El 18 de mayo de 2023 a las 9,30 horas de la mañana estaba por tomar un taxi rumbo al aeropuerto de Ezeiza de Buenos Aires para viajar a Madrid y recibo un mensaje de Marina desde Dublín, Irlanda. En esa comunicación ella me decía que había tocado su tambor chamánico en su habitación y que se le había llenado el espacio de almas de los celtas. Me dijo además que no era la primera vez que le pasaba. Ella me contó que les preguntó qué querían y le dijeron que necesitan subir a la luz, que estaban atrapados. Marina los vio con ropaje típico de los celtas, y con cascos con cuernos. Marina, en ese mensaje, me pedía que fuera a Dublín o que hiciéramos algo al respecto. Mi respuesta a su mensaje fue, no puedo ir Marina, luego de Madrid me voy a Nápoles a pasar unos días de descanso en el mar con una amiga; le dije que quizás podíamos arreglar para hacer un psicopompo a distancia a mi regreso del viaje. Ella muy contenta no se quedo, pero lo aceptó.

Al día siguiente, yo ya en Madrid, recibo otro mensaje de ella insistiendo con el tema y mi respuesta fue casi la misma, pero algo me hizo dudar, algo en mi mente hizo ruido. Recuerdo haber salido a la ventana de la casa de Pilar, que da a un árbol muy interesante (y muy parlanchín de paso les cuento), a pensar un poco, pero algo dentro de mí se movió como para agarrar mi teléfono y llamar a iberia para preguntar si podía cambiar mi pasaje de Madrid a Nápoles por Madrid a Dublín en la misma fecha, el 30 de mayo con regreso el 3 de junio. La respuesta de iberia fue: «si señor, usted no puede cambiar su pasaje pagando 500 euros». Obviamente mi respuesta fue: «muchas gracias, viajaré a Nápoles». Luego de cortar la llamada (Pilar era testigo de todo) volví a salir a la ventana y a mirar al árbol, y de repente escucho muy claro: «volvé a llamar a iberia». Me quedé helado, pero agarré el teléfono y volví a llamar. A la mujer que me atendió le pregunté, luego de pasarle el código de reserva: «¿Puedo cambiar mi pasaje?», a lo que la mujer me contestó: «¿qué pasaje señor?, usted no tiene pasaje a Nápoles, su ticket nunca se cobro, revise los movimientos de su banco porque usted no puede viajar a Nápoles». Imaginen mi cara (en ese mismo momento Marina estaba en su habitación de Dublín tocando su tambor pidiendo que yo fuera). Le dije a la mujer de iberia que eso no era posible, que había un error, que yo tenía código de reserva y número de boleto, que el ticket lo había comprado el 3 de diciembre de 2022 y que tenía los mails de iberia. Pero la mujer me contestó que no iba a poder viajar porque ese pasaje no se había cobrado en iberia, que si quería viajar tenía que pagar casi 500 euros por un nuevo boleto a Nápoles. Le agradecí de muy mala gana y corté. Pilar estaba tan asombrada y desconcertada como yo. Miré mi cuenta bancaria, y efectivamente mi pasaje no se había cobrado; la mujer tenía razón (pero en ese momento, porque un mes más tarde descubro donde estaba ese dinero). En tantos años de viajes que llevo nunca me había pasado algo así con un pasaje.

La llame a mi amiga de Italia y con tristeza le dije que no iba a poder viajar, que no sabía qué iba a hacer, que quizás fuera a algún otro lado pero que estaba estupefacto. Luego la llame a Marina y le conté; ella se quedó helada también. Volví al árbol al rato, lo miré y le pregunté qué pasaba («por favor imaginen la situación»), a lo que el árbol me dijo: «andá a Dublín, si vas a Nápoles te van a robar.» Esa respuesta tan contundente del árbol parlanchín resolvió la cuestión. Saqué un pasaje por Ryanair a Dublín en las mismas fechas del viaje a Nápoles. Le avisé a Marina de eso y ella saltaba de alegría al escucharme; no iba a tener que hacer los psicopompos sola.

Tres días después de esa tremenda situación, estaba yo tirado en el sillón de Pilar descansando un rato luego de haber vuelto de unas sesiones, cierro los ojos para relajarme un poco y enseguida comienzo a sentir una presencia femenina muy intensa en la habitación. Me sorprendió. Presté atención y vi a una mujer de tez blanca. La miré bien y le vi ropa medio de nobleza, lo que me llamó la atención. Le pregunté qué hacia ahí y me dijo: «vamos a ayudarte a llegar bien a Dublín.» Pensé en ese momento que eran celtas; esa mujer, que tenía algo de metal en la cabeza, estaba con un hombre que parecía de mucha autoridad. Les agradecí y se fueron. Yo mucho no entendía qué sucedía. Como me quedó la duda le mandé un mensaje a Marina y le conté lo sucedido, y le pedí que averiguara con sus animales de poder si eran «sus amigos los celtas» los que habían estado en la casa de Pilar. Al rato Marina me manda un mensaje y me dice: «no eran celtas, eran ingleses, y esa mujer se llama Catalina, y es una reina». ¡Imaginen mi cara en ese momento! La cosa quedó ahí; yo sin creer mucho en esa información.

Dos días después de eso voy a hacer un viaje chamánico por el árbol de la casa de Pilar y de repente me los encuentro a los dos ingleses parados, como no dejando que entrara. Les pregunté qué quería y me dijeron que querían asegurarse de que yo fuera a Irlanda. Me sorprendió mucho esa insistencia. Les dije que se quedaran tranquilos, que iría el 30 de mayo a hacer los psicopompos. Me dejaron pasar y seguí mi viaje chamánico.

Disculpen lo largo de la explicación pero es mejor entender el fondo de las cosas para comprender por qué suceden las cosas que suceden.

El martes 30 de mayo llegué muy fluidamente al hotel de Dublín que Marina me había reservado; ningún inconveniente sucedió. El taxi que pedí en Madrid estaba esperándome en la puerta de la casa de Pilar al salir 15 minutos antes. Y el bus en el aeropuerto de Dublín estaba estacionado al llegar ahí, subí y salió. Muy fluido todo.

Unos días antes del viaje a Marina le llegó la información de que había que hacer tres psicopompos en Dublín; uno en Malahide (una playa a unos 40 kilómetros al norte), otro en Howth, un acantilado también al norte de Dublín, y el tercero en un cementerio del centro de la ciudad Dublín, y que éste último había que hacerlo a distancia porque era peligroso. Parecía mucho. Yo creía que Marina exageraba con la situación de los celtas pero luego me di cuenta de que no, que la situación era complicada de verdad, por lo que voy a relatar de aquí en adelante.

El miércoles 31 de mayo fuimos con Marina a Malahide en tren. Llegamos a esa pequeña y hermosa ciudad costera a eso de las 10 de la mañana. El psicopompo, que iba a hacerse en la playa, estaba organizado para la tarde; paseamos un rato, almorzamos y luego nos fuimos hacia la playa. Al llegar los dos vimos que el mar se había retirado y había cientos de metros entre la costa y el agua. Nos ubicamos en la zona, tomamos unos mates, Marina se metió al agua y esperamos la hora para hacer el trabajo. La cuestión era qué iba a pasar con la marea cuando nosotros tuviéramos que hacer el psicopompo, porque en la playa que estábamos no se podía hacer porque pasaba gente caminando. No nos quedaba otra que hacerlo lo más cercano al agua y lejos de la gente. Imaginamos que la cosa se iba a ordenar para la hora pero a medida que se acercaba el momento el agua había comenzado a subir muy lentamente; no sabíamos qué hacer ni donde ubicarnos. Finalmente, a la hora que comenzaba el psicopompo nos ubicamos en la arena, a unos 20 metros del agua y a unos 200 metros de la costa; pusimos la vela en la arena, y comenzamos a tocar los tambores como inicio del psicopompo. Pero a los dos minutos Marina pega un grito y dice: «Tincho, nos rodea el agua». Yo abro los ojos y veo que la marea había subido muy rápido y que estábamos rodeados de agua. Levantamos las cosas y salimos corriendo hacia otro lugar, que era mucho más adentro pero que estaba seco. Volvimos a poner las cosas para hacer el trabajo y comenzamos nuevamente. Los dos nos pusimos mirando al mar, pero al rato a mi me dijeron que me pusiera de frente a Marina y de espalda al mar; así hice inmediatamente.

Apenas comenzamos a tocar los tambores y a pedir que conectara el tubo de luz ya había almas alrededor nuestro; fue todo muy rápido, no tenían miedo. En lo personal vi a hombres celtas con sus vestiduras; me di cuenta de que eran de la época antigua, como los romanos los habían descripto en sus relatos. Se acercaban a nosotros, dejaban sus cosas que traían y subían a la luz. Nosotros pensamos que iban a ser agresivos con nosotros pero eran muy pacíficos y estaban dispuestos a irse. Vi mujeres con trenzas rubias y largas. Era muy probable que esa playa de Malahide haya sido muy usada por ellos porque la verdad es que eran muchos los que estaban ahí esperando subir y lo hicieron. Vi a un hombre tipo chaman que se acercó y me miraba; le dije que subiera, miró hacia arriba y subió. Todo era muy tranquilo, más allá del tema de la marea que aún nos amenazaba. Pero en un momento, detrás de mí aparece un barco enorme, que pareció que salió de las profundidades del mar; yo me re asusté porque fue muy repentino. Ese barco me impactó por lo esculpido de sus formas de madera. De ahí comenzaron a bajar muchos hombres celtas y se acercaban a la luz y subían.

Marina vio a una entidad femenina muy extraña que comenzó a ayudar en el trabajo y que salió del mar; más tarde averiguó y se trataba de Danu, una diosa que los celtas adoraban. Muchos de los que participaron a distancia también vieron a una presencia femenina muy fuerte salir del mar. Quizás su aparición ayudó a que los celtas se acercaran hasta la luz dándoles confianza; ya ha sucedido esto con otros espíritus en otros psicopompos, como por ejemplo con la Virgen de la Almudena en Madrid.

Santiago, desde La Plata, Argentina, relató al final: «Apenas llegué, te vi a vos, la vi a Marina y me puse al lado tuyo, a tu derecha, la velita la vi ahí enfrente. Invoqué al Espíritu de la Tierra, que apareció y apareció un alma, o era un espíritu, no estoy seguro, pero era enorme, era un celta enorme, muy grande, con un escudo redondo de madera y metal, y una lanza o una espada. Empezó a llamar a las almas y empezaron a salir del agua algunas y otras venían de atrás. Llamé a Anubis, empezaron a subir de a poco, estaban medio tímidos al principio, después empezaron a subir cada vez más. Ahí el Espíritu de la Tierra me agarra, me lleva al agua y me hace sacar algunas almas del agua. Sentí que el Espíritu del Mar empujaba esas almas para la playa. Aunque, evidentemente, era esa energía femenina. Después, el Espíritu de la Tierra me hizo meter abajo de la arena y sacar almas, como si hubiera huesos enterrados, saqué un montón».

Lucía, desde Montevideo, Uruguay, relató: “Cuando llegué al lugar vi que la luz del túnel era un poco débil, me quedé un poquito ahí intencionando que se hiciera más potente y al ratito eso empezó a pasar. Ahí pedí que me guiaran hacia dónde tenía que ir a buscar y me guiaron hacia el agua. Me metí en el agua, fui a lo profundo y ahí vi una deidad o un espíritu como de piedra pero con figura medio humana, era muy grande y sacaba mujeres de las profundidades y las subía a la superficie, pero se quedaban ahí, entonces empecé a mostrarles que fueran hacia la luz, esas mujeres eran de piel oscura, pelo también oscuro y estaban sin ropa».

Diego, desde Buenos Aires, Argentina, relató: “A mí me hicieron ir y ponerme enfrente tuyo y de Marina pero flotando en el aire. El tubo de luz estaba muy finito y no veía a los celtas, me dijeron que desde el aire empiece a invocar al Espíritu del Mar, que iba a ayudar a que vengan, y que no me acercara porque estaban agresivos. Empecé a tocar el tambor y vi que el tubo finito de luz empezó a envolverse con un color azul medio acuoso, como una energía del mar, y empezó a volverse más grande, como magnético. Ahí vi que el Espíritu del Mar los llamaba y empecé a ver a los primeros que se acercaban. Cuando me quise acercar a ayudarlos, me atacaron, me tiraron cosas, entonces el Espíritu del Mar me dijo que tenía que volver a estar arriba. Me quedé arriba tocando el tambor y veía que el tubo de luz los chupaba. Al principio estaban reacios, como que no se querían ir, como que era su tierra. Incluso algunos salían de abajo de la tierra. En un momento, desde ese tubo, vi que del Mundo Superior bajaba una mujer vestida de blanco y empezó a hacer unos cantos tipo celtas, y ahí se calmaron y subieron».

Cuando terminamos el psicopompo el agua de mar nos había rodeado nuevamente, pero nos había dejado el espacio y el tiempo necesario para hacer el trabajo. Marina y yo quedamos en el medio de mar, sobre una pequeña isla de arena. Salimos caminando de ahí con el agua hasta las rodillas.

Lo cierto de muchos de los relatos de las personas que participamos fue que una gran cantidad de celtas subieron a la luz en esa playa de Malahide. Al mismo tiempo, la ayuda de Danu fue evidente y la de Anubis, el Espíritu de la Tierra y del Espíritu del Mar generaron la energía posible para que esas almas, que estaban ahí desde hacía cientos de años, pudieran encontrar su camino a la luz. En ese psicopompo mucha de la energía de tristeza de los celtas se fue. Nos regresamos a Dublin con una sensación muy linda de haber hecho un buen trabajo; como que sentíamos un gran agradecimiento hacia lo que se había hecho.

Al día siguiente, el 1 de junio a las 17 horas, se iba a realizar el segundo psicopompo masivo con los celtas en los acantilados de Howth; iban a participar unas cuestas personas a distancia y nosotros, Marina y yo, pero en forma presencial. Fuimos en bus desde Dublin a ese hermoso lugar de Irlanda, y a eso de las 11 horas de la mañana ya estábamos en el lugar observando dónde sería el mejor lugar para hacer el trabajo y enviar a los demás la ubicación y algunas fotos para que se ubicaran. Pero un rato después de llegar, aprovechando que había tiempo realizo un viaje chamánico en el lugar y para mi sorpresa me dicen: «el psicopompo hay que hacerlo al mediodía, y vos sólo, Marina no puede estar». Me quedé helado con la información. Me había jurado no hacer un psicopompo solo nunca más, pero fue tan clara la información que no pude decir que no. Le informé a Marina esto, a los demás que estaban en diferentes lugares que se suspendía para ellos, y al mediodía prendí la vela, tomé mi tambor y comencé a hacer el psicopompo ahí.

Invoqué a Anubis y al Espíritu de la Tierra para que me ayudaran; luego llamé al Espíritu del Mar y a ese ser femenino que se había presentado en Malahide, Danu. Les pedí a los espíritus psicopompos que conectaran un tubo de luz desde el Mundo de los Muertos de Arriba hasta la vela, y eso pasó muy rápido. Con el sonido del tambor comencé a llamar a las almas de los celtas que estaban por la zona, que era hora de acercarse a la luz y subir. Estuve unos minutos haciendo eso hasta que comencé a ver que se acercaban algunos desde el mar, como viniendo en barcos. Los vi subir desde el agua hacia el acantilado y comenzaron a subir a la luz. Estaban muy enojados, alterados. No eran como los de Malahide; estos celtas tenían odio; quizás por cómo habían muerto, o quizás por otras razones que no me puse a ver en esos momentos. Conté decenas de almas que subieron, especialmente hombres. Esta vez si pude ver a Danu, que los ayudaba a subir desde el acantilado hacia la luz.

Sin embargo, desde lo más alto del acantilado, detrás de mí, empecé a ver a otras almas, muy diferentes; éstos eran hombres también pero vestidos muy distinto; eran celtas pero como de otra tribu de la zona más adentro de la isla. Habían quedado varados ahí hacía mucho tiempo; eran de cuerpo morrudo, estaban sucios y desarreglados; eran como unas cincuenta almas. De a poco fueron subiendo a la luz pero dejaban sus cosas, escudos y collares antes de subir. Luego apareció un alma de un hombre muy alto, que se paró delante de mi y me dijo que en el centro de la isla había muchos celtas atrapados sin poder salir; me mostró una imagen tres veces como muy insistente. Le dije que iríamos más adelante, que ahora debía subir, pero se fue y no subió. Pero esa alma no era de un celta, parecía más un soldado inglés.

Yo no podía parar de tocar el tambor. Me daba cuenta de que cuando quería parar, algo (creo que el Espíritu de la Tierra), me decía que siguiera. Estuve casi cuarenta y cinco minutos haciendo el psicopompo. Al final pude terminar de hacer subir a todos los que estaban cerca y pare de tocar el tambor. Marina a los minutos se acercó y me miraba sorprendida. Me dijo que a ella se le paro un alma al lado y que le dijo que bajara la cabeza, que ni se moviera. Marina hizo caso por suerte porque para ella la situación era peligrosa; más tarde le hice una sanación kármica en el lugar y apareció información de su pasado en esa isla con los celtas que aún no estaba saldada. Quizás por eso ella estaba viviendo en Dublin y había sido la que inició este proceso de psicopompos en Irlanda.

Yo quedé muy raro después del psicopompo; como que no estaba con los pies en la tierra, como si algo de mí se hubiera quedado en algún lugar. Una semana después, ya en Buenos Aires, me di cuenta de que una parte de mi se había quedado en el acantilado y tuve que ir a buscarme. La razón de esto estaba relacionada con los ingleses para obligarme a volver a la isla a seguir el trabajo pero por ahora prefiero no detallar mucho de esto.

Más allá de lo anterior, nos fuimos de Howth con una buena sensación; de que se había hecho un buen trabajo subiendo a esas almas. Al día siguiente nos quedaba el psicopompo más duro, el de Croppies Acre Memorial Park, un monumento a los muertos por la rebelión de 1798. Sobre este trabajo le habían dicho a Marina que había que hacerlo a distancia y así lo hicimos. Sin embargo, unos días antes fui hasta el lugar para recorrerlo, tomar fotos y enviar la ubicación para que todos supieran dónde era. El parque está pegado al río y frente a aquel está el Museo Nacional de Irlanda. Recorrí primero el parque y luego el museo, que al entrar me asusté porque vi gente colgada en el centro de la plaza. Evidentemente a esas almas también había que sacarlas cuando se hiciera el psicopompo en el parque.

El viernes 2 de junio por la tarde de Dublín se realizó el psicopompo a distancia en el Croppies Acre Memorial Park. Marina y yo estábamos en la habitación del hotel en el cual yo me hospedaba; cada cual en una cama y con la manta chamánica sobre la misma prendimos el sonido del tambor chamánico y viajamos unas dos kilómetros hasta el parque. En mi caso, al llegar llamé a Anubis para que ayudara a formar el tubo de luz desde el Mundo de los Muertos de Arriba hasta el centro del parque. Se hizo ese tubo de luz y me acerqué unos metros hasta el. La luz que bajaba era como un imán que atraía a las almas. Inmediatamente vi a un grupo de soldados armados en formación muy enojados y en un estado lamentable. Les dije que era hora de subir y muy lentamente lo hicieron; se sintió mucha paz cuando lo hicieron. Luego vi muchas almas debajo de la tierra que Anubis sacaba y llevaba hasta la luz. Realmente era todo muy denso; la energía del lugar estaba pesada. En un momento me fui hasta el museo y pude acercar hasta la luz a esas almas que estaban colgadas; fue muy espantoso ver y sentir ese dolor que tenían. Finalmente el tubo de luz se hizo muy grande, como abarcando más zonas de Dublín y atraía a muchas almas que estaban ahí. Fue como una limpieza enorme de la ciudad.

Manuel, que estaba en Tandil, Argentina, al final dijo: “Llegué al lugar, fui con mi Maestro que me hizo poner una capa, me dijo que la use en todos los psicopompos. El parque lo veía cubierto de una bruma negra y no veía absolutamente nada, mi Maestro me decía que no baje al piso. Empecé a pedir ayuda, vi que apareció Anubis desde el este y se formó la luz, pero igual no subía ningún alma, y apareció un ser femenino que empezó a dar vueltas alrededor de la luz disipando esa bruma para permitir que las almas empiecen a subir. Y empezaron a subir desde abajo de la tierra y después empecé a ver que venían muchísimos de todas las direcciones, cientos y cientos. Se me venían muchas escenas de guerra, de diferentes épocas, veía gente de diferentes épocas. Era re poderoso, el cuerpo físico en la manta me vibraba. En un momento, en la luz empecé a ver que caían rayos, era todo demasiado potente y vi que subieron un montón. Lo vi a Anubis enganchando muchas almas con el bastón y subiéndolas, como apurando la situación. Todo el tiempo me hicieron quedar alrededor de la luz haciendo fuerza para que suban, hasta que vi que la zona quedó bastante más tranquila y me volví. Le pregunté a mi Maestro si faltaba y me dijo que en esa zona había que hacer un psicopompo más y que después había que empezar a hacer más al norte.”

Agustín, desde La Plata, Argentina relató: “Cuando llegué el túnel estaba ya formado y expandido, había muchas almas subiendo. Empecé a tocar el tambor y apareció una presencia femenina que me dio como un amuleto grande, dorado, me dijo que lo use para atraer a las almas y empujarlas. Me mandó a un pueblo por ahí, me hacía meter en las casas y romper el piso, y salían un montón de almas que estaban enterradas abajo de las estructuras de las casas, eso lo hice un par de veces. Después de eso me metí en una cueva donde tuve que hacer lo mismo pero era una cosa mucho más grande y ahí subieron un montón de almas. Cuando volví al sitio de encuentro ya estaba todo bastante más calmo, aunque tuve la sensación de que faltaba un poco más.”

Finalmente, Andrea, el italiano, comentó: “He llegado al lugar y he pedido que bajara la luz del mundo de los muertos de arriba. Lo pedí varias veces hasta que vi que se formaba un tubo de luz en un lateral del parque. Le pedí ayuda a Anubis hasta que vi que llegó y empezó muy rápido a levantar muchas almas, moviendo mucha energía. Desde el primer momento he notado que había una energía de mucho sufrimiento, ha sido bastante duro el trabajo para mí. Empecé a pedir a todas las almas que estaban ahí atrapadas que fuesen hacia la luz. He visto un grupo de mujeres con niños que estaban muy asustadas, no querían ir, hasta que empecé empujar y vi que iban subiendo hacia la luz. Desde varios lados empezaban a ir hacia la luz. En el lugar veía una energía de sufrimiento, como que habían torturado gente, o quemado o ahorcado. Ha sido muy duro a nivel energético, había mucha tristeza y me estaba atrapando, hasta que pedí la ayuda de mi animal de poder que me ha sacado de ahí y me ha llevado a otro sitio. Desde ahí, he empezado a soplar fuerte, a pedir a todas las almas que estaban ahí que subieran a la luz, soplaba también físicamente en la manta. Había un Maestro del Mundo Superior -que no era el mío- que estaba ayudando en el trabajo e iban subiendo muchas almas. Lo que más me impactaba era la energía que había, de sufrimiento, de torturas. El animal de poder en un momento me llevó a un árbol, bajé al Mundo Inferior desde ahí y me hizo un desmembramiento muy rápido. Volví y la luz ya no estaba, había calma.”

El psicopompo duró unos treinta minutos aproximadamente, y fue muy efectivo porque al final no había quedado ninguna alma en el lugar y todo parecía con luz y paz. Si bien no fueron celtas los que subieron en esta ocasión, y ese era el objetivo del viaje, se pudo ayudar a esas almas que estaban ahí desde hacía mucho tiempo.

El sábado 3 de junio por la tarde tenía mi vuelo de regreso a Madrid. Como tenía que hacer tiempo luego de desayunar en el hotel salí a caminar; el hotel está a dos cuadras de la catedral de San Patricio. En esa plaza hay una placa que dice que ahí o muy cerca de ahí San Patricio bautizó a los habitantes originarios de la zona; imagino que el cartel se refiere a los celtas. Imagino también que los celtas no deseaban recibir eso que San Patricio quería imponerles. Y lo que imaginaba parecía bastante real.

Un día antes fui a la catedral de San Patricio y trate de pedir ayuda al espíritu de ese lugar para el trabajo de los psicopompos con los celtas, pero para mi sorpresa, una voz muy clara me dijo: «no, porque no son cristianos». Me quedé helado.

Esa mañana del 3 de junio paso caminando por la catedral y luego por el parque que está pegado a la iglesia en dirección al centro de Dublín, solo para ver vidrieras y hacer tiempo. Pero no pude llegar a ningún lado; a los metros de pasar por el parque de San Patricio comienzo a sentir que me seguían muy de cerca algunas almas. Al principio no le di atención porque pensé que era sugestión mía, hasta que uno, y era celta, se me puso delante de mí y me dijo: «queremos subir ahora»; yo dejé de caminar y me quedé parado en el medio de la vereda. Como tenía los anteojos de sol pude cerrar los ojos y tratar de verlos. Ahí estaban, era decenas de celtas. Les dije que era imposible hacerlo, que ya me iba, y me respondieron: «en el parque, ahora». Imaginen la situación por favor. Evidentemente sabían que yo me iba en unas horas y no querían esperar hasta mi próximo viaje. Me di vuelta y regresé al parque; busqué un lugar donde ubicarme en el cesped, me puse los auriculares, los anteojos de sol, me acosté y comencé a llamar a Anubis para que me ayudara.

Pedí que bajara la luz del Mundo de los Muertos y se hizo un tubo de luz y se ubicó en el centro de la plaza; fue todo como muy rápido. Empecé a llamar a esos celtas que estaban cerca y para mi sorpresa comenzaron a aparecer muchas mujeres celtas, con niños. Las veía con la ropa antigua y tenían trenzas. Muy tristes estaban pero iban subiendo a la luz. También comencé a ver hombres celtas que se acercaban y subían a la luz desapareciendo hacia arriba. Varios se acercaron con hachas y palos y los iban dejando antes de subir. Subieron más de cien, según fui contando. Pero en un momento veo que desde la catedral salen algunos monjes, que obviamente eran almas que moraban en ese lugar y les dije que subieran. En ese momento me mostraron el odio que le tenían a los celtas y como que ellos no iba a subir con ellos. Les dije que la luz era para todos y que arriba la diferencia no importaba. Subieron tres monjes. Yo seguí haciendo subir a los que aparecían, pero en un momento Anubis me levanta de ahí y me lleva como encima del río que parte la ciudad de Dublin a la mitad; me hace meter en el río y comenzar a sacar a muchas almas que estaban ahí; las fui llevando hasta la luz y subían. Esto lo realicé varias veces. Al final quedó todo más limpio y ya no veía celtas por ningún lado. Me saqué los auriculares, me levante y me prendí un cigarro. Yo no podía creer lo que había pasado y es muy difícil contarlo y explicarlo. Después que me fumé el cigarro volví al hotel a acostarme una media hora antes de que tuviera que salir hacia el aeropuerto. Me recosté en la cama e inmediatamente aparecieron al pie de la cama dos almas. No eran celtas, eran ingleses; eran esos nobles que habían aparecido en Madrid. Les pregunté si eran ellos y me dijeron que sí. Yo ya no daba más, sólo quería irme. Pero me dijeron en tono imperativo: «tenes que volver acá y después a Inglaterra; nosotros queremos sanar lo que generamos durante tantos años de guerra». Yo le dije que iba a volver pero que debían pagar todos los gastos porque Irlanda e Inglaterra son caros. Me dijeron que ellos iban a pagar todo. Pero me pidieron que les firmara un compromiso de volver, a lo que les dije que no, que mi palabra bastaba. No me creyeron y siguieron insistiendo en que firmara, a lo que me opuse reiteradas veces y no lo hice. Al final se fueron pero disconformes. Yo me quedé helado con la situación; no podía creer tremendo nivel de presión.

Me levanté de la cama y me fui al aeropuerto para volver a Madrid. A diferencia de la ida a Dublín, el regreso no fue el mismo; sentía como si no me dejaran ir. Y hasta en el aeropuerto, los de la aerolínea low cost me quisieron sacar la mochila chamánica que llevaba porque, según ellos, excedía el volumen permitido, y me hicieron pagar 60 euros. El avión salió con una hora de retraso. El taxi en Madrid se confundió de lugar para llegar a la casa de Pilar; todo extraño pero llegué salvo (sano no, porque me habían robado una parte de mi alma, los ingleses). En Buenos Aires pude recuperarme la parte robada y entendí que el método que aplicaron para que se hicieran los trabajos más adelante no fue bueno pero los comprendo en su necesidad y apuro. A fines de octubre continuará el trabajo en Irlanda.

Más allá de este final, este primer trabajo de psicopompo en Dublín cumplió su objetivo, que era llevar hasta la luz a todas las almas de los celtas que se le habían aparecido a Marina un tiempo antes, y que en verdad eran muchas. Pero falta mucho trabajo por hacer.

Bendiciones para tod@s los que participaron.

Martín Armando

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