
La noche del lunes 21 de febrero de 2022 llegué a Miami desde Madrid con la intención de realizar un tercer psicopompo en la bahía de Brickell, realizar algunas sesiones de sanación y dictar un taller de chamanismo. Las actividades estaban muy bien programadas y había pensado realizar los psicopompos que fueran necesarios el jueves, viernes y sábado. Como en el último viaje de 2021 la necesidad de realizar los psicopompos se impuso ante mí y manejaron mi agenda a “piachere”, esta vez había calculado mejor la situación para tenerla algo controlada. Sin embargo, el Espíritu nuevamente volvió a imponer su voluntad más allá de mis deseos.
Sólo unas dos horas luego de acostarme a dormir esa noche del 21 de febrero me despierto en la cama del departamento de Brickell que me estaba quedando, abro los ojos y veo todo oscuro. Pensaba yo en ese momento que habían pasado muchas horas desde que me había dormido pero al mirar el reloj veo que eran las 1.30 am. En ese momento no podía creer cómo era que me había despertado en tan poco tiempo porque realmente estaba cansado del viaje de 9 horas del día anterior. Di vueltas en la cama un rato pero algo me impulsaba a salir de la misma. Me levanté a las 2 am a dar vueltas por el departamento sin saber muy bien qué hacer.
Ana, una de mis alumnas y brillante asistente, llegaba ese mismo día a las 5 am desde Buenos Aires al aeropuerto de Miami para ayudarme con el trabajo de toda esa semana.
A eso de las 4 am de la madrugada me preparo unos mates y salgo al balcón para que pasara el tiempo. Cuando me senté afuera sentí una energía muy fuerte que venía de la bahía de Brickell; en ese momento entendí que me habían despertado. Entonces entré al departamento y me acosté en un sillón enorme que hay ahí a ver si podía captar algo de lo que sucedía. Unos segundos después veo parada a mi costado a la mujer negra que había aparecido en julio de 2021 y que me había alertado de la situación de sus hermanos en la bahía. Yo creí que ella se había elevado en el último psicopompo pero ahí estaba aún. Le pregunté qué necesitaba y me dijo que había que realizar inmediatamente un trabajo. Le dije que si y que lo haría a distancia desde el departamento, pero no se quedó tranquila. Entonces me levanté, prendí una vela y ahí mismo, acostado en el sillón hice un viaje chamánico hasta la bahía de Brickell, que estaba a unos 300 metros de distancia. Al llegar quedé impactado por lo que vi: decenas de almas pegadas a la pared que separa el mar de la tierra; todos eran negros, como de origen africano. Inmediatamente invoqué a Anubis, el Espíritu psicopompo del Mundo del Este, y le pedí ayuda. Él apareció enseguida y con su energía comenzamos a sacar a esas almas del lugar y a llevarlas hacia una luz violeta en forma de espiral que había aparecido arriba. Anubis agarraba a esas almas con su bastón y las elevaba; yo soplaba y empujaba con mi energía para sacarlas del lugar y acercarlas a la luz. Se tardo un buen rato limpiar toda la zona. Al finalizar se sintió como si la energía del lugar estaba mejor. Le agradecí a Anubis y regresé al departamento. En ese momento ya no sabía si estaba cansado por no haber dormido, por el viaje o por haber hecho ese psicopompo, pero mi cuerpo seguía como rebotando de un lugar a otro. Me levanté del sillón y fui al balcón a tomar aire. Cuando miré hacia la bahía sentí mejor la energía, pero algo me decía que debía ir físicamente hasta ahí.
En ese momento pensé que era mi mente la que hablaba al respecto pero el mensaje se repitió cuatro o cinco veces. Ya eran más de las 6 am. Ana estaba por llegar al departamento, pero algo me decía que tenía que ir a la bahía en el momento en que saliera el sol. Entonces decidí hacerlo; me vestí y salí caminando hasta el lugar. Llegué frente al mar a las 6.45 am; me senté en un banco que hay frente al mar y vi como el sol salía en el horizonte. Y en ese momento cerré los ojos, puse los auriculares con los tambores chamánicos e invoqué a Anubis nuevamente. Lo vi acercarse desde el Este muy rápido; se puso delante de mí, como protegiéndome y comenzó un movimiento de energía tan potente que me asusté. La energía comenzó a moverse en forma circular y se extendió por toda la bahía de Brickell, alcanzando una parte de Virginia Key; el color de la energía era celeste pero brillaba, y esa energía comenzó a elevar muchas almas desde el mar. Nunca había visto que salieran así desde el agua, como cuando alguien es abducido desde arriba. Vi a muchos hombres negros subir por la energía hacia arriba, pero como si ellos fueran inconscientes de lo que estaba sucediendo. Esto duró como media hora. Al final todo ahí quedó limpio y la energía se sentía liviana. Le agradecí a Anubis, me levante y me fui caminando hasta el departamento. Al rato llegó Ana desde el aeropuerto y cuando la vi me preguntó si estaba todo tranquilo, a lo que le contesté: “ni la maleta me dejaron abrir”.
Ese día tuve unos 7 pacientes que atender allí en el departamento y al finalizar la tarde realmente estaba agotado. Recuerdo que Ana salió a comprar algunas cosas al supermercado y yo me acosté en el sillón a descansar un rato. Ya era de noche. Al cerrar los ojos siento nuevamente la presencia de la mujer negra y me dice que había que terminar lo que se había hecho. Yo no podía creerlo. No lo dude. Así como estaba me hice un viaje chamánico hasta la bahía y me metí al mar para buscar almas y tratar de elevarlas. Recuerdo haber sacado un grupo de negros esclavos del fondo del mar, como si estuvieran atrapados en un pozo. Estuve como media hora haciendo ese trabajo. Cuando terminé me dormí. Ana llegó al rato y el ruido de la puerta me despertó. Me levanté del sillón y fui al balcón; al salir sentí una energía muy alegre que venía de la bahía. Esa noche de martes 22 de febrero cenamos, me duché y me fui a dormir inmediatamente.
Los dos días posteriores a esos psicopompos la energía estaba muy tranquila, como que no había tironeos desde la bahía y Ana misma me decía que ella sentía todo muy tranquilo.
Días previos al viaje a Miami había realizado algunas averiguaciones con mi Maestro y el Espíritu de la Tierra sobre dónde había que hacer un psicopompo con presencia física de Ana y de mí; toda la información apuntaba a una zona de la isla de Key Biscayne llamada Crandon Park, en la zona de la playa, en dirección al este. Investigué bien la zona con el google maps y vi que la playa se hacía pequeña en dirección norte. Puse mi interés allí.
El jueves 24 de febrero el plan era ir a Crandon Park en Key Biscayne a realizar el psicopompo con Ana. La agenda de pacientes estaba completa desde la mañana hasta las 2 pm. Sin embargo, los pacientes de la 1 pm y las 2 pm cancelaron. Me llamó la atención eso, y entonces decidí que fuéramos a la playa apenas terminaba de atender, cerca del mediodía. Almorzamos y salimos para Crandon Park. Llegamos a la playa y comenzamos a caminar hacia el norte por la arena. Caminamos como unos 500 metros y encontramos una zona frente al mar donde no había nadie; nos instalamos allí.

A mí me habían dicho mis Maestros que había que llevar una vela, encenderla y que estuviera encendida durante el psicopompo; para lograr eso pudimos conseguir con Ana en el departamento un frasco donde colocar la vela adentro y que no se apagara por el viento. Funcionó muy bien eso.
A eso de las 2.50 pm del jueves 24 de febrero nos ubicamos con Ana para iniciar el trabajo. Ella se sentó detrás de mí a unos cuatro metros de distancia y yo me puse frente a la vela, que había quedado casi donde rompen las olas. Tomé mi tambor, Ana su maraca, nos tapamos los ojos con los pañuelos y comenzamos a llamar a Anubis para que nos ayudara. Él apareció rápidamente. Inmediatamente comenzamos a pedir al guardián del Mundo de los Muertos de arriba que abriera un camino para que las almas pudieran subir. En mi caso vi un fuego que apareció alrededor de la vela y de a poco se iba extendiendo hacia el Mundo de los Muertos de arriba. Luego de eso comenzamos a invocar a las almas errantes de los esclavos y aborígenes que estaban en la zona para que se acercaran y subieran a la luz. Esto llevó un tiempo largo porque no se acercaba ninguna al principio. Luego de un rato comenzamos a ver varias almas de personas de color negro, como esclavos, que se acercaban y comenzaron a subir, pero eran pocos y estaban como desconfiados, la mayoría eran hombres. Estuvimos por un rato intentando que subieran pero al final frenamos. Tanto Ana como yo nos quedamos con la sensación de que no había salido muy bien el trabajo, que había que hacerlo otra vez.
Nos metimos al mar para tratar de limpiarnos cualquier cosa que pudiera habernos quedado pegado. Por suerte nada se nos había pegado. A la media hora intentamos otra vez. Tomamos nuestros instrumentos, llamamos a Anubis y comenzamos a invocar a esas almas. Y ahí sí comenzó a suceder lo que esperaba. Desde el mar y desde la tierra comenzaron a acercarse decenas de almas, todas en muy malas condiciones; estaban sucios, con caras muy tristes, asustados. Había mujeres y niños principalmente. Venían en grupos, muchos de ellos estaban encadenados y con mucho sufrimiento.
En lo personal me sucedió algo que no esperaba y que me asustó un poco. En un momento en que el fuego que salía de la vela era usado como plataforma para que esas almas subieran me di cuenta de que yo era el fuego, como que me había convertido en fuego y por encima de mí subían esas almas. Al darme cuenta de tan situación me asusté pero no me detuve. Estuvimos como veinte minutos haciendo este segundo psicopompo. Al terminar conversamos con Ana de que sí se había hecho un mejor trabajo. Nos metimos al mar nuevamente.
Estuvimos una media hora más ahí observando si había que seguir o terminar, no estaba claro. Pero al rato a mi me vienen unas ganas tremendas de agarrar mi tambor y comenzar a tocarlo. Ana se sorprendió de eso y se puso en su lugar nuevamente como para psicopompear otra vez.
A medida que el tambor sonaba comenzamos a ver desde detrás de nosotros un grupo de mujeres que estaban como enterradas en la tierra; Ana vio que estaban en una jaula y que estaban bajo tierra; yo las vi venir todas encadenadas; ambos las vimos en el mismo lugar. Entre los dos, y con Anubis de por medio, logramos que esas almas se acercaran al fuego y subieran. Pero lo extraño fue que ambos vimos que alrededor de nosotros se hizo una circunferencia con un radio de unos mil metros y que esa zona quedó toda limpia. Cuando esas mujeres subieron finalizamos el psicopompo y nos volvimos a meter al mar para limpiarnos. Al rato nos fuimos de la playa hacia el departamento de Brickell.
Esa noche y el día siguiente estuvo todo muy tranquilo. Ninguna alma se presentó en el departamento, y cada vez que miraba yo hacia la bahía de Brickell sentía tranquilidad y una energía de agradecimiento. El viernes 25 por la tarde comencé a sentir que la cuestión estaba terminando.
El sábado 26 de febrero tenía la intención de ir a South Beach a encontrarme con Lilly para conversar y de paso tomar unos mates en la playa. Al mediodía, luego de finalizar las sesiones en el departamento tomé el auto y me dirigí hacia South Beach (Ana se había ido a pasear con un amigo). Generalmente suelo tener mucha suerte con los estacionamientos y encuentro donde aparcar bastante fácil. Pero estuve casi una hora intentando hacerlo y no pude. Llamé a Lilly y le dije que me iba del lugar y que iría a Key Biscayne a ver si encontraba un lugar donde meterme al agua. Yo hasta ese momento no sabía por dónde venía la mano, pero me dirigí hacia el sur y llegué a la isla de Virginia Key bastante rápido. Generalmente no suelo ir a esa isla y sigo hasta Key Biscayne, pero algo me tironeaba a que me quedara ahí. Decidí encontrar lugar ahí, me costó un poco encontrar estacionamiento pero lo logré bastante rápido. También encontré un lugar en la playa bastante tranquilo y me senté frente al mar, mirando hacia la bahía de Brickell. Me metí varias veces al mar, disfrutando del agua transparente y cálida; estaba muy relajado y pensaba en cosas relacionadas con el futuro. Pero en un momento comienzo a sentir muy fuertemente la energía del Espíritu de la Tierra, como que me rondaba. Cada vez que me pasa eso me quedo quieto, expectante a ver qué sucede. Cada vez se hacía más intensa su presencia pero no la veía. En un momento desaparece y decido meterme al mar. Ingreso al agua, me quedo parado y en ese momento veo delante de mí a la mujer negra con el pañuelo en la cabeza. Me quedé helado al verla, pensé que ya se había ido. Ella muy tranquila me dice: “ya estamos liberados, las cadenas se cortaron, el mar nos llevará lentamente”. Inmediatamente me mostró una imagen de cadenas rotas y cómo el mar se los llevaba hacia el sur muy lentamente. Yo me emocioné de una forma que se me cayeron las lágrimas. Cuando reaccioné ya había desaparecido. Y en ese momento comprendí que el trabajo había terminado, que se había hecho bien, y me puse tan contento que agradecí al Universo con toda mi alma. Me sentí realmente útil.
Me quedé un rato más en la playa y regresé al departamento a contarle a Ana y a las personas que estaban en Argentina que me habían ayudado, principalmente a María de Ushuaia.
Tres días después me fui desde Miami hacia Madrid a atender pacientes, y Ana regresó a Buenos Aires. Los dos nos quedamos con la clara sensación de haber hecho un buen trabajo.
Muchas gracias a las personas que ayudaron para que esto haya sido posible: Rosalía, Santiago, Lilly, Catarina, María Elena, Gustavo, Ana, María, entre otros más.
Bendiciones!!!
Martín Armando
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