La realización de psicopompos masivos en diferentes lugares de América y de Europa que se vienen llevando a cabo ha despertado algo nuevo en miles de almas que están atrapadas hace mucho tiempo y no pueden seguir su camino; algunos dicen que es por el sonido de los tambores que llegan mucho más lejos de donde se tocan; otros dicen que es el Espíritu de la Tierra queriendo limpiar las zonas donde hay almas atrapadas; la verdad yo aún no lo tengo muy claro a esto. Lo único que sé es que cada vez hay más demanda de hacer psicopompos masivos en diferentes partes del mundo. Este que relato aquí es uno de ellos y claramente no estaba en mis planes hacerlo.
En el caso de Uruguay, país de América del Sur, se comenzó en abril de 2022 con el pueblo originario de esas tierras, los Charrúas. Se realizaron tres psicopompos masivos en Punta del Este y parece ser que aún quedan muchos más en la zona de Paysandú, ciudad lindera a Colón (Argentina) en la zona del río Uruguay. Este trabajo se está organizando lentamente para poder darle un fin al tema de los Charrúas.
Los psicopompos que se realizaron en Punta del Este dieron luz a un grupo muy grande de almas atrapadas en la zona de la Barra del Chuy, pueblito uruguayo lindero con la Barra do Chuí (pueblito brasileño lindero a Uruguay). Los espíritus le mostraron a Diego (uno de mis alumnos) la existencia de esas almas atrapadas en julio de 2022 cuando estábamos en Punta del Este. En mi caso me los mostraron a principios de octubre de 2022 y solo vi un grupo pequeño, pero suficiente información como para ir organizando un viaje a la zona. Este viaje se concretó el sábado 29 de octubre de 2022, día que fui a la Barra del Chuy con Matías a ver qué había realmente ahí y a concretar un psicopompo en el caso de que fuera necesario. Y como siempre me sucede, la sorpresa fue enorme. Yo creía que en la zona podía haber pocos Charrúas que aún no habían subido en los psicopompos anteriores y algunos pocos esclavos negros traídos de África pero en verdad me encontré con decenas de esclavos negros en el ingreso a la Barra del Chuy y en el fondo del mar, muy cerca de la playa.
La intención que yo tenía era estar en la playa del Chuy el sábado por la mañana pero el día anterior una imagen me llegó de la nada y me mostró que íbamos a estar allí luego del mediodía; yo en ese momento no lo creí porque la idea era levantarnos a las 7 de la mañana y a eso de las 10 u 11 de la mañana estar en la playa (entre Punta del Este y el Chuy hay 230 kilómetros). Sin embargo, el sábado a la mañana cuando estábamos por salir del departamento e intenté abrir la puerta me doy cuenta de que la cerradura se había trabado y la puerta no abría. Me quedé helado por la situación. Tardamos unas tres horas en resolver el problema y como me habían mostrado un día antes, pudimos llegar a la playa del Chuy a eso de las 14,30 horas. Obviamente los Espíritus saben muy bien en qué momentos se hacen las cosas.
Al llegar nos sentamos en la playa en unas sillas que habíamos llevado; no había casi nada de gente ni en la arena ni en el agua; sólo había unas hormigas voladoras muy molestas pero que no incomodaban demasiado. El día estaba muy soleado y hacía como 30 grados de calor. Nos pusimos a tomar mate y a disfrutar del día; intenté meterme al agua pero estaba fría por lo cual me quedaba sentado la mayor parte del tiempo. Pasó casi una hora de estar allí. En un momento comienzo a sentir algo muy raro alrededor de mí; no supe qué era pero me hizo parar de la silla e ir hacia el mar. Cuando llego hasta el agua lo veo a Anubis delante de mí y me dijo categóricamente “Hace lo que viniste a hacer”. Desapareció. Yo me quedé como al niño que lo retan por portarse mal y me regresé enseguida a la silla para ver cómo hacía el psicopompo. Evidentemente era eso lo que tenía que hacer, no estar ahí paveando ni de vacaciones. Pensé unos instantes qué hacer, ya que no tenía en la mano ni el tambor ni la maraca ni nada. Pero algo que vino del viento del Este me dijo: “andá a la orilla del mar y desde ahí levantalos”. Yo no podía creer lo que escuchaba. Lo hice, me fui hasta la orilla del mar, lo invoqué a Anubis y con la técnica del viaje chamánico comencé a tratar de ver dónde había almas en la zona. Yo me paré frente al mar pero Anubis me llevó rápidamente hacia unos 400 metros sobre la tierra, donde comenzaba el pueblito. Ahí vi a unas 30 personas de color negro, que claramente eran esclavos porque estaban desnudos y encadenados, uno detrás del otro formando una fila. Vi hombres y mujeres. Las caras de ellos eran de tristeza pura; estaban como detenidos en el tiempo. En ese momento le pedí a Anubis me ayudara a subirlos pero comencé a invocar a la luz del Mundo de los Muertos de Arriba para que descendiera. Esperé hasta que esa energía estuviera allí (la vi como un tubo de luz que bajaba hacia el lugar) y le pedí a Anubis ayuda para levantar a esas almas hacia la luz. Anubis con su bastón comenzó a sacarlos del lugar y a hacerlos subir; yo soplaba y soplaba para que esas almas fueran hacia la luz y subiera. Se logró que todos subieran porque ya no los vi más en un momento, como si la zona se hubiera limpiado. Luego de eso, Anubis me llevó hacia la playa nuevamente y me dijo: “esperá, frena”. No entendí en ese momento pero abrí los ojos, me di vuelta y justo detrás de mí pasaba caminando un grupo de personas. Cuando terminaron de pasar cerré nuevamente los ojos, me concentré otra vez y me dirigí hacia el mar, descendiendo lento, a unos 300 metros de la playa. Fui despacio porque la verdad no sabía para qué iba hacia ese lugar. Pero cuando llegué me quedé sorprendido: vi un grupo muy grande de negros esclavos en el fondo del mar; estaban como agarrados a algo que parecían dos barcos pero la verdad no sé bien qué eran esas estructuras. Sí los vi a ellos encadenados y estaban como enterrados además. La imagen era calamitosa; la energía que había allí era de un sufrimiento tan grande que me asustó un poco. Al darme cuenta de la gravedad de la situación le pedí ayuda a Anubis, que me ayudara a cortar esas cadenas y que los sacara del lugar. No sé de dónde saqué fuerzas para hacerlo porque la energía era muy densa; había mucho sufrimiento en ellos y esas almas estaban muy atrapadas; vi hombres y mujeres jóvenes. Comencé a mover la energía para que salieran de allí; fui como hacia el fondo a levantar la arena y que se removiera todo, pero me era muy difícil. En un momento veo unas cadenas y a varias almas agarradas a la misma, entonces tomé una de las cadenas y comencé a tirar hacia arriba; recién allí algo se comenzó a mover. En ese momento pedí que la luz del Mundo de los Muertos de Arriba se intensificara y vi que todo el lugar comenzó a llenarse de una luz no muy clara, diáfana, pero que los absorbía hacia arriba. Me di cuenta en ese momento de que algo fuerte se venía y tomé consciencia de mis pies en la arena en la playa y los hundí bien como para que esa fuerza que se venía no me arrastrara. Me anclé bien en la arena y de repente vino una energía muy fuerte desde arriba que hizo que subieran a la luz muchas de esas almas. Físicamente yo seguía parado en la playa con la cabeza hacia el mar, como se ve en la foto; lo que sucedía detrás de mí ni lo registré.

De un momento a otro todo el lugar se hizo luz y vi decenas de personas subir por la luz; claramente esas almas eran esclavos africanos traídos (secuestrados) en barcos hasta ese lugar y muertos ahogados ahí. Sentí la fuerza de esa luz llevarse a esas almas, sentí algo muy lindo que estaba sucediendo en esos momentos. Sin embargo, uno de ellos se me acercó mucho, hasta lo sentí físicamente. Era un hombre no muy viejo, era alto y tenía encima una piel de león muy imponente, parecía un chamán, un hombre poderoso, un líder de su gente; vi sus collares y le vi la cara pintada de rojo; me quedé impactado. Me miró y me dijo que había más de ellos allí y que él no se iba hasta que todos se fueran. Le dije que seguiría subiéndolos, y desapareció. La luz del Mundo de los Muertos de Arriba seguía limpiando el lugar como si fuera un tubo de luz que absorbía todo, hasta que de un momento a otro no quedó nadie, o por lo menos eso vi yo. Abrí los ojos y miré hacia el mar. Una sensación de tranquilidad enorme me abrazó todo el cuerpo; sonreí porque sabía con certeza que se había hecho el trabajo. Me di vuelta y regresé caminando a la silla de la playa pero parecía que estuviera flotando. Me senté allí unos momentos; Matías me miraba y me preguntó qué había pasado; le dije algunas palabras pero no recuerdo qué porque realmente yo estaba en otro estado. Me senté y respiré. Pero algo me llevaba al mar, mi atención se iba al mar; tomo conciencia de eso y de repente veo flotando sobre el mar, muy cerca de las olas, la imagen de Yemanya, la diosa del mar. La verdad quedé muy sorprendido por eso porque no es alguien en la cual piense o crea. Yemanya me pasó un mensaje muy claro; me dijo que el primer día del año próximo debía dejar flores rojas en el mar. Yo no soy de rituales ni mucho menos pero le dije que sí, que lo haría. Desapareció. Yo me quedé como atrapado por su energía de amor.
Pasaron unos minutos y con Matías nos pudimos a jugar en la playa; esta actividad me sirvió para sacarme de la mente lo sucedido, que realmente fue muy intensa. Jugamos un rato y luego nos metimos al agua; cuando entro al mar veo delante de mí a uno de los esclavos y me dice: “Ahora vamos a hacer un sepelio”. Quedé impactado con el mensaje. Lo entendí como que ahora ellos iban a poder hacer un tipo de ceremonia porque ya estaban liberados. Dijo eso y desapareció. Yo me bañé con las olas del mar, me limpié y agradecí al Gran Espíritu haber podido haber hecho ese trabajo. Sin embargo tenía claro en ese momento de que en la zona hay que hacer más psicopompos porque hay más almas atrapadas buscando liberarse y seguir su camino. Las averiguaciones posteriores que se realizaron a este psicopompo dicen que a mitad del verano próximo hay que continuar en la zona; allí estaremos seguramente con la ayuda de los Espíritus de luz.
Bendiciones!!!
Martín Armando
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