerpo. Inmediatamente le conté todo a Santiago. Los dos nos quedamos sorprendidos por lo sucedido. Y pensamos que la cosa había terminado ahí.
El miércoles 23 de junio fue Luna Llena en Miami. Esa noche se desplomó un edificio entero en Surfside, una zona costera de Miami Beach. En el tremendo suceso murieron muchas personas y aún a muchas aún no las han encontrado. El ambiente en Miami cambió ese miércoles.
El jueves 24 de junio Lilly Wang organizó un evento en Coconut Grove, Miami, donde presenté mis libros de chamanismo. Ese día conocí a Catarina, la dueña del lugar donde se hizo el evento; ella, una mujer costarricense muy divertida, generosa e inteligente, al final del cuento tenía información también. El evento salió lindo y se pudo difundir el chamanismo entre las personas que asistieron.
El sábado 28 de junio el gobierno argentino restringe el ingreso de personas al país y define el límite de 600 personas por día para ingresar a Argentina. Miles de personas quedamos varados en Miami por esta decisión irracional. Obviamente nuestro vuelo de regreso a Argentina para el 30 de junio fue cancelado por American Airlines. El 29 de junio nos dimos cuenta de que estábamos varados en Miami, sin fecha de regreso y sin hospedaje.
Ese mismo día realicé un viaje al Mundo Superior para intentar encontrar a mi Maestro y preguntarle qué pasaría con nosotros. Cuando lo encontré, mi Maestro me dijo muy firmemente: “tranquilo”. Si bien esa respuesta no me aclaraba nada ante nuestra situación, me dejó realmente tranquilo. Si bien no sabía qué íbamos a hacer y cómo íbamos a volver a Argentina, yo me tranquilicé.
Le escribí al Consulado Argentino en Miami para avisarles que nosotros estábamos allí varados y la respuesta del Consultado fue: “es un problema de la aerolínea, no nuestro”. Imaginen ustedes mi ánimo ante tal respuesta. Los pensamientos más feos me pasaron por la cabeza. Sin embargo, me mantenía tranquilo.
Antes la situación de estar varados, personas muy generosas y de gran corazón nos ofrecieron quedarnos en sus casas unos días hasta que podamos volver a nuestro país. Una de ellas fue Catarina, la costarricense de Coconut Grove. Esta mujer nos recibió en su casa y además pude realizar sesiones en su casa con muchas personas mientras se iba aclarando el panorama de regreso a Argentina. Pero una cosa me comenzó a parecer muy extraña: Catarina comenzó a hablarnos a Santiago y a mí de unos barcos de esclavos hundidos en Costa Rica, y de cómo unos arqueólogos estaban investigándolos. Entonces decidí contarle a Catarina sobre lo que había hecho en la bahía de Brickell unos días antes. Y ella me dijo así como por intuición: “eso no terminó eh”. Yo dije, ¡madre mía! Sentí que ella tenía razón. Unos días después su intuición fue totalmente acertada.
El martes 29 de junio a la noche fuimos al aeropuerto de Miami para ver si podíamos subirnos a un avión que salía esa noche. La lista de espera era de 145 personas. Después de que subieran al avión los que tenían el pasaje confirmado la situación de lo más horrible: la gente angustiada, llorando, y muchos gritando porque no podían subir a un avión para volverse a sus casas. Nosotros nos volvimos a la casa de Catarina a las 3 de la mañana sin la valija que quedó en el aeropuerto. Al otro día a la tarde intentamos nuevamente subir a otro avión y luego de hacer el check in para el vuelo de las 22,30 horas nos dicen que el vuelo se retrasó para el viernes 2 de julio a las 10 de la mañana. Otra vez sin valija y con la misma ropa desde hacía dos días nos volvimos a lo de Catarina con nuestro estado de ánimo ya medio angustiado. Y si bien estábamos en lista de espera sin viaje confirmado ir al aeropuerto nos daba alguna esperanza de subir a algún avión para regresar a nuestra casa.
El viernes 2 de julio fuimos por tercera vez al aeropuerto de Miami para ver si podíamos subir al avión de las 10,30 horas de la mañana. Luego de pasar la seguridad del aeropuerto y de llegar hasta la puerta de partida del vuelo nos encontramos con un escenario mucho peor que las veces anteriores. Había mucha más gente varada como nosotros. La situación era muy triste; familias enteras que habían pasado la noche en el aeropuerto; gente que no debía estar ahí tantas horas sin saber. Y el Consulado argentino en Miami seguía respondiendo lo mismo: “no es un problema nuestro, es un problema de la aerolínea”. Y la respuesta de la aerolínea era: “no es un ´problema nuestro, es un problema del gobierno argentino que limitó a 600 personas el ingreso a Argentina”. En esa situación estábamos nosotros y los miles de argentinos que intentaban volver al país.
Pero a las 10 horas de ese día algo me pasó. Sentí algo raro. Me di cuenta de que si nos quedábamos ahí intentando subir a un avión no íbamos a poder y además se nos iba a partir el alma en muchas partes; me di cuenta que quedarse ahí era sufrir más. Y no sé qué pasó pero en ese momento llamé a mi agente de viaje y le pedí encarecidamente que nos encontrara un vuelo desde cualquier lado y en cualquier fecha para volver. Él me dijo: “no creo que encuentre nada; no hay pasajes hasta agosto desde ningún lado de Estados Unidos hacia Argentina”. Yo respiré un rato largo, mientras escuchaba y veía los gritos de la gente intentando subir a un avión ya súper lleno de gente.
Y….suena mi celular. Era Daniel, mi agente de viajes. Y con una voz alegre me dice: “Martín, no sé cómo pero encontré un lugar para el 13 de julio vía Dallas; lo tomé. Esperemos que aparezca otro más y vuelven juntos los dos. Y…a los cinco minutos Daniel me dice:” Encontré otro lugar; lo tomé. No sé cómo pasó pero ya tienen pasaje para el 13 de julio”. En ese momento me acerqué a Santiago y le dije: “nos vamos de acá, ya tenemos pasaje para el 13 de julio vía Dallas”. Si bien el vuelo no estaba aún aprobado por el gobierno argentino, era una posibilidad concreta de volver a Argentina. Pero la cuestión era en ese momento: ¿adónde nos quedamos hasta el 13 de julio? Eran 10 días. Y la magia comenzó a manifestarse…
Salimos del aeropuerto y llamé a la chica que nos había alquilado un auto los días anteriores, para preguntarle si lo tenía disponible (en Miami estar sin auto es casi imposible estar porque las distancias entre los lugares son enormes). La mujer, María Elena me dice: “Si, está disponible hasta el 9 de julio. Mi cara se iluminó. Y me dice, tengo un departamento para alquilarte hasta el 9 de julio también, y queda en Brickell. Cuando me dice la dirección del mismo me quedo helado! Era el mismo edificio en el que nos habíamos quedado antes. Me parecía demasiada casualidad eso. Ahí comencé a pensar seriamente en otras cuestiones de estar varados en Miami. Lo relacioné inmediatamente con el hecho de los esclavos en la bahía de Brickell y del trabajo que aún estaba por hacerse. Empecé a pensar seriamente que si no terminábamos el trabajo de psicopompo con los esclavos debajo del agua no íbamos a poder salir de Miami.
María Elena, una mujer peruana muy agradable, nos hizo un súper precio por el alquiler del auto y del departamento. De hecho, el final del viaje realizamos una sesión de sanación de las fracturas del alma con ella en su departamento.
Salimos del aeropuerto de Miami casi al mediodía con un Uber en dirección norte a buscar el auto de María Elena. Miami estaba súper lleno de gente, no había hoteles disponibles casi en ningún lado y los que había cobraban más de USD250 la noche. Finalmente conseguimos un hotel por 3 noches en North Beach frente al mar (hasta el lunes 5 de julio que Elena nos entregaba el departamento en Brickell). Y ese hotel estaba a sólo unos 500 metros del derrumbe del edificio!!! Cuando nos dimos cuenta no lo podíamos creer. Desde la playa podíamos ver cómo iban sacando los escombros y buscando los cuerpos de las personas que estaban atrapadas. Tratamos de no engancharnos en eso y disfrutamos de la playa ese viernes 2 de julio.
Mi agenda de pacientes del 5 al 9 de julio en Brickell había comenzado a llenarse otra vez. Evidentemente después del descanso de 3 días de playa tendría mucho trabajo. La primera semana que estuve allí atendí mucha gente; Santiago me había ayudado mucho con las sesiones.
El sábado 3 de julio disfrutamos mucho la playa y el mar de Miami con Santiago. Pero el domingo 4 de julio por la mañana algo muy inesperado para mí sucedió. Me avisaron que había muerto mi Maestra Nelly el día anterior. Nelly, mi Maestra espiritual, tenía 93 años y estaba en un internada en un lugar de ancianos desde hacía pocos meses porque ya no podía estar sola en su casa. Yo ya me había despedido de ella hacía casi un año. Pero la noticia de su muerte me sacudió ese día en la playa. Quedé mucho más sensible de lo que estaba. La muerte de Nelly me hizo ir hacia muy dentro de mi corazón. Pero estaba tranquilo. Le agradecí todo lo que había hecho por mi durante muchos años.
El lunes 5 de julio volvimos a Brickell. Nuestra estadía estaba programada hasta el 9 de julio y luego nos iríamos a la casa de Lilly Wang, que nos había ofrecido su casa hasta que saliera nuestro vuelo el 13 de julio. Sin embargo, el Universo nos tenía otras sorpresas.
El departamento de María Elena en Brickell era hermoso, con una vista excelente y con una pileta enorme. ¡Era un lujo chamánico! Ese mismo día volví a hacer sesiones de sanación de las fracturas del alma con personas de Miami. Pero ese mismo día nos avisaron desde Buenos Aires que el vuelo del 13 de julio vía Dallas no estaba confirmado, que no se sabía si podíamos volver. Nosotros ya no sabíamos qué hacer. Sin embargo, más allá de los sacudones emocionales estábamos tranquilos.
El miércoles 7 de julio por la mañana estaba yo tomando unos mates en el balcón del departamento y hasta ese momento no habíamos hecho nada al respecto del psicopompo en la bahía de Brickell. Era como que lo evitaba. Santiago también. Él, unos días antes, había hecho un viaje a ver a su Maestro y preguntó qué había en la bahía. Su Maestro le dijo que había 4 barcos hundidos y le mostraron muchas personas negras dentro de los barcos. La imagen que le mostró su Maestro fue tétrica según él. El tema era complicado. Y además le dijeron que pidiéramos ayuda a los espíritus psicopompos del Mundo Superior.
Esa mañana del miércoles 7 de julio a las 11 de la mañana pensé en la situación pero mi cabeza se negaba a hacer algo. Pero entonces algo pasó muy extraño porque en un momento siento algo en mi cuerpo y de repente me hice caca encima, estando sentado ahí en el balcón. Me quedé helado con la situación. Pero lo tome claramente como un mensaje muy físico de que la cuestión no podía dilatarse, de que había que actuar. Me levanté de la silla, me fui a limpiar al baño y le dije a Santiago que en ese mismo momento íbamos a hacer el psicopompo para los esclavos de la bahía. Prendí la vela, pusimos las mantas chamánicas en el suelo, encendimos los tambores y comenzamos el viaje hasta la bahía de Brickell.
Voy a relatar lo que vi yo con más detalle. Lo que vio e hizo Santiago es muy parecido a lo que experimenté yo. Llegué hasta la bahía y comencé a llamar a los espíritus psicopompos del Mundo Superior; les pedí que conectaran la luz con el lugar. Y comencé a ver un remolino violeta alrededor de toda la bahía. Me metí al mar y vi los 4 barcos hundidos. Entré en uno y ahí vi muchas personas de color negra encadenados unos a otros. Me miraron y les dije que había que salir de ahí, que debían ir hacia la luz. En esos momentos sentí el miedo que ellos tenían. Fue muy fuerte ese sentimiento. Saqué a todos de ese barco. Me fui hasta el segundo barco y en ese momento lo veo a Santiago, intentando subir algunas almas pero veo que algo se lo quería llevar hacia arriba. Lo protegí para que no se lo llevaran. Limpiamos ese segundo barco sacando a esas almas de ahí. Hice lo mismo con los otros dos barcos que estaban hundidos. En mi cálculo conté casi 500 almas. Había mujeres, niños y hombres muy jóvenes. Todos estaban muy asustados. Pero subieron hacia la luz; salieron de ese encierro.
Antes de salir de la bahía de Brickell los espíritus psicopompos me mostraron una imagen muy fuerte: tanto Santiago y yo debíamos tirar flores rojas en la bahía. No sé, como algo que mostrara compasión por ellos, el final de ese sufrimiento para ellos. Le comenté esto a Santiago al final del trabajo. Él me contó que vio cosas muy parecidas a las que vi yo y me dijo que en un momento se sintió en peligro. Más allá de eso, todo estuvo bien.
Dos horas después de hacer el psicopompo recibo un mensaje en el celular; mi agente de viajes me dice; “Martín, te dieron un lugar en el vuelo desde Miami a Buenos Aires para el domingo 11 de julio.” Yo me quedé helado. No podía creer lo que estaba escuchando. Mi alegría era enorme, podía volverme a mi casa. Pero Santiago no tenía pasaje; él tenía que quedarse hasta que se resolviera su situación.

El jueves 8 de julio atendí varias personas devolviendo fracturas del alma. Si bien yo estaba contento porque el 11 de julio me volvía, Santiago aún no sabía y eso me ponía inquieto. Pero estábamos tranquilos. En un momento de la tarde de ese día jueves estábamos en la pileta con Santiago, y así como si de la nada le digo: “Santiago, hay que ir hasta la bahía a tirar las flores”. Él me dice: “Mirá, ahí hay una planta que tiene flores rojas”; las flores eran perfectas, eran muy parecidas a las que había visto. Nos paramos, tomamos las 4 flores y nos fuimos caminando hasta la bahía de Brickell, a unos 300 metros del departamento. Eran aproximadamente las 7 de la tarde. Nos acercamos a la orilla del mar, nos sentamos. Le di a Santiago dos flores y yo me quedé con las otras dos. Le dije que nos conectáramos con la energía del lugar y que luego tiráramos las flores, una por una, representando cada barco. Y así lo hicimos. El mar comenzó a llevarse las flores hacia el sur, y se alejaron de nosotros.
Los dos estábamos muy emocionados con lo que habíamos hecho. Y la magia volvió a suceder en esos momentos: Mi agente de viaje me llama y me dice: “Santiago tiene pasaje para mañana viernes 9 de julio”. Nos quedamos helados. No podíamos creerlo. Santiago podía volverse. En ese momento entendimos que terminar el trabajo de limpiar la bahía de Brickell había sido el pasaporte para volver.
Mi agente de viaje me dijo que no entendía que estaba pasando, cómo era que los dos teníamos pasaje, cuando eran miles los que necesitan volver. Hasta que nos enteramos qué había pasado: Un ángel, una mujer de American Airlines en Buenos Aires, conocida de la madre de Santiago, que le rogó hasta llorando a su jefe, para que nos consiguieran lugares en los aviones. Ella había sido nuestra salvación, nuestro ángel. Entre miles de personas que necesitaban volver fuimos nosotros los que pudimos hacerlo gracias a ella y evidentemente a los Espíritus, que no nos dejaban salir de Miami hasta que hiciéramos el psicopompo.
El viernes 9 de julio por la mañana salí al balcón del departamento y miré hacia la bahía de Brickell. En ese momento sentí una sensación muy tierna de agradecimiento que venía desde algún lugar; fue una sensación muy hermosa, muy cálida que perforó mi cabeza y corazón. En ese momento me sentí muy útil, muy lleno de alegría por haber hecho lo que habíamos hecho con esas almas de esclavos en la bahía de Brickell. Y si bien el quedarnos varados en Miami podía ser considerado una situación traumática entendí que muchas cosas en la vida suceden por algo, por algún motivo lejano a los intereses nuestros, y que el Gran Espíritu nos pone donde tenemos que estar, sin más ni menos.
Santiago volvió a Argentina el viernes 9 de julio y yo el domingo 11 de julio. Ambos estamos muy agradecidos con todos los seres humanos y no humanos que nos ayudaron en Miami. GRACIAS!!!!
Bendiciones!!!!
Martín Armando

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