Desde marzo del 2022 varias personas que hacen chamanismo en Puente Mágico comenzaron a recibir informaciones sobre la necesidad de realizar psicopompos masivos con esclavos en Brasil. Hasta ese momento sólo se habían liberado esclavos en Miami entre 2020 y fines de 2021. Luego de ese trabajo en Miami, la necesidad de abordar esa cuestión se hizo más presente y los espíritus se comunicaban con varios de nosotros para que vayamos a Brasil.
Comenzamos ese trabajo en El Chuy, una ciudad fronteriza entre Uruguay y Brasil frente al océano Atlántico, y se finalizó ese trabajo el 1 de febrero de 2023. Sin embargo en varios de los psicopompos del Chuy aparecía la información de que había que ir al norte de Brasil, que ahí había muchas almas atrapadas por la misma cuestión del esclavismo. Para dar una breve idea de la cuestión, entre 1525 y 1870, se secuestraron más de 11 millones de personas de África, para llevarlas forzozamente a América, y casi la mitad de ese número de almas fueron llevadas a Brasil, para trabajar en plantaciones de caña de azúcar, café y algodón. En ese período de tiempo la población del continente africano fue expoliada por los europeos (españoles, portugueses, ingleses, holandeses, entre otros) para ser llevadas como esclavos a América. Evidentemente muchas de esas almas que murieron traumáticamente durante ese período no pudieron subir a la luz y quedaron atrapadas entre este mundo y el Mundo de los Muertos.
En lo personal, durante varios años una persona muy allegada me decía que yo debía ir a Porto de Galinhas, a conocer el lugar. La insistencia de esta persona me sorprendía porque hay muchos lugares lindos en Brasil y ese sitio no me llamaba la atención. Pero en febrero de 2023, luego de finalizar los psicopompos en Florianópolis, la información se hizo muy clara: había que ir al norte de Brasil a continuar el trabajo con los esclavos. Y el lugar donde llegaron los primeros esclavos a Brasil era la zona de Pernanbuco, donde está Porto de Galinhas.
El 11 de julio de 2023 llegamos a Brasil Ana, Valle, Diego y Yo. Fuimos directamente desde Recife a Porto de Galinhas en una combi a una posada frente al mar. Allí nos instalamos. Nuestra idea original era alquilar un auto en el aeropuerto de Recife para poder movernos con libertad por la zona (de hecho teníamos un auto alquilado) pero cuestiones de los espíritus hicieron que perdamos la reserva del auto, tomáramos una combi y nos quedáramos quietos en Porto de Galinhas, en la playa de la posada, donde finalmente hicimos todos los psicopompos.
En las averiguaciones previas al viaje a Brasil nos indicaron a varios de nosotros que los psicopompos había que hacerlos en la playa, donde había muchas almas, en el mar, donde también había almas atrapadas pero además en la zona norte del lugar, en una playa que se llama Praia de Gamboa, al inicio de Praia de Muro Alto, donde desemboca el río Ipojuca y hay una refinería de petróleo. Varias veces nos dijeron nuestros maestros y animales de poder que esa zona era muy densa y había que limpiarla.
El primer psicopompo estaba organizado para el jueves 13 de julio; sin embargo, el miércoles 12 por la mañana, estando nadando en el mar, aparece Jemanja y nos dice muy claramente que había que comenzar ese mismo día, por la noche y en la playa frente a la posada, que no iba a haber tiempo sino. Yo en ese momento no entendí la razón del tiempo pero hice caso y le dije a los demás que íbamos a comenzar ese mismo miércoles 12 de julio. Le avisé también a todos los que iban a participar a distancia. Esa misma tarde realizamos varias averiguaciones sobre lo que había que hacer en el psicopompo de la noche, y para sorpresa nuestra aparecieron varios espíritus Oriyas en el borde del mar diciendo que iban a ayudarnos en el trabajo.
Al inicio de la noche del 12 de julio de 2023 nos ubicamos en un círculo en la playa, muy cerca de la posada, en un lugar donde no había nadie y pusimos los elementos para realizar el primer psicopompo en el lugar.

A las 19:45 horas comenzamos a sonar nuestros tambores y a pedir que se formara el tubo de luz entre la luz de la vela y la luz del Mundo de los Muertos de Arriba. Nuestra intención era sacar a las almas que estaban en la playa, a esos íbamos a llamar con el sonido del tambor y con nuestras canciones de poder.
Al principio del psicopompo costó que se acercaran pero al rato, a los dos minutos, empezaron a llegar almas que estaban cerca y comenzaron a subir. Para mi sorpresa, una fuerza bien intensa me agarró y directamente me llevó para la zona de las plantaciones de caña de azúcar que había a un kilómetro hacia dentro de la tierra; mi sorpresa fue grande porque creía que debía estar en la playa sacando almas, pero me llevaron a esa otra zona. Cuando llegué vi muchas almas de esclavos negros y me pedían que los liberara; entonces comencé a soplarlos hacia el tubo de luz que se había formado en la playa; era un tubo de luz extraño, de un color violeta al principio y después se hizo un tubo de luz muy verde, un verde de sanación muy lindo. De la zona de las plantaciones saqué muchas almas de esclavos; cuando terminé ahí volví a la playa, más hacia el lado de Porto de Galinhas, y vi algunos negros que estaban atados, otros encadenados, y también vi blancos que los traían; subieron todos. Luego me metí al mar y saqué algunos de abajo del agua que salían desnudos, me llamó la atención eso.
En un momento del psicopompo apareció una energía muy oscura del norte pero, por suerte, nos protegieron y se alejó.
Las almas de los esclavos siguieron subiendo mientras sonaban nuestros tambores y la sensación que transmitían todo el tiempo era «por fin recuperamos la libertad, por fin la libertad» y estaban muy agradecidos por lo que estaba sucediendo. El psicopompo duró casi veinte minutos. Al final quedamos todos muy cansados.
Pilar, que participó desde Madrid, nos relató luego: “Cuando llegué vi la luz de la vela y al poquito ya vi que se formaba el tubo de luz, arriba era más ancho y se veía muy luminoso. Luego, a la mitad de estar haciendo el psicopompo, lo vi más amarillo y más intenso. Vi esclavos, la gran mayoría de ellos enfermos y que murieron a latigazos. Vi niños también. Muchas mujeres con mucho sufrimiento, murieron con muchísima pena, algunas abusadas. Vi a unos niños con ojos claros que eran mulatos y que también fueron muy golpeados. Anubis ayudó bastante. Vi a Jemanjá, la vi mulata. Casi al final vi un círculo alrededor de la vela, vosotros dentro y, por fuera, seres de luz que os estaban protegiendo para que subieran. Hacia la mitad vi unas manos arriba de la luz, que se hacía más ancha de color amarillo muy intenso, y sujetaban la copa de luz. Ya al final, apurando, que se dieran prisa. Al lado del tubo de luz, donde estaba el guardián del Mundo de los Muertos de arriba ayudando; vi a Jesús metiendo prisa para que subieran. También vi al Espíritu de la Tierra que estaba ayudando. Hubo muchos esclavos que no llegaron a puerto porque estaban enfermos y los tiraron”.
Diego, que estaba presente en la playa, al final contó: “Empecé poniendo mucho énfasis en hacer el tubo de luz y empecé a ver cómo se hacía cada vez más grande y de un color verde intenso que lo recubría, no sólo era un color sino que era una energía que estaba ayudando. Notaba que las almas estaban cerca pero no se animaban, como si tuvieran miedo. Hasta que en un momento vi que desde Porto de Galinhas se empezaron a arrimar. A mí me agarró Jemanjá, me llevó hacia el mar y me hizo sacar muchas almas de esclavos que estaban metidas en el barro. Empiezo a subirlas, me sumergí y las saqué. Las veía entre pedazos de madera de barcos y enredadas en redes o cadenas que me hacían cortar. Cuando las empezaba a liberar, Jemanjá me ayudaba a traerlas hacia el tubo de luz. Empecé a subir y ahí empecé a ver que todas estas almas que estaban en Porto de Galinhas venían como en procesión, muchas almas de hombres y mujeres. Yo veía sólo negros y que subían, que subían, que subían… Detrás de Valle y Ana había una mujer, detrás de Martín había una virgen negra y, detrás mío, un hombre que les indicaban cómo subir. Vi un aluvión de almas, eran muchas. Me llevaron hacia Porto de Galinhas a traer más de todas estas almas que venían en una procesión. Al rato vi que, desde el Norte, una nube negra se empezaba a arrimar hacia nosotros con mucho enojo, empecé a sentir que lloraban muchas almas pero que, en este psicopompo, todavía no era el momento de sacarlas por esa energía negra. Al irlas subiendo, también empecé a ver que por detrás de Martín venía un aluvión de almas, hasta que terminó. En un determinado momento vi que desde el tubo de luz hacia el mar se armaba un camino de luz y, con Jemanjá, empecé a hacer que vengan, pero también las demás almas las llamaban y ayudaban a subir.”
Valle, que también estaba presente expresó al final: “Armamos el tubo de luz, empezaron a venir del lado de Porto, muchos, muy despacio primero, pero muchos. Algunos se detenían, vi una mujer con unos chicos que se tomaron el tiempo de observar y después se empezaron a subir. Tuve que ir a buscar a muchos del mar; Jemanjá alumbraba y unos espíritus los ayudaban a subir. Veía todo el tiempo alrededor nuestro, como sobrevolando, un espíritu de color negro con los ojos pintados de blanco que nos protegía y ayudaba a las almas a elevarse”.
Manuel, que estaba en Mar del Plata, nos comentó al final: “Llegué a la playa, empecé a pedir que se formara el tubo de luz. Vi que se formaba despacio y que era una luz medio violeta. Empecé a pedir ayuda, seguí pidiendo que se forme la luz, insistí hasta que se formó bien el tubo. Y empecé a ver que salían de la arena algunas almas de negros esclavos, muy lentos, muy aletargados. Empezaron a salir un montón. En un momento me fui para el mar, me metí y vi un grupo de unas diez almas que estaban con unas cadenas, el Espíritu del Mar me ayudó a cortarlas y esas almas se fueron hacia la luz. Después, a la derecha de donde estaban ustedes, hacia el Sur, vi una fosa y había muchas almas ahí. La imagen que se me venía era que los habían prendido fuego, como si estuviesen enfermos, apilaron los cuerpos y los prendieron fuego, horrible. Empecé a sacar las almas de ahí, pedí ayuda, apareció Anubis y me ayudó a terminar de sacarlas. Después, atrás de ustedes, vi un grupito de cinco aborígenes semidesnudos, con adornos muy coloridos, les veía unas plumas rojas, amarillas, verdes. Y me decían ‘estamos en la selva, estamos atrapados en la selva’, yo les decía que suban y no querían, querían que vayamos a la selva a sacarlos de ahí. Les insistí un poco y subieron tres, los otros dos desaparecieron, fue muy raro. Luego me hicieron meter abajo de las casas que estaban atrás de ustedes y había almas atrapadas abajo, en la tierra, así que fui sacando las que veía. Después volví al mar y el Espíritu del Mar me iba mostrando algunas almas que estaban solas y las fui llevando a la luz. En un momento me acerqué al túnel que se empezó a hacer muy ancho, lo vi muy grande y el Espíritu del Mar seguía sacando almas de adentro del agua y las empujaba hacia la luz, y en un momento era un túnel gigantesco y muchísimas almas subiendo. Hasta que me dijeron que ya estaba, que me vuelva. El túnel se empezó a hacer chico y me volví. Me fui a hacer un desmembramiento y le pregunté a mi Maestro qué pasaba con esos aborígenes y me dijo que sí estaban en la selva, que había una energía muy densa que los mantenía ahí atrapados. Le pregunté si había que hacer un psicopompo ahí y me dijo que no era momento, que no se podía y que era peligroso».
Finalmente Ana, que estaba en la playa, relató: “Al principio me pareció que costaba un montón que vinieran, como si estuvieran muy desconfiados, yo percibía que era miedo y no se acercaban mucho. Al rato, de golpe, la luz se empezó a hacer más grande y empecé a percibir que estaba Jemanjá muy cerca, el Espíritu de la Tierra, Anubis y unos espíritus oriya que los vi hombres que habilitaban o hacían unos caminos para que vinieran las almas, les daban confianza para que se acercaran. Anubis me llevaba todo el tiempo para el mar, me decía que tenía que levantar a los que estaban en el fondo del mar y, cuando me metí, había mucha gente atrapada debajo de barcos, también muchos estaban encadenados y tuve que cortar todas esas cadenas. Después empecé a ver, por la playa, que venía mucha cantidad de gente también con cadenas, en muy mal estado, como si casi no tuvieran ropa o estuvieran muy abandonados. No los percibí enfermos, sino como si los hubieran dejado sin comida, sin agua y murieron en ese estado de abandono y encadenados».
Cuando finalizamos este primer trabajo todos nos dimos cuenta de que había mucho trabajo para hacer, que había muchas más almas que debían subir y que debíamos tener mucho cuidado con esa energía del norte que nos atacó en un momento. Nos fuimos a dormir y a esperar más información sobre el siguiente psicopompo en el lugar.
A la mañana siguiente nos levantamos muy temprano y fuimos a la playa. Les pedí a todos que intentáramos averiguar dónde y cuándo había que hacer el próximo psicopompo. Luego de consultar con nuestros maestros y con Jemanja, a casi todos nos dijeron que se debía trabajar ese mismo día, en el mismo lugar y comenzar a las 20 horas. Y así lo dispusimos. Le avisé a los demás miembros del grupo psicopompo que trabajarían a distancia y todo se organizó para ese momento.
A las 20 horas del 13 de julio iniciamos el segundo trabajo de psicopompo en la playa de Porto de Galinhas. Los cuatro que estábamos en la playa nos sentamos en círculo alrededor del farol con la vela y comenzamos a hacer sonar nuestros tambores. La noche estaba muy tranquila, sólo había un poco de viento. La gente local nos había dicho el día anterior que nosotros habíamos traído el buen tiempo porque hacía muchos días que estaba lloviendo y era raro este buen clima.
En este psicopompo invocamos fuertemente a Jemanja y a los Oriya que estaban en la zona porque eso nos habían dicho en las averiguaciones previas. Al empezar a hacer sonar los tambores y cantar nuestras canciones de poder los invocamos. Entre todos pedimos que se hiciera un tubo de luz entre la luz de la vela y la luz del Mundo de los Muertos de Arriba. El tubo se hizo rápido esta vez, como si hubiera mucha ayuda para que las almas subieran. En lo personal lo invoqué a Anubis y apareció muy rápido; me llevó hacia el norte de la playa a elevar esclavos que estaban ahí dando; los vi con cadenas en sus pies y cuellos. Luego me indicó que fuera nuevamente a la zona de las plantaciones, a unos 10 kilómetros de playa hacia el oeste. Ahí vi muchas almas en fosas con una energía de tristeza muy profunda. Con Anubis sacamos a esas almas y las llevamos hasta la luz de la playa. Luego fui hasta el mar, hacia abajo, y ahí comencé a ver muchas almas de negros esclavos en las profundidades, los saqué de ahí y los llevé hasta la luz. Jemanja ayudaba mucho a hacer que las almas se acercaran a la luz y subieran. En un momento que estaba entre el mar y la playa miro hacia arriba y comienzo a ver unas luces que bajaban del cielo, me sorprendió porque no entendía, pero al mirar bien veo como unos seres que parecían ángeles que bajaban ayudar. Los vi como si agarraran a muchas almas y las subieran. Los sentí como espíritus psicopompos de muy arriba que bajaron a ayudarnos. En este psicopompo fueron ciento de almas de esclavos que subieron. Cuando terminé tuve la clara sensación de que ese había sido el último trabajo en forma presencial en la playa.
Ana, también estaba en la playa, al final relató: «Antes de empezar vi al Espíritu de la Tierra que me dijo que este iba a ser el último psicopompo que haríamos en la playa, no sé por qué, eso me sorprendió. Después empecé a ver muchas mujeres y hombres orishas muy alegres, con mucho deseo de que esto pasara. La vi a Jemanjá ayudando con mucha energía, lo vi a Anubis. A mí me llevaron al mar. Entre Anubis, Jemanjá y yo hacíamos una especie de luz verde sobre el mar, la levantábamos como en olas y empezaban a venir de abajo las almas de las personas que quedaron ahí. En un momento hice un túnel de luz para que se fueran (porque eso me lo habían pedido a la tarde) y vi que algo los absorbía y los llevaba hacia arriba. Nosotros seguíamos haciendo esa luz verde, al principio yo estaba flotando arriba del mar, y después Anubis me dijo que tenía que ir al fondo. Me llevó muy al fondo y mucho más atrás de donde estaba trabajando, había muchos más barcos, mucha más gente. Después, hacia donde estaba la zona densa, tenía que sacar almas por el borde, parecía que alguien había hecho una especie de barrera para que toda esa oscuridad no se viniera, y yo saqué algunas almas desde abajo. Pero vi que muchas otras quedaron ahí encadenadas o atrapadas, había una energía que las absorbía. Después vi algunas cosas densas que vinieron de ese lado a atacar y las tuve que sacar con Anubis.”
Manuel, que estaba en Tandil, Argentina, expresó al final: «Llegué al lugar, vi la luz que se estaba formando como un remolino blanco muy luminoso, vi también que había almas esperando a subir, muchas almas. Y una vez que se conectó la luz de la vela con la luz del Mundo de los Muertos empezaron a subir, venían de todas las direcciones. Vi muchísimas almas subiendo. En un momento fui para el mar, me agarró el Espíritu del Mar, me llevó al fondo y levantó una embarcación, debajo había muchas almas de esclavos que empezaron a ir hacia la luz. Después me fue llevando por dentro del agua hacia el sur, sacando algunas almas que estaban en el agua. En la playa vi grupos de blancos también que estaban yendo hacia la luz. Vi que, alrededor de la luz, se formó una campana azul, como una protección para ustedes que estaban ahí, y eran tantas almas subiendo que también me metí dentro de esa campana, haciendo fuerza para que suban. En un momento mi Maestro me sacó de ahí y me llevó para el oeste, me llamó mucho la atención, me impactó ver niños encadenados con grilletes y un grupo de hombres con una cadena larga con grilletes en el cuello. Les corté las cadenas y se fueron todos hacia la luz. Lo vi a Anubis dando vueltas alrededor del tubo, subiendo almas muy rápido, con mucha fuerza. Luego, la cantidad de almas se estaba reduciendo, aunque todavía seguían subiendo, y el túnel seguía formado pero me dijeron que me vuelva. Me pareció que subieron muchísimos, cientos y cientos».
Paula, desde el Bolsón, Argentina, expresó: «Estuve a un metro por fuera de su círculo, sosteniendo. Apareció mi Maestro Yogananda a mis espaladas, protegiéndome a mí y a toda la situación. Se encendió con una luz como un faro muy fuerte. Venían hombres desde el mar y subían, y mujeres y niños por la arena de la playa. Cuando él se encendió llamando más almas, aparecieron algunos desde la tierra, por detrás nuestro. Subieron muchísimos. Fue una visión bastante tétrica, estaban con ropas rotas, caras de tristeza profunda, como si tuvieran quebrada el alma».
Finalmente Victoria, desde La Plata, Argentina, nos dijo: “Cuando llegué a la playa vi un tubo de luz muy grande que abarcaba mucho más que la playa, llegaba hasta una parte del mar y vi muchas almas venir del lado de Porto de Galinhas y muchas del mar. Veía esclavos de tez morena con ropa rota, con cadenas, arrastrando los pies, yendo cansinamente. Me dijeron que había muchas almas atrapadas en Porto de Galinhas y, cuando fui, vi almas como si estuvieran agarradas al piso, al lugar. Vi calles finitas y algunas almas ancladas al lugar, pero también veía inorgas que los agarraban, entonces los tuve que ir liberando, a medida que iba cortando lo que los ataba se iban para la luz. Había un lugar con mucha vegetación, me dijeron que tenía que ir ahí, que había almas que tenían mucho miedo. Cuando me acerqué, me dio la sensación de que eran muchas mujeres escondidas con mucho miedo. Pedí ayuda, apareció Anubis que las convenció para que salgan y, una vez que salió una, empezaron a salir todas, mucho más aliviadas. Después me pasó algo muy loco, vi a una mujer que se me paró enfrente para decirme algo y, cuando le quise preguntar qué necesitaba, sentí que había otra atrás que me estaba queriendo robar algo, me las saqué de encima y las mandé para la luz. Eso fue muy raro. Me llamó la atención la cantidad de almas que no sólo venían de la ciudad sino también del mar. Durante todo esto estaba Jemanjá, como si bailara en el lugar. Me mostraban que las calles de Porto de Galinhas estaban muy sucias, que había mucha energía densa y el agua iba a terminar de limpiar esa energía. Muchas almas con mucho cansancio, tristeza, miedo. Cuando terminé le pregunté a mi Maestra si el trabajo estaba bien hecho y me dijo que sí, pero me volvía a marcar eso, que Porto de Galinhas se tendría que terminar de limpiar con agua, una lluvia muy grande o algo así, que las calles estaban todavía impregnadas de ciertas emociones. Se sintió mucho alivio cuando se fueron liberando las almas».
Al final, la sensación que todos tuvimos fue que se había hecho un gran trabajo de limpieza en este segundo psicopompo. El trabajo duró unos veinte minutos aproximadamente. Sentimos y vimos mucha ayuda por parte de los Espíritus y por esos seres que bajaron de muy arriba para ayudar con el trabajo. Pero quedaba seguir limpiando mucho más aún. La zona norte del lugar, donde estaba la playa de Gamboa iba a ser el gran desafío porque ahí había unas energías muy densas que retenían a muchas almas.
A la mañana siguiente descansamos y nos limpiamos con el mar y el viento. Si bien estábamos en buen estado, el trabajo de los días anteriores había sido intenso y necesitábamos recuperar energía para el siguiente psicopompo. El 14 de julio por la tarde fuimos a hacer un reconocimiento visual de la zona de la playa de Gamboa, donde se iba a hacer el tercer psicopompo al día siguiente. El lugar era una zona horrible, de una energía muy densa. La playa era una conexión entre el mar y un río y frente a la misma había una refinería de petróleo. Estuvimos en el lugar sólo unos minutos y nos fuimos. La zona daba asco energéticamente hablando. Todos nos sentimos muy incómodos en el lugar y nos dolía la cabeza sólo por haber estado unos minutos. Ya nos habían dicho los espíritus que ahí había una entidad muy oscura que había que sacar para poder elevar a las almas atrapadas. No sabíamos si lo íbamos a poder hacer pero lo íbamos a intentar con todas nuestras fuerzas.
El sábado 15 de julio por la mañana iniciamos el tercer trabajo de psicopompo en Porto de Galinhas. Esta vez iba a ser a distancia porque en Gamboa no se podía hacer presencial por lo peligroso que era. En una averiguación previa me habían dicho los espíritus que para limpiar la zona de Gamboa había que ir por el mar y, desde el mar, ir para arriba.
Los cuatro que estábamos en la zona nos acostamos en nuestras mantas chamánicas e iniciamos el viaje hacia el norte, a unos 10 kilómetros de la posada. Los demás que no estaban en el lugar también iniciaron sus viajes para ir a limpiar la zona.
En lo personal llegué a la zona de Gamboa por el mar y me fui rápido para arriba, pedí que la luz del Mundo de los Muertos bajara, y empezó a bajar. Rápidamente vi que había una entidad muy densa en la zona, que tenía muchas capas y se protegía. De a poco empezó a bajar la luz hasta el lugar y a comenzar a chupar almas que estaban atrapadas ahí pero la entidad las retenía. Pedí mucha fuerza y luz para intentar sacar a esas almas hasta que algo se abrió y pude bajar; mientras intentaba hacerlo me dijeron que en el lugar se hicieron sacrificios humanos, especialmente de niños. Al acercarme más encontré un ser diabólico de forma inorgánica y oscura y con muchas almas alrededor agarradas. Con rapidez empecé a sacarlas y subirlas a la luz. Mientras hacía eso vi que empezó a bajar una luz muy fuerte de arriba para ayudar y alguien me dió, creo que Anubis, una espada o un sable, una cosa larga que lo tiré hacia abajo, y vi que se extendió todo como una gran lanza durada; en ese momento me dicen que debía clavárselo a la entidad y cuando me muevo para hacer le veo los ojos diabólicos a ese ser que me quedé casi helado, pero le clave la lanza entre los dos ojos, y esa entidad se abrió, como si hubiera explotado. A partir de eso vi que la entidad se empezó a correr, como si se hubiera desarmado. En ese momento lo veo a Anubis y observo que con la lengua empieza a agarrar las almas que estaban ahí atrapadas, encadenadas, y las fue sacando y llevando a la luz. La entidad estaba medio atontada, desarmándose, pero después se convirtió en una serpiente. Ahí empezó a aparecer Jemanjá que empezó a entrar, me habían dicho que Jemanjá no entraba por la energía diabólica que había y después de eso empezó a entrar su energía, a terminar de limpiar la zona. La entidad se fue yendo hacia adentro, para el lado del continente, pero vi que alguien lo siguió y le cortó la cabeza. Volví, seguí limpiando las almas, subieron y subieron. Cuando vi que ya nada podía hacer salí de la zona y volví a la posada”.
Ana, que estaba también en la posada comentó al final: «Lo primero que a mí me habían dicho en la averiguación era que no había que acercarse abajo, que había que hacer todo volando desde arriba, porque abajo iban a robar almas. Si nos metíamos ahí, íbamos a quedar atrapados. Me habían dado varias herramientas, entre ellas, algo para cortar cabezas, específicamente de umbandas, una espada azul para matar demonios y unas bombas que tenía que tirarle a la entidad. Me habían mostrado que estaba como en niveles o en capas, era un nivel arriba del otro y en esos niveles había umbandas, almas atrapadas, demonios que sostenían esas almas y todo eso estaba manejado por la energía de este bicho que estaba abajo de todo eso.
Cuando salí, me fui por el mar hasta ese lugar, vi que estaba Jemanjá que ayudaba desde la costa, donde está el muro que se ve en esa playa, no estaba dentro del río. Me ayudó Anubis también y me ayudaron mucho unos seres del Norte, y me ayudaron mucho también unos orishas, unas mujeres y unos hombres orishas que estaban todo el tiempo ahí protegiendo y cuidando. Eran los que me ayudaban a levantarme cuando esa energía me iba bajando. Uno de los seres del Norte estaba todo el tiempo conmigo, me llevaba, me hacía tomar distancia y mirar desde afuera. Al principio tenía que dispararle al bicho este y cortar cabezas, sacar de encima las cosas que había. De golpe vino Anubis y me llevó hacia el mar donde estaba Jemanjá y me hizo empujar una energía verde para seguir dándole potencia al tubo de luz. Primero tuve que dar unas vueltas en el aire para hacer ese tubo de luz. Después, Anubis y Jemanjá me vinieron a buscar y me hicieron ir varios kilómetros pasando el río y meterme abajo del mar, había más o menos unos seis demonios grandes que sostenían unas mallas de metal. Debajo de esas mallas estaba lleno de almas de personas que ellos no dejaban salir. Así que tuve que cortarles la cabeza, pelear con cada uno y después levantar las mallas. Cuando las levanté empezaron a salir las almas y me dijeron que las guiara haciendo un surco, que ellos iban a empujar con energía. No vinieron hacia donde estaba el túnel, sino que empujaban con energía. Anubis se acercaba cada tanto, Jemanjá hacía como unas olas de luz verde y empujaba, y ayudaba a que esas almas se acercaran al tubo de luz. Después me llevaron a donde están las plantaciones y me mostraron que había una especie de demonio, parecía un edificio, tenía muchas cadenas en la mano y había muchos esclavos, muchas personas atadas en fila. Así que Anubis me ayudó a matar esa energía y empezar a cortar todas esas cadenas, y empujar también con una luz verde hacia donde estaba el tubo. Cada vez que me acercaba al túnel, empezaba a pelear con cosas que había ahí y nos atacaban. En un momento vi que Diego estaba en problemas, corté una cadena que lo estaba sosteniendo. De vuelta me vinieron a buscar Anubis y Jemanjá, me hicieron ir hacia el mar y empujar con ellos una energía verde que hacía que el bicho se vaya achicando, debilitándolo.”
María del Valle, que también estaba en la posada, comentó: “Antes de empezar invoqué a mis Maestros, a los ángeles protectores y ángeles psicopompos para que nos asistan. Fui por el lado del mar y cuando nos íbamos acercando salió un humo negro muy denso que me tiró para atrás. Después de eso me acerqué mucho al pozo, había una fuerza que me atraía fuertemente. Empecé a cortar, con las espadas, tentáculos que salían de ese bicho, tiraba flechas a las cabezas que tenía, una especie de bomba que me dieron para atontarlo, y ahí despegué almas de los bordes del pozo, de adentro y de afuera, algunas estaban encadenadas, otras pegadas. Muchas iban elevándose por líneas de luz. La presión que sentía en la cabeza era, por momentos, demasiado fuerte. En esos casos me retiraba y pedía claridad mental al Mundo del Norte para darme cuenta por dónde seguir. En un momento se me acercó alguien que me ofrecía un alma nueva. Cuando lo miré era como un agua viva con un ojo. Se la tiré de las manos al mar, le corté la cabeza y salí de ahí. Después me mostraron gente que sostenía esa fuerza oscura desde otro lado y me pidieron que les corte la cabeza. Cuando giré para volver, sentí una sombra detrás mío que estaba por atacarme, me volteé y la corté. Después de eso sentí que esa oscuridad se había debilitado y me volví. Cuando me revisé, tenía tres muertos hechos una bola pegados en el pecho y otro en la espalda que tuve que despegar con la espada.”
Paula, que estaba en El Bolsón, Argentina, relató: “Al principio estuve afuera del círculo de ustedes, vi el inorga sobre la refinería, como una bruma negra que se revolvía. Pero estaba allá. Me metí en el agua, hasta las rodillas, animando a la gente que salía del agua a seguir hacia la gran luz que se formó sobre la vela. Vi que había gente que salía con dificultades del barro del fondo del rio o mar y me metí más para ayudar. Estaba moviendo piedras para que se liberaran y sentí que unas manos de humo negro me agarraban la garganta y me paralizaban. Fue poco tiempo, vino un pez con una espada como hocico, lo cortó y me sacó del agua. Me quedé alrededor de ustedes sosteniendo la luz. Mi Maestro Yogananda, que estaba ayudando a que subieran, me puso una capa naranja en la espalda y me quedé ahí, con las manos abiertas hacia la luz. Al rato sentí que nos rodeaba una nube negra que le molestaba que subieran por una luz potente vertical, sentí pinchazos a través de la capa, pero no me hacían nada. Había que esforzarse un poco en sostener hasta que terminara todo.”
Javier, que estaba en Montevideo, Uruguay, comentó: “Al principio había algo muy oscuro que no dejaba formar la luz, hasta que entre todos juntos la armamos. Esta oscuridad impedía que subieran, como si limitara que se haga el psicopompo. Después empezaron a venir, todos negros, mujeres, hombres, algunos niños. Era muy triste, muy sufrido todo. Fue imponente la sensación posterior, después de subir y subir, una sensación de una paz muy imponente. Y un mensaje que me apareció, que hay que seguir pero con cuidado.”
El psicopompo duró como veinte minutos. Fue una batalla campal contra esa entidad diabólica que se resistía a que no le quitáramos esas almas que tenía atrapadas. Fueron cientos de almas atrapadas que subieron esa mañana. Sin embargo, el trabajo no había terminado, nos quedaba terminar de limpiar la playa y la zona que habían sido plantaciones en la época de la esclavitud. Planeamos ese trabajo, también a distancia, para dos días después, así nos recuperábamos un poco en el mar.
El 17 de julio a la mañana iniciamos el último psicopompo en Porto de Galinhas. Diego y yo estábamos en la habitación del hotel; pusimos la vela en el medio y comenzamos a realizar el viaje chamánico; yo salí de la habitación en dirección al mar y lo empecé a llamar a Anubis; apareció muy rápido en la playa y empezó a bajar una luz muy fuerte del Mundo de los Muertos de arriba con forma de un remolino; nunca había visto una cosa así: un remolino muy grande que giraba hacia la izquierda e iba levantando almas que estaban en el mar, en el aire. También me llamó mucho la atención que había muchas almas en el aire esperando, como atontadas, que habían quedado luego del psicopompo del 15. El remolino se empezó a hacer mucho más grande y comenzó a abarcar mucha superficie del lugar. Luego de eso la energía me llevo hacia dentro del continente, y ahí empecé a ver fosas con gente enterrada, como sin nombre, cementerios de negros sin nombre, todo muy triste. empezaron a levantarse. Vi también una celda muy grande llena de almas aprisionadas con mucho miedo y subieron. Volví a la playa y seguía ese remolino enorme que levantaba un montón de almas. Después volví a la zona de las plantaciones y la luz se hizo como de fuego. Había un bicho ahí que salió bastante rápido. La luz levantaba todo. Y después empezaron a bajar seres superiores, bajaban y levantaban almas, eran muchos espíritus psicopompos. La luz era una luz que atraía, que chupaba a todas las almas que estaban ahí perdidas. Esto duró un rato bastante largo, hasta que en un momento me dijeron ‘ya está’, como si el orden y la energía de la paz hubieran llegado a este lugar, cambió completamente la energía del lugar; ahí terminó y me volví a la manta en la habitación”.
Diego, que estaba en la habitación de la posada conmigo, relató: “Cuando salí, apareció Jemanjá de un tamaño muy grande y me llevó directamente hacia el mar, a un punto medio entre la refinería donde limpiamos el sábado y donde estábamos nosotros. Instantáneamente, bajó una luz muy dorada del Mundo de los Muertos de Arriba. Se armó el tubo de luz y Jemanjá con el Espíritu del Mar empezaron a hacer remolinos que chupaban almas que habían quedado perdidas y dando vueltas posterior a la limpieza que hicimos el sábado, habían quedado ahí atontadas, perdidas. Lo que me sorprendió es que no me hicieron ir a buscar ni nada, sino que me hicieron poner al lado de este tubo de luz, muy arriba, casi en la entrada al Mundo de los Muertos, tocar el tambor y cantar. Y ellos iban y traían las almas. Salían remolinos de agua o de luz que las absorbían. En un momento el tubo empezó a chupar de una manera muy fuerte y se llevó todo lo que había quedado en la costa. Ahí me llevaron muy adentro del mar y me mostraron manchones de sangre, un camino de sangre desde acá hasta África y manchones, y ahí me hicieron quedarme arriba y enviar luz, para que las almas vean la luz, y Jemanjá y el Espíritu del Mar los sacaban y los llevaban hacia el tubo de luz. Lo que me pareció más loco es que, después de esto, me hicieron ir hacia este torbellino de luz que bajaba del Mundo de los Muertos, muy arriba, y empecé a ver que bajaban unas mujeres, como ángeles de una luz indescriptible, con mucho amor, y esta luz empezó a expandirse y empezó a barrer desde el mar todo lo que es Porto de Galinhas y toda esta zona. Bajaba una luz que, de a oleadas, sacaba una oscuridad muy espesa y se la llevaba, y estos ángeles bajaron y empezaron a llenar de luz el lugar. Vi que el mar se ponía de un verde esmeralda muy brillante y el lugar empezaba a brillar. Cuando terminé me transmitieron muchísimo agradecimiento y me dijeron que se había acabado”.
Maxi, que estaba en Londres, relató: “Fui para allá, llegué a la playa, vi que se empezó a abrir el tubo de luz, ya había alguna que otra alma subiendo. Miré hacia el mar, vi un barco en el fondo y un montón de esclavos encadenados entre sí, estaban trepando para tratar de llegar a la superficie. Me acerqué, pedí una herramienta, me dieron una especie de lanza de cuarzo. Cuando me metí dentro del agua, se iluminó e iluminaba todo. Empecé a liberar de la parte de abajo, porque estaban agarrados al barco, y empezaron a salir. Pero había algo adentro del barco que había que sacar. Empecé a abrir, a cortar un poco el barco y apareció un inorga horrible, como una serpiente gigante, me costó sacármelo de encima. Pedí ayuda y apareció Anubis, apareció un chamán del Mundo del Norte y el Espíritu del Mar también. Anubis se metió, empezó a sacar todo, me dio el espacio, me metí, corté lo que había ahí, salí y empezó a salir gente. Todos subían a la luz. Cuando pensé que ya estaba y quise ir a la superficie, vi que había otro más atrás. Y de vuelta lo mismo, cortar, sacar, todos encadenados… Fui a la superficie, me quedé mirando, vi que venían de diferentes lados, no sólo esclavos, sino también algunas personas con unas armaduras. Después me acerqué a la playa y vi unos brazos que salieron de abajo de la playa. Entonces miré y había como una fosa común, un montón de cuerpos de esclavos en el fondo, entonces empecé a ayudarlos a salir. Cientos vi durante todo este proceso. Me quedé con el tambor y, después de un rato, empezó a haber menos. En un momento quedaron unos pocos y ahí empecé a sentir un poquito de tranquilidad, de silencio, incluso empecé a escuchar el mar y sentí todo el lugar despejado, tranquilo.”
Ana, que estaba en otra habitación de la posada, relató al final: «Antes de viajar pedí que aparecieran el Espíritu de la Tierra, Anubis, Jemanjá, mi Maestra, algunos espíritus del Norte y estaban también algunos espíritus orisha. Lo primero que hice al principio fue ir hacia la playa y ahí vi que se empezaba a formar un tubo de luz. Pero enseguida me fui para el lado de las plantaciones y apareció Anubis que me dijo que tenía que ir con cuidado. No imaginé la cosa turbia que iba a encontrar, así que fui medio bajo y vi dos o tres pozos, Anubis se puso al lado mío y me dijo que eran fosas comunes de personas que tiraban ahí. Empecé a sentir que algo me absorbía en una de esas fosas, lo veía como un pulpo gigante, así que empecé a defenderme de eso y a tirarle las bombas que tenía. Anubis me dijo que tenía que atacar pero tenía que irme más alto, no estar tan abajo. Al principio me costó porque sentía que eso ejercía una presión enorme. Empecé a irme para arriba y cuando le empecé a tirar esas bombas vi un par de demonios que me dijeron que les tenía que cortar la cabeza, y de golpe vi que el bicho se metió abajo de la tierra y se fue lejos. Ahí empecé a cortar unas cadenas y unas cosas que había ahí, y empiezan a salir personas, como subiendo por escaleras desde ahí abajo. Después corté unas cosas que había en los otros pozos y empecé a sentir que Anubis me decía que tenía que salir de ahí. Entonces fui para el lado del mar, me llevó para el lado del mar y me hizo empujar, junto a Jemanjá, con una luz verde hacia un tubo de luz que se empezó a hacer desde arriba, desde el cielo, dorado. Y empezaron a bajar unos seres, eran como ángeles, muy luminosos, muy altos. Anubis y mi Maestra me dijeron que, desde ahí, tenía que empezar a hacer unos surcos, irme lejos y hacer unos surcos para que las almas puedan seguir la luz y que era momento de sanar con amor, ya no era momento de ir a buscarlos al fondo, sino de hacerlos ir hacia la luz con mucho amor. Empecé a sentir que esa luz se hacía enorme, yo estaba ahí pegada a Jemanjá. Sentía que todos nosotros irradiábamos amor. Y empezó a aparecer una energía muy potente que bajaba, una luz también dorada y blanca. Sentía que las almas eran atraídas por el amor. Después el Espíritu de la Tierra me dijo que, de vuelta, hiciera unos surcos, con el bastón que me dio Anubis, desde lejos hacia esa luz. Pero que no había que hacer nada, me dijo, simplemente llamarlos con amor y ver que ellos siguieran la luz. Empecé a sentir que todos esos seres, que eran un montón, más estas energías enormes, lo que hacían era bajar una energía muy amorosa desde el cielo, desde un lugar muy alto. Así que solamente fui haciendo eso, iba lejos, adonde me llevaban y hacía unas líneas por el mar y otras por la tierra, me paraba ahí y empezaba a irradiar amor. Después me dijeron que ni vuelva para el lado de las plantaciones, que ya estaba todo eso. Fueron dos momentos muy distintos: en las plantaciones estaba todo re turbio, muy parecido a lo del otro día, sólo que el bicho no era tan grande, pero en un momento se puso muy oscuro (de hecho, después me tuve que ir a buscar unas partes del alma). Y del otro lado, del lado del mar, era otra energía completamente distinta, eran dos mundos distintos. Después de un rato de estar en el mar, sentí que todo se había terminado y que había mucho agradecimiento de esa luz”.
Finalmente, Manuel, que estaba en Tandil, Argentina, relató: “Llegué al lugar, empecé a pedir ayuda y que se forme el tubo de luz en la playa. Apareció Anubis que, con el bastón, revolvía en la arena, y aparecieron unos espíritus psicopompos del Mundo de los Muertos de arriba que ayudaron a formar el tubo de luz desde arriba y se conectó la luz en el suelo, abajo la veía muy dorada y arriba, blanca. Empezaron a venir algunas almas de la playa, no muchas pero veía algunos grupitos que subían. La luz empezó a echar raíces de luz que se extendían por la arena y, por esos caminos que se iban abriendo, iban subiendo más almas. Aparecieron algunas encadenadas y fui cortándoles las cadenas para que suban. En un momento el tubo solo se empezó a trasladar hacia adentro de la tierra, hacia la zona que habías marcado, ahí se hizo muy grande y empezó a chupar almas desde abajo de la tierra. Vi un grupo de unos aborígenes muy antiguos que estaban muy enojados y no querían subir, les pregunté por qué no querían, estaban con mucho odio, queriendo que los que habían hecho todo el desastre paguen. Apareció el Espíritu de la Tierra y los limpió, les sacó una energía densa de odio y ahí empezaron a subir. El Espíritu de la Tierra me dio unas lanzas y me dijo que, desde arriba, se las tire a unas energías que tenían forma de sanguijuelas oscuras, vi dos o tres que eran muy grandes, se las tiré y, cuando les pegué con las lanzas, salieron almas de adentro de esos bichos y subieron. Ahí sí subieron muchas almas. En un momento vi que el tubo se achicaba y el Espíritu de la Tierra iba tocando el tambor, limpiando el lugar, sacando algo de la tierra. Me dijo que la tierra estaba muy bañada en sangre, que había que limpiar todo eso. Iba tocando el tambor, llevando toda esa energía oscura hacia el mar y el Espíritu del Mar la agarraba y se la llevaba para adentro. El tubo se cerró y vi que de la tierra seca empezaban a brotar plantitas, me pareció una linda señal. Sentí mucha calma cuando vi eso.”
En Porto de Galinhas realizamos cuatro psicopompos; dos presenciales y dos a distancia. Al final de todo creemos que se elevaron a todas las almas de esclavos que estaban en la zona y eso nos puso muy contentos por el esfuerzo realizado. Más allá de la batalla que tuvimos que dar contra la entidad diabólica que estaba en la zona de Gamboa se hizo una limpieza bastante profunda de todo.
En Brasil la cuestión de los esclavos aún no finaliza. Hay otros lugares de ese país en donde aún hay muchas almas de esclavos dando vueltas sin encontrar su camino a la luz, Una de esas zonas es Río de Janeiro, que fue un puerto esclavista muy importante durante muchos años. El trabajo en Río se realizará inmediatamente después de que los espíritus lo indiquen y den las indicaciones adecuadas para que sea un trabajo seguro para todos, ya que en Brasil, en casi todos los psicopompos, nos hemos encontrado con energías muy oscuras que están reteniendo a las almas de los esclavos que no pueden ir hacia la luz.
Bendiciones!!!
Martín Armando
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