En la tarde noche del viernes 15 de abril de 2022, durante la impresionante luna llena sobre el mar, en la playa de Ocean Park, a unos pocos kilómetros de Punta del Este, Uruguay, realizamos un psicopompo masivo cuatro personas de Puente Mágico Chamanismo. En este psicopompo una cantidad de almas de personas fallecidas desde hacía mucho tiempo, pertenecientes al pueblo Charrúa, se acercaron a la conexión que pudimos lograr con la luz del mundo de los muertos de arriba y pudieron subir a la luz.

Pero la historia comenzó a mitad de febrero, en Madrid, España. En un viaje al Mundo Superior que estaba realizando para encontrar partes del alma de una persona, mi Maestro me sorprendió diciéndome: «Tenés que ir a Uruguay a formar algunos chamanes». Yo me quedé muy sorprendido por la información porque hacía más de tres años que no iba a Uruguay (pandemia de por medio) y no tenía planes de ir a formar personas en chamanismo allí. Pero la información fue tan clara y contundente que decidí hacerle caso en forma inmediata. Luego de ese viaje le escribí a Javier, la persona que gestiona Puente Mágico Uruguay, y le dije lo que me había dicho mi Maestro y que teníamos que organizar un curso en Montevideo. Él, como siempre, se puso contento y me dijo que avanzáramos, que contara con su ayuda, que iba a buscar un salón. Pero sentía que Montevideo no era el lugar en esta oportunidad, no sabía por qué. Siguiendo un poco esa sensación le escribí un mensaje a una persona hermosa, Agó Paez Vilaró, que tiene un bello salón en Punta Ballena, a unos pocos kilómetros de Punta del Este; le expliqué lo que quería hacer.
No tuve respuesta de los uruguayos (Javier y Agó) durante veinticinco días. Mientras el silencio transcurría viajé de Madrid a Miami a finalizar el psicopompo con los esclavos de la Bahía de Brickell. Regresé a Madrid el 2 de marzo. Retomé mi trabajo con cursos y pacientes en Madrid y ya no esperaba mucha información desde Uruguay. Creí que no iba a ser posible hacer lo que mi Maestro me había dicho.
Pero el 14 de marzo, para mi sorpresa, me escriben Agó y Javier casi al mismo tiempo. Ellos no se conocían. Agó me decía que le encantaba la idea, que avanzáramos, y Javier que había conseguido un consultorio en Montevideo para hacer sesiones. Tomé esto como una gran señal de que había que avanzar firmemente con lo que había pedido mi Maestro.
En base a eso tomé la decisión de ir a Punta del Este en Semana Santa para conversar con Agó y con Javier sobre la organización del curso en Punta Ballena y sobre los pacientes de Montevideo. Le pedí a algunos alumnos que me acompañaran, ya que de paso haríamos unas sanaciones con el mar allí en la costa Uruguaya. El grupo de conformó de cuatro personas. Hasta ese momento estaba todo bastante claro y el objetivo era dar un curso de chamanismo en Uruguay, pero en el fondo algo se estaba cocinando, yo lo presentía. Tenía una sensación parecida a lo que había pasado en Miami, donde el Gran Espíritu me tendió una súper trampa para que se hicieran los psicopompos con los esclavos de la bahía de Brickell. Pero hasta ese momento no había otra información que viniera de Uruguay que me dijera otra cosa.
Sin embargo, dos días antes de ir hacia Punta del Este, Javier me envía un mensaje desde Montevideo y me dice: «Martín, desde hace unos meses tengo en mi casa una piedra que tiene marcada una cara muy fuerte y desde que la tengo en mi casa pasan cosas raras, no sé qué hacer, parece que es de los Charrúa». Le pido me la envíe y que iba a averiguar de qué se trataba eso. Me la envía y cuando la vi sentí la energía de la muerte bien intensa. Entonces decidí hacer un viaje al Mundo Superior para preguntarle a mi Maestro sobre qué significaba esa imagen en la piedra y me dijo: «…es sobre los charrúas…tiene que sacarla de su casa y enterrarla». Mi sorpresa fue enorme y le transmití el mensaje a Javier inmediatamente.

Encima, después que Javier me mandara esa foto, esa misma noche veo al paso en facebook una publicación sobre los Charrúas y la matanza de Salsipuedes de abril de 1831. Me impresionó la información. En esa publicación había un mensaje sobre la matanza del pueblo Charrúa y decía que aún estaban ahí. Esto me dio una pauta más fuerte de que algo había que hacer en Uruguay, sin embargo había que averiguar bien todo antes de hacer algo.
Llegamos a las tierras uruguayas el jueves 14 de abril y nos hospedamos en la casa de una paciente mía de Buenos Aires, que por un precio súper cómodo, nos alquiló por cuatro noches en Ocean Park. La casa esta a unos 200 metros de la playa y desde allí se ve y escucha el mar. Apenas llegamos al lugar yo comencé a sentir que había algo extraño, una energía que tironeaba desde el norte. Entonces, esa misma tarde fuimos a la playa los cuatro y decidimos averiguar a través de un viaje chamánico si había que hacer un psicopompo en el lugar y quiénes eran, si eran aborígenes atrapados. A las cuatro personas que averiguamos nos dijeron que eran aborígenes de la zona y que estaban hacia el norte, alejados de la zona en la que estábamos pero que había que llamarlos para que se acercaran, y que además eran muchos y estaban muy enojados. A los cuatro nos dijeron, además, que el psicopompo debía hacerse el viernes a la tarde noche, como a eso de las 19 horas cuando el sol estuviera cayendo y la luna estuviera saliendo. Así lo organizamos.
El viernes 15 de abril de 2022 a las 18,45 horas, mientras la luz del sol se estaba yendo y la luz de la luna comenzaba a iluminar la playa de Ocean park, colocamos una vela en la playa y comenzamos el psicopompo.

Los cuatro nos sentamos alrededor de la vela en forma de cruz y le pedimos mucha ayuda al Espíritu del Mar. Teníamos claro que los Charrúas estaban lejos, bien al norte y que había que llamarlos para invitarlos a subir. Comenzamos a llamarlos con el sonido del tambor y al mismo tiempo a pedir al Mundo de los Muertos de arriba que abriera una entrada para que estas almas ingresaran cuando llegaran hasta nosotros y subieran por la luz que se formaba entre la vela y la luz de arriba.
En esos momentos en la playa no había nadie, más que nosotros por suerte. La noche estaba cayendo sobre el lugar y sólo iluminaba un poco la luz de la luna. Los cuatro tambores sonaban fuerte. Pero los Charrúas no venían. Estuvimos un rato haciendo sonar los tambores y llamándolos. Y muy de a poco comenzaron a acercarse a nosotros unos pocos, no más de diez eran. Se pararon en la duna que separaba la tierra del mar y nos miraban, como desconfiados. Les pedimos que subieran y muy lentamente comenzaron a acercarse. En ese momento vi a un Charrúa que se me acercó, me miró muy firmemente a los ojos, vi su gran tristeza, le dije que ahora podía irse, que no hacía falta que estuviera ahí, y subió por la luz hacia arriba pero antes dejó un collar en la arena. A los cuatro se nos acercaron pocos en esa oportunidad y subieron. Frenamos de tocar los tambores, conversamos un poco de la situación y convenimos que era necesario hacerlo de nuevo, pero que había que irlos a buscar más lejos. Yo los veía al norte de la ruta interbalnearia, en un grupo muy grande, esperando pero muy desconfiados. Los demás también los veían también por esa zona.
Cambiamos las posiciones en las cuales estábamos sentados en la arena, yo me puse de espalda al mar y mirando hacia donde estaban esas almas; volvimos a iniciar el psicopompo, esta vez tocando los tambores al unísono y poniendo una intención más fuerte para que los Charrúas se acercaran y subieran. Le pedimos más ayuda al Espíritu del Mar, para que los llamara y los trajera a la luz. Y ahí comenzaron a venir en grupos más grandes. Vimos mujeres, niños y ancianos que bajaron por la duna detrás de nosotros y comenzaron a subir por la luz, que en ese momento se hizo de color violeta. A mí se me acercó un Charrúa arriba de un caballo, quiso subir con el animal pero lo dejó y subió solo. Luego se me acercó un grupo que estaban en un estado medio nauseabundo, con un olor muy fuerte, les pedí que subieran, que ya no hacía falta que estuvieran ahí, y por suerte subieron a la luz. Uno de los alumnos vio como los que subían, antes de hacerlo, enterraban cosas en la arena. Los vimos con mucho enojo a todos los que subieron.
En un momento todos sentimos una sensación de tristeza muy intensa que provenía de esas almas que estaban subiendo. El estado en el cual estaban esas almas era muy denso; también detectamos que estaban muy enojados ya que les habían quitado todo lo que tenían.
En lo personal conté unos 50 Charrúas que subieron a la luz. Los demás contaron algo parecido. Entendimos los cuatro que había muchos más por subir, y que este psicopompo era sólo el principio de un trabajo que había que realizar con estas almas que tenían que subir y salir de la situación de atrapamiento en la que están.
Cuando finalizamos el psicopompo todos nos sentimos cansados. No fue fácil, los Charrúas no estaban muy predispuestos a subir e irse. Hubo que hacer mucho esfuerzo. Seguramente por eso sólo unas decenas se acercaron y subieron por la luz. Seguramente en los próximos psicopompos que se realizarán en Uruguay durante 2022 el pueblo Charrúa iniciará un nuevo recorrido hacia un lugar más luminoso para ellos.
Bendiciones!!!
Martín Armando
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